Redacción El País
Un nuevo estudio científico aporta una buena noticia en tiempos de comestibles ultraprocesados y dietas ricas en grasa y azúcar: el ejercicio físico regular puede ayudar a contrarrestar los efectos negativos de una dieta nociva sobre el estado de ánimo.
Investigadores de la University College Cork identificaron los mecanismos biológicos que explican por qué la actividad física logra atenuar conductas asociadas a la depresión, aun cuando la alimentación no es la ideal. El trabajo muestra que correr de forma voluntaria tuvo un efecto similar al de un antidepresivo, incluso en contextos de mala calidad nutricional.
Ejercicio, cerebro y bienestar emocional
El estudio comparó animales con una dieta equilibrada y otros expuestos a una dieta tipo “cafetería”, rica en grasas y azúcares, con y sin acceso a ejercicio. Los resultados fueron claros: el ejercicio mejoró el comportamiento emocional, redujo señales asociadas al bajo estado de ánimo y mostró efectos positivos sobre la ansiedad, independientemente del tipo de dieta.
Además, se observaron mejoras leves en funciones cognitivas como la orientación espacial, lo que refuerza la idea de que moverse beneficia no solo al cuerpo, sino también al cerebro.
El rol del intestino y la microbiota
Uno de los hallazgos más interesantes está en el intestino. Las dietas occidentales alteraron de forma marcada el metabolismo intestinal, modificando sustancias producidas por la microbiota que influyen en el estado de ánimo. El ejercicio ayudó a restaurar parcialmente ese equilibrio, recuperando metabolitos vinculados al bienestar emocional.
Esto refuerza el creciente interés científico en el eje intestino-cerebro, una vía clave que conecta lo que comemos, cómo nos movemos y cómo nos sentimos.
Cambios hormonales que explican el efecto protector
La investigación también mostró que el ejercicio ayuda a normalizar hormonas metabólicas alteradas por una mala alimentación, como la insulina y la leptina, ambas relacionadas con el control del apetito, el peso corporal y la salud mental.
En paralelo, se detectaron ajustes en otras hormonas digestivas que parecen actuar como mecanismos compensatorios cuando la dieta es deficiente, lo que sugiere que el cuerpo intenta proteger su equilibrio interno a través del movimiento.
Una advertencia clave: la dieta también importa
Aunque el ejercicio mostró beneficios claros sobre el estado de ánimo, el estudio advierte que una dieta poco saludable puede limitar algunos efectos profundos del movimiento, como la neurogénesis en el hipocampo, una región cerebral central para la memoria y la regulación emocional.
En otras palabras: moverse ayuda mucho, pero comer mejor potencia aún más esos beneficios, especialmente a nivel cerebral.
Qué nos deja este hallazgo
Los resultados aportan una base biológica sólida para algo que muchas personas experimentan en la vida cotidiana: hacer ejercicio mejora el ánimo, incluso cuando cambiar la dieta resulta difícil. También abre nuevas líneas de investigación sobre cómo ciertos metabolitos intestinales podrían convertirse en futuros biomarcadores o aliados terapéuticos en los trastornos del estado de ánimo.
En un contexto donde el estrés, la mala alimentación y el sedentarismo son moneda corriente, este estudio refuerza un mensaje clave de salud pública: el ejercicio sigue siendo una de las herramientas más accesibles y eficaces para cuidar la salud mental.