Jancee Dunn - The New York Times
Tengo una conocida a la que sigo desde hace años en las redes sociales, aunque muchas de sus publicaciones despiertan mi envidia: siempre parece estar de vacaciones en algún destino tropical. ¿A cuántas playas puede ir una persona?
Cuando le mostré a mi esposo su última foto desde las dunas, me sugirió dejar de seguirla.
—“No es tan fácil”, le respondí.
—“En realidad sí lo es”, insistió.
La envidia, ese sentimiento que aparece cuando percibimos que alguien está mejor que nosotros, es una emoción humana frecuente, explica Robert Leahy, director del Instituto Estadounidense de Terapia Cognitiva y profesor de psicología en el Weill Cornell Medical College. “Muchas veces se mezcla con vergüenza y culpa”, señala.
“En la psicología popular suele decirse que no deberíamos sentir envidia, pero eso es absurdo: somos humanos”, agrega.
Según Leahy, la envidia suele confundirse con los celos, aunque no son lo mismo. Los celos aparecen cuando percibimos una amenaza a nuestras relaciones, mientras que la envidia surge cuando sentimos que está en juego nuestra posición social. Aunque puede provocar resentimiento o sensación de derrota, también puede convertirse en una fuente de motivación personal.
Entonces, ¿cómo lograr que la comparación social trabaje a nuestro favor? Consultamos a varios expertos en salud mental.
Reconocer la envidia para gestionarla
Cuando aparece una oleada de envidia, el primer paso es reconocerla, dice Leahy. “Darle espacio y notar cuándo surge ayuda a no temerle”.
Sentir envidia de un amigo no invalida otras emociones. “Podés querer a alguien, valorar lo que hace por vos y, al mismo tiempo, envidiarlo”, aclara.
No conviene reaccionar de forma impulsiva, recomienda Manuel González, profesor adjunto de psicología en la Universidad Estatal de Montclair. En cambio, sugiere analizar qué aspectos de la propia vida quedan expuestos cuando surge la comparación.
Usar esa información permite clarificar deseos, metas y ambiciones. Preguntas clave son: ¿por qué envidio a esta persona? ¿Qué puedo aprender de ella? ¿Cómo podría mejorar mi propia situación?
En el caso de la amiga amante de la playa, González ayudó a descubrir que la envidia no se debía al sol, sino al tiempo libre, al ocio y a la vida familiar que parecía priorizar. Quizás, concluyó, eso señalaba la necesidad de tomar más vacaciones o reorganizar prioridades.
Combatir la envidia cultivando la gratitud
Cuando surgen pensamientos envidiosos, reconocelos sin dejarte dominar, aconseja Leahy. “Pensá en la envidia como una llamada para venderte algo: podés atenderla… o colgar”.
Una herramienta poderosa es practicar la gratitud, afirma Christine Harris, profesora de psicología en la Universidad de California en San Diego. “Es difícil experimentar envidia y gratitud al mismo tiempo”.
Hacer una lista de aquello que valorás en tu vida puede ayudar a equilibrar la balanza emocional. “La envidia te vacía; la gratitud te llena”, resume Leahy.
Además, la investigación sugiere que la envidia disminuye con la edad: los adultos jóvenes tienden a sentirla con mayor intensidad que las personas mayores.
Sin embargo, si la envidia provoca tristeza, enojo, estrés, aislamiento social o interfiere en la vida diaria, los especialistas recomiendan buscar ayuda psicológica profesional.