Micaela Beker y Tomás Consolandich ya tenían el título de psicólogos y se pusieron a trabajar, cada uno por su lado. Habían sido compañeros de clase, por lo que les resultaba bastante natural mantener el contacto luego de egresar de la vida académica y empezar la profesional. Pero hace unos años, dejaron lo estrictamente clínico para abordar la profesión desde otro lugar, uno más oblicuo: el de los emprendedores.
En 2023, los dos fundaron Pacto, un servicio que conecta a quienes necesitan de algún acompañamiento terapéutico con, justamente, acompañantes profesionales. Y aunque muchos puedan pensar en un servicio de acompañantes para mayoritariamente adultos mayores, lo cierto es que Pacto atiende más que nada a un universo infantil y juvenil.
Para Consolandich, el cambio fue bienvenido: “Desde siempre trabajé mucho desde la grupalidad, desde que soy adolescente que participo en instancias de recreación. Hoy también soy terapeuta y coordino espacios grupales. Me gusta mucho el trabajo con grupos. Entonces, si bien no hacemos el seguimiento más mano a mano con los acompañantes, trabajo en las reuniones de supervisión con los coordinadores”. Para Beker, el camino fue ligeramente distinto: “Fue un desafío adoptar como otra mirada, bien distinta a lo que es nuestra carrera. Bien distinta en el sentido de que nos tenemos que acercar a una mirada más empresarial, algo que un poco escapaba nuestro conocimiento. Pero si hay algo que entiendo que es nuestro fuerte es que siempre pudimos armar equipos, supimos cómo solicitar ayuda cuando lo necesitamos”.
—¿Cómo funciona Pacto?
—Beker: Lo primero es que recibimos la solicitud de una familia, que a veces llega o por medio de una institución del niño o de una clínica. Puede ser un niño o un adolescente.
—Consolandich: Para acompañar a niños, por ejemplo, dentro del espectro autista o con síndrome de Down, o trastornos de conducta en el ámbito educativo. Pero también es cierto que cada vez se trabaja más con adultos con adicciones o patologías mentales que generan cierta disfuncionalidad, como esquizofrenia o depresión.
La otra parte es la de los acompañantes terapéuticos, que son coordinados por la dupla de Pacto. Ellos armaron una base de datos que cotejan con los pedidos de acompañamiento.
Según Beker, ellos constituyen “una suerte de red, y vinculamos a lo que se solicita por parte de una familia o individuo a un acompañante. Todavía es una idea relativamente nueva, porque muchas veces cuesta como entender que no se están comunicando directamente con el o la acompañante, sino con nosotros. En base a las características de las necesidades que nos cuentan del niño, recurrimos a nuestra base de datos. Luego hacemos muchas entrevistas y finalmente ‘matchear’ el perfil que nos parezca más adecuado para el caso que nos llegó con solicitud”.
En la actualidad, Pacto atiende a un universo de 45 casos luego de un proceso de sostenido crecimiento. “Con Micaela fuimos evaluando ese proceso y llegamos a un nivel en el cual armamos un equipo para poder con todo. Hoy tenemos un equipo de siete coordinadores que son psicólogos y una psicopedagoga egresada. No somos solo nosotros dos”, comenta Consolandich, quien siempre recalca el valor que tiene para él el trabajo en grupo.
Beker, por su parte, sostiene que más allá de que hoy tienen que cumplir más roles que el de terapeutas clínicos, no han perdido el vínculo con su primera vocación, sino que lo sostienen desde otro lugar. “Tenemos un contacto muy frecuente con los acompañantes, pero también con los niños. Hacemos seguimiento de todos los procesos y allí donde amerita hacerlo, aconsejamos sobre qué estrategia usar. También tenemos un contacto directo con las familias y las apoyamos en todo lo que podamos y necesiten”, finaliza y agrega que se puede contactar a Pacto a través de Instagram.