Apuestas online: por qué el cerebro adolescente es más vulnerable al riesgo de desarrollar una adicción

Las plataformas digitales explotan los circuitos de recompensa del cerebro y favorecen conductas adictivas en adolescentes, una población especialmente vulnerable por su etapa de desarrollo.

Adolescentes celular
Chicas jóvenes usan sus celulares.
Foto: Freepik.

Hace algunos años, apostar se asociaba a un casino, hipódromo o, como mucho, a una agencia de quiniela. Había que trasladarse, ser mayor de edad y atravesar ciertas barreras para acceder. Hoy todo eso cambió. El casino cabe en un bolsillo o palma de una mano. Está disponible las 24 horas, a un clic de distancia y, muchas veces, disfrazado de entretenimiento.

Las apuestas online se convirtieron en una de las mayores preocupaciones de salud mental entre adolescentes y adultos jóvenes. Ya no hablamos solamente de juegos de azar tradicionales.

Hablamos de plataformas que aparecen durante un partido de fútbol, de publicidades protagonizadas por deportistas admirados, de influencers que muestran supuestas ganancias y de videojuegos donde la lógica de la recompensa es casi idéntica a la del juego por dinero.

Las cifras muestran que ya no se trata de un fenómeno aislado. Según el informe Kids Online Argentina 2025 de UNICEF, uno de cada cuatro adolescentes argentinos ya apostó alguna vez por internet y la puerta de entrada ocurre alrededor de los 13 años. El fútbol es el principal escenario de inicio, impulsado por la publicidad durante las transmisiones y por el acceso cada vez más fácil a billeteras virtuales.

El mensaje que reciben los adolescentes es peligroso: ganar dinero puede ser fácil, rápido y hasta divertido.

Otra versión.

La neurociencia nos muestra otra realidad. La adolescencia es una etapa extraordinaria del desarrollo cerebral. Sin embargo, también es un período de enorme vulnerabilidad. El cerebro todavía está en construcción. La corteza prefrontal, la región encargada de planificar, controlar impulsos, anticipar consecuencias y tomar decisiones racionales, continúa madurando hasta aproximadamente los 27 años. En cambio, el sistema de recompensa, impulsado principalmente por la dopamina, es especialmente sensible durante esta etapa. En otras palabras, el cerebro adolescente busca intensidad, novedad y gratificación inmediata mucho antes de desarrollar plenamente la capacidad de autocontrol.

Plataforma de apuestas online ilegal en Uruguay.
Plataforma de apuestas online ilegal en Uruguay.
Foto: Estefanía Leal.

Las plataformas de apuestas conocen perfectamente este funcionamiento. No fueron diseñadas solo para entretener: sino para mantenerte jugando.

Cada apuesta activa los circuitos de recompensa del cerebro. Cuando existe la posibilidad de ganar, incluso antes de conocer el resultado, aumenta la liberación de dopamina, el neurotransmisor relacionado con la motivación y la expectativa. Curiosamente, el cerebro responde con mayor intensidad cuando la recompensa es impredecible. Es el mismo mecanismo conocido como “refuerzo de razón variable”, uno de los sistemas de aprendizaje más potentes descritos por la psicología conductual.

No ganar siempre mantiene viva la esperanza de que el próximo intento sea el definitivo. Y ese es justamente el combustible de la adicción.

Las investigaciones muestran que los patrones cerebrales observados en personas con ludopatía presentan muchas similitudes con los encontrados en otras adicciones conductuales y en el consumo de sustancias. El deseo intenso, la pérdida de control, la necesidad de apostar cantidades cada vez mayores y la dificultad para detenerse forman parte del mismo circuito neurobiológico.

Lo preocupante es que, en adolescentes, este proceso puede instalarse mucho más rápido. Además del desarrollo cerebral, hay otro ingrediente: la construcción de identidad. En esta etapa la opinión del grupo pesa enormemente. Si todos los amigos apuestan durante un partido, participar deja de sentirse como un riesgo y comienza a vivirse como una forma de pertenecer. El problema es que lo que empieza siendo una actividad social puede transformarse en una conducta compulsiva.

La evidencia internacional ya encendió las alarmas. Diversos estudios muestran que comenzar a apostar antes de los 18 años aumenta significativamente el riesgo de desarrollar problemas de juego en la adultez. Además, quienes presentan síntomas de ansiedad, depresión, impulsividad o TDAH constituyen una población especialmente vulnerable.

Apuestas online
Apuestas online clandestinas crecen en Uruguay.
Foto: Estefanía Leal/El País.

Las consecuencias tampoco se limitan al dinero perdido. Empiezan a aparecer mentiras para ocultar las apuestas, cambios de humor, irritabilidad, dificultades para dormir, bajo rendimiento académico, conflictos familiares, aislamiento y, en algunos casos, endeudamiento importante. Cuando las pérdidas económicas aumentan, aparece una trampa psicológica muy frecuente: apostar para recuperar lo perdido. Paradójicamente, esa estrategia profundiza el problema.

Alerta.

Otro aspecto preocupante es la enorme normalización social. Las casas de apuestas patrocinan clubes, aparecen durante las transmisiones deportivas, ocupan espacios publicitarios permanentes y utilizan un lenguaje asociado al éxito, la inteligencia y la emoción. Para muchos adolescentes ya no existe una diferencia clara entre mirar un partido y recibir decenas de invitaciones para apostar sobre él.

La publicidad no vende solamente una plataforma. Vende una ilusión de control.

Hace creer que conocer de fútbol, seguir estadísticas o entender un deporte permite reducir el azar. Sin embargo, el cerebro tiende a sobreestimar su capacidad para predecir resultados inciertos, un fenómeno ampliamente estudiado en psicología conocido como “ilusión de control”. Esa percepción falsa hace que muchas personas crean que la próxima apuesta dependerá más de su habilidad que del azar.

Un relevamiento realizado por Cruz Roja Argentina en 2025 mostró que seis de cada diez adolescentes están expuestos al fenómeno de las apuestas online, ya sea porque apuestan directamente o porque forman parte de grupos de amigos donde hacerlo es habitual. Es decir, incluso quienes todavía no juegan conviven diariamente con una práctica que comienza a percibirse como algo normal.

Uruguay tampoco permanece ajeno a esta realidad. Aunque existen menos estudios epidemiológicos que en Argentina, los organismos públicos y especialistas en salud mental vienen alertando sobre un crecimiento sostenido de las apuestas digitales entre jóvenes, favorecido por el uso masivo de teléfonos inteligentes y la publicidad asociada al deporte. El país cuenta con un sistema estatal de regulación de los juegos de azar a través de la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas, pero el desafío trasciende el juego tradicional: muchas plataformas digitales operan desde el exterior y circulan con facilidad en redes sociales y aplicaciones utilizadas por adolescentes.

Qué hacer

Hay que comprender que prohibir sin dialogar rara vez alcanza. Muchos adultos desconocen cómo funcionan estas aplicaciones. Algunos minimizan el problema porque creen que “solo juegan unos pesos”. El verdadero riesgo no está únicamente en el monto apostado sino en el hábito que se instala. Hay que hablar del tema antes de que aparezca el problema. Preguntar con curiosidad, sin juzgar. Conocer qué videojuegos utilizan, qué influencers siguen, qué publicidad reciben y si dentro de su grupo de amigos existen apuestas informales.

También es fundamental establecer límites claros respecto del acceso al dinero digital, supervisar los métodos de pago y acompañar el uso de dispositivos, especialmente durante la adolescencia temprana. Y, sobre todo, ofrecer alternativas reales de gratificación. El deporte, la música, el arte, las actividades sociales presenciales y cualquier experiencia que genere placer sin depender de una recompensa inmediata fortalecen circuitos cerebrales mucho más saludables. Si aparecen cambios bruscos de conducta, ocultamiento, gastos inexplicables, irritabilidad cuando no pueden conectarse o una preocupación excesiva por recuperar dinero perdido, es importante consultar tempranamente con un profesional de la salud mental. Cuanto antes se intervenga, mejores son las posibilidades de recuperación.

Las apuestas online son uno de los desafíos más complejos de esta generación porque combinan tecnología, publicidad, neurociencia y vulnerabilidad en una mezcla muy poderosa. No estamos frente a jóvenes con poca voluntad. Estamos frente a cerebros en desarrollo expuestos a plataformas diseñadas para captar su atención y mantenerlos jugando. La conversación que creen que puede esperar, probablemente sea la más urgentes de nuestro tiempo.

Tal vez el mayor error sea pensar que el problema empieza cuando un adolescente pierde mucho dinero; comienza mucho antes: cuando aprende a asociar la diversión con el riesgo, el deporte con las apuestas y la recompensa inmediata con la felicidad. La respuesta debe ser colectiva: familias que conversen, escuelas que eduquen, Estados que regulen y plataformas que asuman su responsabilidad. Cuando el juego deja de ser un juego, termina apostándose algo mucho más valioso que el dinero: la salud mental, el proyecto de vida y el futuro de una generación.

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