Redacción El País
Quedarse despierto después de medianoche no solo altera el sueño: también cambia la forma en que el cerebro humano procesa las emociones y toma decisiones. Así lo plantean investigadores de Harvard, Arizona y Pensilvania, en un estudio publicado en Frontiers in Network Physiology, donde proponen la hipótesis “La mente después de medianoche”. Según los científicos, en esas horas el organismo está biológicamente orientado al descanso, no al razonamiento, y eso provoca un estado mental más impulsivo y negativo.
El trabajo advierte que entre la medianoche y las seis de la mañana aumentan las conductas de riesgo, desde el consumo de sustancias hasta los atracones de comida o los episodios de autolesión. En ese lapso, explican los autores, el cuerpo se encuentra fatigado y el reloj biológico favorece la inestabilidad emocional, lo que reduce la capacidad de autocontrol. “El cerebro simplemente no está preparado para funcionar con normalidad después de medianoche”, resume el informe.
Un cerebro saturado y emocionalmente vulnerable
Los investigadores describen que la vigilia nocturna —ya sea por insomnio, trabajo o hábito— activa un circuito saturado en el cerebro. Las conexiones neuronales trabajan por encima de su capacidad, lo que debilita el pensamiento racional. Además, durante la noche fluctúan los niveles de dopamina y serotonina, neurotransmisores que regulan el ánimo y la sensación de bienestar, lo que potencia la impulsividad y la sensibilidad a las emociones negativas.
La corteza prefrontal, responsable del autocontrol y la planificación, reduce su actividad, dejando a la persona más propensa a tomar decisiones arriesgadas o incluso autodestructivas. Por eso, un problema cotidiano —una discusión, una preocupación o una decisión pendiente— puede percibirse de madrugada como una crisis inminente. La combinación de cansancio, soledad y sobrecarga mental crea un escenario en el que el cerebro busca recompensas inmediatas, como comer, fumar o beber, para aliviar la tensión.
Dormir: una forma de proteger la mente
El riesgo no se limita a dormir poco, sino a permanecer despierto cuando el cuerpo espera descansar. Este desajuste altera los ritmos circadianos, afectando el equilibrio emocional y la salud mental. Quienes trabajan en horarios nocturnos o padecen insomnio son particularmente vulnerables a este tipo de desregulación. Con el tiempo, la falta de sincronía puede derivar en trastornos del ánimo o problemas en la toma de decisiones.
Para los autores, dormir es una forma de protección mental: una barrera natural que evita que el cerebro se vuelva contra sí mismo. Por eso proponen que la hora del día sea considerada un factor de riesgo en salud mental, algo que rara vez se evalúa en la práctica clínica. La conclusión es clara: si algo te preocupa a las tres de la mañana, esperá al amanecer para pensarlo. La ciencia confirma lo que la experiencia ya enseñaba: la mente cansada, en la noche, no es buena consejera.
En base a El Tiempo/GDA
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