The Conversation
Cuando los sobrevivientes de traumas relatan sus experiencias, a menudo son cuestionados debido a la forma en que cuentan sus historias. Pueden tener dificultades para recordar lo que sucedió, o sus recuerdos pueden estar confusos o incluso ser contradictorios. Las personas que escuchan esas historias —abogados, periodistas, profesionales de la salud o amigos— esperan una narrativa más clara y lineal.
Quien no ha pasado por un trauma también puede sorprenderse al escuchar cómo actuó la persona en ese momento. Es fácil suponer que alguien que atraviesa un evento traumático tendría una reacción de "lucha o huida", luchando instintivamente contra el agresor o huyendo del lugar, pero puede que no sea así.
Comprender la ciencia detrás de cómo el trauma afecta la memoria y el comportamiento revela por qué esas reacciones pueden, en realidad, ser esperables y no son contradictorias.
Tanto en mi trabajo académico como clínico como psicóloga, he sido testigo del impacto que el trauma tiene en los recuerdos y comportamientos de las personas, especialmente cuando un evento en su vida actual despierta algo de su pasado.
Las investigaciones muestran que adoptar un enfoque informado sobre el trauma, que prioriza la comprensión y la curiosidad por la experiencia de alguien en lugar del juicio o la evaluación crítica, aumenta la empatía hacia los pensamientos, sentimientos y comportamientos de los sobrevivientes.
Cómo el trauma afecta al cerebro
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 70% de las personas en todo el mundo reportan haber pasado por un evento traumático a lo largo de su vida. La mayoría de esas personas no desarrolla Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), un diagnóstico clínico de síntomas como tener pesadillas y flashbacks sobre el evento, evitar lugares que recuerden lo ocurrido y presentar un aumento de la agitación, lo que puede dificultar la concentración y el sueño.
Muchos sobrevivientes no cumplen con los criterios para el TEPT, pero luchan contra sentimientos de angustia, depresión o ansiedad.En situaciones traumáticas, las personas a menudo reaccionan de maneras inesperadas y pueden cuestionar sus propias reacciones. Esto puede ocurrir especialmente cuando alguien pasa por un trauma repetido, lo cual es bastante probable, dada la frecuencia con la que las personas vivencian eventos traumáticos.
El trauma también distorsiona la forma en que se almacenan y recuperan los recuerdos. Las investigaciones indican que las personas vivencian los recuerdos traumáticos de manera diferente a los recuerdos de otros eventos significativos, como experiencias tristes o positivas. Dos de las principales estructuras cerebrales que, según los científicos, están involucradas en el almacenamiento de recuerdos traumáticos son el hipocampo —responsable del almacenamiento de la memoria— y la amígdala, encargada del procesamiento de las emociones.
Durante un trauma, la amígdala se vuelve altamente activa, procesando emociones como el miedo, y el hipocampo se ve sobrecargado por el estrés, lo que lleva a problemas en el almacenamiento de la memoria.
Los recuerdos traumáticos no siguen una narrativa clara y lineal. En cambio, las personas pueden experimentar el recuerdo como fragmentos desconectados de sensaciones, emociones, olores o imágenes. Tales recuerdos hacen que el cuerpo reviva la amenaza pasada como si estuviera ocurriendo en el momento. Esto puede hacer que la persona sienta ganas de huir o de contraatacar —huida o lucha— o puede quedar paralizada.
En otras palabras, las personas no tienen la perspectiva distanciada que suelen sentir con otros recuerdos del pasado. En cambio, pueden sentir que están reviviendo la experiencia original.
Interpretación errónea de los comportamientos
Con este entendimiento, consideremos a alguien que sufre un trauma a manos de un profesional durante una consulta. Esta persona puede parecer calmada externamente mientras esto sucede y, luego, salir de la sesión como haría normalmente —despedirse, efectuar el pago y posiblemente incluso agendar la siguiente consulta. Aunque su reacción de actuar con normalidad pueda parecer extraña, tal comportamiento tiene sentido para alguien que está intentando escapar de una amenaza.
Las respuestas de lucha, huida o parálisis se han vuelto ampliamente conocidas en la cultura popular. En una respuesta de parálisis, la mente de la persona se queda en blanco y puede ser incapaz de hablar, llevando a un comportamiento del tipo "ciervo frente a los faros".
Por otro lado, una persona puede actuar de forma paradójica —quizás continuando su día como si nada hubiera pasado. Puede no reportar el evento o incluso cuestionar si el incidente realmente ocurrió. Esto representa otra respuesta de supervivencia: la menos conocida "respuesta del cervatillo". Esta forma de afrontar el estrés ocurre cuando alguien actúa con calma, apacigua a la persona amenazante y se aleja para calmar la situación.
En lugar de retroceder literalmente, en este ejemplo, la persona retrocede metafóricamente al concluir la sesión y salir según lo esperado, sin más conflictos. Las personas externas pueden interpretar erróneamente estos comportamientos como evidencia de que un trauma no ocurrió realmente o de que un sobreviviente carece de credibilidad. Pero esta lógica refleja conceptos erróneos comunes sobre cómo las personas "deberían" recordar o reaccionar ante un trauma.
Si esa fue la primera experiencia de la persona con una situación traumática, después de eso es probable que se sienta con miedo, desorientada o en estado de hipervigilancia. Sin embargo, si ya ha pasado por experiencias similares anteriormente, este escenario puede despertar recuerdos del pasado en ese momento. Esto puede confundir aún más la experiencia, dificultando el recuerdo posterior del incidente, especialmente en circunstancias estresantes.
Cuando una sobreviviente relata un incidente y, finalmente, testifica contra alguien que la agredió, la recuperación de la memoria puede verse afectada de manera singular. La mayoría de las personas en esa situación estaría bajo alto estrés, especialmente si el agresor estuviera en la sala.
Para empeorar la situación, la sensación de que el recuerdo evocado realmente está ocurriendo en el momento presente —y no en el pasado— puede hacer que la sobreviviente relate una historia más fragmentada. También puede tener una experiencia emocional más intensa o más distanciada, dependiendo de sus propias respuestas al trauma.
Los profesionales del derecho y de otras áreas que no estén al tanto de la variedad de respuestas naturales al trauma pueden interpretar fácilmente estos comportamientos como señales de mentira o simulación. En realidad, el porcentaje de personas que denuncian falsamente agresión sexual, por ejemplo, es bajo —entre el 2% y el 10%.
Ofreciendo un mejor apoyo
Las investigaciones muestran que las personas que comprenden mejor los matices del trauma y la salud mental son, a su vez, más empáticas con los sobrevivientes. Algunos entornos de salud han adoptado un enfoque informado sobre el trauma para prevenir la revictimización y promover la seguridad. Los estudios demuestran que incluso prestar atención a la elección de palabras puede ayudar a garantizar una atención eficaz a los pacientes, evitando la culpabilización de la víctima.
Un enfoque informado sobre el trauma también puede mejorar los sistemas jurídico y de justicia para que las víctimas reciban mejor apoyo. Esto incluye comprender por qué los relatos no son lineales y no equiparar las inconsistencias en la memoria con mentiras.
Las investigaciones también muestran que las respuestas informadas sobre el trauma son igualmente importantes en las relaciones cotidianas. En amistades y relaciones íntimas o en el ámbito laboral, la paciencia y la empatía transmiten una sensación de respeto, seguridad y confiabilidad. Esto ofrece una base sólida para relaciones sociales y profesionales positivas, lo que puede disminuir el sufrimiento de un sobreviviente y apoyar su recuperación.
Cuando las personas tienen una mayor comprensión de cómo el trauma afecta al cerebro, entienden mejor cómo los sobrevivientes piensan, actúan y procesan sus recuerdos. Lo que a primera vista parece confuso o inconsistente es, en realidad, un comportamiento que se deriva lógicamente de un cerebro traumatizado.
Tener una perspectiva informada sobre el trauma ayuda a las personas a ser mejores amigos, compañeros de trabajo y profesionales. Por extensión, actuar a partir de esta conciencia puede incluso ayudar a los sobrevivientes a comprender sus propias reacciones y experiencias, lo que, en última instancia, puede contribuir a su recuperación y a su capacidad para llevar una vida plena.