Redacción El País
Hoy es el Día Internacional del Abrazo, fecha ideal para recordar que no todos los abrazos son iguales ni producen el mismo efecto. La ciencia es clara: los abrazos prolongados, conscientes y sinceros activan la oxitocina, la hormona del apego y la calma. No se trata del gesto automático ni del compromiso social, sino del contacto que transmite seguridad, presencia y afecto real.
Un abrazo de más de veinte segundos reduce el estrés, regula el sistema nervioso y refuerza el vínculo. A veces, en silencio, sin palabras ni consejos. En tiempos de velocidad y distancia emocional, el abrazo sigue es un lenguaje primario: no resuelve todo, pero sostiene. Y eso, muchas veces, es lo que más falta.
Los abrazos que más oxitocina generan, según estudios en neurociencia afectiva y psicología del vínculo:
1. El abrazo prolongado (más de 20 segundos). Es el más potente. A partir de los 20–30 segundos, el cuerpo reduce el cortisol (estrés) y aumenta la oxitocina, la llamada hormona del apego y la calma.
2. El abrazo de pecho a pecho. Cuando hay contacto en el área del corazón y el tórax, el sistema nervioso interpreta seguridad y pertenencia.
3. El abrazo consciente. Sin apuro, sin celular, sin tensión. Estar presente, respirar y sostener. La oxitocina responde mucho más a la intención que a la fuerza.
4. El abrazo con balanceo suave. Mecer levemente activa memorias tempranas de cuidado (como cuando se calma a un bebé), lo que potencia la liberación hormonal.
5. El abrazo con contacto facial o mejilla. Apoyar la cara o la mejilla en el otro refuerza la sensación de intimidad y confianza.
6. El abrazo de reencuentro o despedida sentida. Cuando hay emoción genuina (alegría, alivio, cariño), el cerebro libera más oxitocina que en abrazos automáticos.
7. El abrazo de contención (en silencio). No hablar, no dar consejos. Solo sostener. Es uno de los más reguladores del sistema nervioso.
Un dato clave: La oxitocina no se activa igual con cualquiera: se libera más cuando hay confianza, afecto real, sensación de seguridad. Y por eso un abrazo sincero puede calmar más que muchas palabras.