Alejandro Dolina regresa desde hoy a la Zitarrosa

Gratis. Las invitaciones se deben retirar en la propia sala

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Desde hoy de noche hasta el viernes, las medianoches del Centro se animan con un clásico: la visita de Alejandro Dolina a la Sala Zitarrosa. Las invitaciones se retiran allí mismo, cada día, desde las 10 de la mañana.

El espectáculo es conocido y no por eso deja de ser atrapante. De hecho, luchar por conseguir las invitaciones para ver a este grande del humor argentino es ya una tarea habitual entre los uruguayos que cada verano hacen lo imposible por obtener un buen lugar en la platea de la Zitarrosa, desde donde Dolina transmite en vivo el programa radial La venganza será terrible, que también se puede escuchar por El Espectador.

Pero calificar a Dolina de humorista es describirlo a medias, es escatimarle su lugar, puesto que además de hacer reír, el escritor argentino ofrece mucho más: una gran cultura humanística, una mirada sobre el presente, un diálogo con el pasado y una reflexión a propósito de la vida diaria.

Quizá la clave de su éxito, que ya lleva muchísimos años y cada vez se afirma más, es justamente esa mezcla de cultura y humor, esa visión profunda pero suelta de la literatura, la historia y la filosofía. Para eso, El Negro (como lo llaman sus compañeros de equipo) tiene un secreto: sus programas demoran 50 años y cinco minutos en ser preparados. Medio siglo es lo que le llevó aprender lo que sabe. Cinco minutos, barajarlo con ingenio y lucidez mental.

Desde que el escritor (nacido en Caseros, en el Gran Buenos Aires, en 1949) publicó las Crónicas del Ángel Gris en 1987 ha pasado mucha agua bajo el puente. En ese lapso, él se ha convertido en esos nombres ineludibles de la cultura porteña, esos que dan cuenta que no todo está perdido, que las herramientas intelectuales siguen teniendo peso en los medios. Es por eso que el artista se ha convertido en una especie de amigo invisible de tantos argentinos, y uruguayos.

Comprometido, aunque a buena distancia del poder político, este artista de los medios ha optado por tomar precaución con respecto a su propia fama: "Es preferible resistir la tentación de sospecharse genial. Uno empieza a escribir peor y a componer peor y a ponerse insoportable. Parece que en el ejercicio del arte conviene adiestrarse mucho, sospecharse uno medio adoquín, y después si uno es genial, ya veremos", afirma.

Buscando evitar los lugares comunes, Dolina es también alguien que no descree de la tecnología, y por eso ha prometido enfrentar su torpeza con las computadoras "porque hay quienes creen que poeta es aquella persona incapaz de arreglar un automóvil o de entender el funcionamiento de un teléfono, así como hay personas que tienen pensamientos profundos sólo porque se acuestan tarde".

La venganza será terrible. Va desde hoy al viernes en Sala Zitarrosa. Invitaciones en la propia sala desde las 10 horas.

Las vacaciones como una pérdida de tiempo

"No soy muy amante de las vacaciones, porque al poco tiempo me empiezo a aburrir, tengo la sensación de que estoy perdiendo el tiempo. Amo mucho mi trabajo, disfruto mucho, y qué pueden proporcionarme los hoteles del Caribe más lindo que divertirme con mis amigos cada noche. No hay hotel que dé eso". Es desde esta actitud que se explica por qué en pleno verano encontramos a Dolina en Montevideo en lugar de estar de incógnito en una playa del Caribe con un trago en la mano y un puro en la otra.

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