CARLOS REYES
Marie Catherine Sahut, jefa del Departamento de Pintura del Museo del Louvre, llegó a Montevideo para organizar una exposición pionera para el Uruguay, y también novedosa para la política de difusión del gran museo francés.
"Se trata de una muestra al aire libre cuyo espíritu es abrir nuestro museo al mundo entero. Son reproducciones fotográficas que cubren seis siglos de pintura europea, que hemos elegido desde el punto de vista estético, buscando que sean las más hermosas. La idea es que unas imágenes sean muy conocidas, para darle un aire familiar a la exposición, y otras no tanto, para darlas a conocer".
En total serán 122 reproducciones, que serán ubicadas en la rambla de Pocitos hacia fin de año, expuestas en las mismas instalaciones que se utilizaron el año pasado para la muestra de fotos de Yann Arthus Bertrand. Las reproducciones que integran Imágenes del Louvre serán de igual tamaño que los cuadros originales, e irán desde obras pequeñas (como las de Vermeer) a otras de gran formato. En los casos en que el original sea de mayor tamaño que el panel, se optará por exhibir un detalle acompañado de una foto pequeña de todo el cuadro.
"Diez años atrás hubiera sido imposible hacer una exposición como ésta -continúa Sahut-, porque las técnicas de impresión no hubieran permitido el grado de fidelidad que necesitábamos, para obtener una calidad lo más fiel posible al original. Porque tanto con luz diurna como artificial, estas excelentes reproducciones logran transmitir una parte de la belleza del original, y ese es el objetivo".
Sahut señala al respecto que entre las láminas y los visitantes se puede establecer una relación que no se da con los originales, puesto que "hay una especie de proximidad que no se da en el entorno del museo, con todo su peso institucional. Seguramente muchos visitantes de esta exposición nunca habrían ingresado a un museo, y ésta es por lo tanto una gran modalidad para captar nuevo público para los museos. Porque las obras (porque las fotos también son obras), se pueden visitar cuando uno pasea, incluso se pueden tocar".
FUTURO. "El patrimonio del Louvre -dice la investigadora, que desde hace tres décadas trabaja en el mayor museo francés- ha sufrido cambios con el paso de los años: parte de los fondos pasaron a museos específicos, como el de arte primitivo, entre comillas, o el contemporáneo, mientras estamos aumentando las áreas de Cercano Oriente, Babilonia, Egipto, arte grecorromano y occidental, hasta el Romanticismo".
Consultada sobre si siente nostalgia de los días en que el museo parisino era una casa más tranquila, ella niega sin dudarlo: "Tuve la suerte de pasar unos 20 años, junto a otros colegas, ocupándonos de la transformación del museo en el gran Louvre, donde me dediqué especialmente a la instalación de las pinturas en las nuevas salas. Fue una verdadera aventura modernizar las instalaciones de modo de poder recibir más gente, y eso nos permitió también ampliar los cometidos: dar conciertos, cine, conferencias, docencia".
"Pero todo eso se acompañó con un extraordinario desarrollo del turismo, que fue un fenómeno internacional que si bien, obviamente, no se debe a nuestro trabajo, hay que reconocer que una cosa apuntaló a la otra. Nunca podríamos haber atendido ese boom turístico si no hubiera estado precedido por las ampliaciones, aunque allí también hubo una cuota de azar".
La experta indica como ejemplo que el área del museo conocida como La Pirámide, fue concebida para 3 millones de visitantes anuales, y hoy recibe 8.5, cifra que en un futuro muy próximo estará en 10 millones.
"En ese aspecto, si bien no tenemos los problemas de las pequeñas iglesias florentinas, estamos reflexionando sobre realizar importantes transformaciones adicionales, porque el gran problema que tenemos es cómo manejar todas esas multitudes, buscando lógicamente que la visita sea agradable. Paradójicamente siempre tenemos la esperanza de convocar más franceses, y más habitantes de la periferia de París. Responder a estos dos objetivos es y será la meta que tenemos por delante".
Arte para multitudes
Temáticamente, esta muestra que llegará con el apoyo de la Embajada de Francia, busca equilibrar estilos y motivos, para abarcar la figura humana, la religión, el retrato burgués y el monárquico, la vida cotidiana y las grandes fiestas. "Es también una buena herramienta didáctica, y habrá cuadros para todos los gustos", afirma con su hablar calmo Marie Catherine Sahut.
Según la experta en pintura francesa del siglo XVIII (Wateau y Fragonard están entre sus favoritos), la muestra, que se inauguró en septiembre pasado en Santo Domingo, aprovechará lo que ya se cosechó con la exposición de Arthus Bertrand: "Esa muestra probó que se pueden incluir textos muy precisos con informaciones bastante complejas, y que la gente los lee".
"Además, por la experiencia en Santo Domingo notamos que los visitantes supieron apreciar la calidad de las imágenes, porque teníamos miedo que hubiera una confusión con una campaña de publicidad del museo. Porque lo importante es que muchos visitantes se dejaron llevar, conmover por las formas, porque una de las suertes del arte es que puede ser comprendido sin que se tenga necesariamente conocimiento".