Un año Salvaje

Protagonista de Sr. y Sra. Camas, nominado al Martín Fierro por dos ficciones y pronto a estrenar dos películas en cine, Gabriel Goity viene a Montevideo a presentar Un dios salvaje, obra de Yasmina Reza en la que comparte cartel con Florencia Peña, Fernán Mirás y María Onetto.

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"Lo que puedo garantizar es que van a ver buen teatro, sino no pisamos Montevideo. Voy muy seguido, veraneo en Uruguay, tengo muchos amigos ahí. Si no hago algo bueno, no me van a dejar entrar más". Las palabras en tono de broma de Gabriel "Puma" Goity refieren a Un dios salvaje, la obra de Yasmina Reza que el actor viene a presentar al teatro El Galpón a fines de mayo. Lo cierto -y serio- del asunto es que este espectáculo llega precedido de excelente crítica desde la vecina orilla, no sólo por el brillante texto de la autora francesa, sino también por el destacado desempeño del cuarteto de actores que la lleva adelante: Goity, Florencia Peña, María Onetto y Fernán Mirás. Y, en una obra que ha tenido versiones en todas partes del mundo (Uruguay incluido), hay que remarcar también la importancia que tiene el director para hacerla "especial". En este caso, Javier Daulte es culpable de buena parte de los aplausos.

"Yasmina Reza tiene una característica muy interesante que identifica a sus obras que es la crítica a la media-alta burguesía. Sería una Moliére moderna. En esta obra trata de mostrarnos el famoso doble discurso, la famosa doble moral. Muestra que en nosotros radica una violencia que en muchos casos es implícita y también explícita", dice Goity entrando ya en el argumento de Un dios salvaje. El mismo aborda un encuentro entre dos matrimonios que deben resolver una situación violenta entre sus dos hijos en edad escolar. El hijo de Alan (Mirás), abogado, y de Ani (Peña), consejera en cuestiones patrimoniales, le quebró un par de dientes al hijo de los anfitriones de la reunión, Miguel (Goity), exitoso vendedor de ollas, y Verónica (Onetto), escritora. Lo que empieza como una charla civilizada irá involucionando hasta dejar al descubierto las miserias que el hombre se preocupa siempre de ocultar para poder vivir en sociedad.

"A través de dos matrimonios civilizados, bien llevados y con buena educación, que se encuentran a charlar sobre un problema de sus hijos en particular, vemos que en realidad los niños no son más que la resultante de esas familias", explica el actor. "La obra tiene que ver con la decadencia en la que estamos inmersos, la falta de comunicación, la falta de diálogo. Habla de eso. No somos más que grandes monologuistas y en esta era de las comunicaciones estamos cada vez más incomunicados. Y la mejor resolución que tenemos para un conflicto es llevarlo a la parte física", agrega Goity, llegando a uno de los aspectos que diferencia la puesta argentina de la realizada en países de Europa o en Estados Unidos: el énfasis en lo físico. "La obra está planteada como la vida misma y de forma más salvaje que en otras puestas. El planteo es más físico", revela y lo justifica por el lado de que se trata de "una versión hecha por actores latinos, argentinos y rioplatenses. Nosotros le ponemos el cuerpo, lo que hacemos acá es emocional y físico. Esta obra ofrece una oportunidad maravillosa para desarrollar eso que tanto nos gusta".

La corrección y buena presencia con que conocemos a los personajes al comenzar la obra nada tiene que ver con el desaliño y los intercambios verbales con los que llegan al final. ¿Es una comedia? ¿Es un drama? "Uno se ríe por lo que produce la situación, pero en realidad no nos proponemos un género. Es como la vida, te vas a reír y te vas a angustiar. Si es por ponerla en una categoría, es una comedia dramática. La vida es una comedia dramática. No está enfocada desde lo cómico ni desde lo absurdo, la situación se convierte en absurda como pasa en la vida. Se habla de la decadencia con humor", intenta explicar el actor. "No estamos buscando el chiste ni mucho menos. Si vos querés engancharte por el lado del humor, te vas a reír. Si querés ver la obra como es, te vas angustiar. Está llevada así, tiene partes muy graciosas, pero la verdad, si yo fuera espectador, no me gustaría", confiesa quien tendría algunos reparos en recomendar Un dios salvaje. Lo haría advirtiendo siempre a su interlocutor que "la va a pasar bien, no es una tragedia, pero tampoco se va a encontrar con una comedia blanca. No sé qué género es, pero una comedia blanca seguro que no".

Un elemento interesante en el que han coincidido los cuatros intérpretes de la versión argentina fue que el texto no los sedujo de entrada, sino que empezaron a tomarle el gusto o a entenderlo a medida que lo fueron ensayando. "No era que no nos gustara la obra, nos resultaba muy dialogada, con poca oportunidad para poner el cuerpo. Esa era la crítica que teníamos porque, si ves las puestas americanas o españolas, son puestas que se sientan y hablan, y hay poca participación física. Es un teatro que yo, en lo particular, aborrezco bastante, me aburre. Para eso hacemos radio o no hay diferencia con la televisión. Pero al estar la obra en manos de Javier Daulte, la inquietud que teníamos en el primer día de ensayo fue disipada automáticamente. Nos dijo `no, muchachos, esta puesta no pasa por ese lado`. Y realmente la exprimió", aclara Goity.

Quedaba por ver qué ocurría con el público, si en realidad estaba dispuesto a verse en un espejo que refleja lo peor de nosotros mismos. "La obra provoca de todo", cuenta el actor. "Más allá de que es un espectáculo atractivo en sí mismo, hay mucha gente que se engancha por el lado del humor y dice `¡ay qué divertido! La pasé fenómeno`. Y hay otra gente, tal vez los menos, que salen angustiados. En su mayoría noto, de parte del público, que no quiere ver cosas que son espejos propios. Por eso la gente que no tiende a llevar las cosas al plano físico, se sensibiliza mucho más. Es muy interesante lo que pasa", describe quien como público dice que estaría en el grupo de los que salen angustiados de la sala. "Como espectador soy bastante particular, no me atrae nada. Desde el punto de vista profesional, me parece que es la mejor obra de Yasmina Reza, pero si tuviera que comentártela como espectador te diría: `mirá, está buenísima, ahora reír-reír… a mí no me hizo ninguna gracia, pero me encantó lo que quiere transmitir la autora".

Para Goity, una de las claves está en el público con el que se tope y, en el caso uruguayo, confía en que encontrará uno preparado para entender Un dios salvaje. "Es una plaza espectacular para el teatro. El público uruguayo es teatrero, sabe un montón. De hecho, nosotros, en el Paseo de La Plaza, tenemos la afluencia de muchos uruguayos que siempre vienen a vernos y demuestran que son conocedores del tema", afirma este artista que cruza el charco para hacer teatro "desde mis tiempos de estudiante. Esta vez lo hago con mucha emoción porque vamos a ir a un escenario que tuve el honor de pisar en 1988, con Villanueva Cose, para interpretar La vida de Miguel Hernández: el Teatro El Galpón. En esa época estaba el mítico y maravilloso Don Atahualpa Del Cioppo, con quien tuve el placer de compartir unos buenos vinos, además de charlar con toda la gente de El Galpón de ese entonces. Volver a pisar ese escenario es para mí muy emotivo".

CON URUGUAYOS. Un dios salvaje está actualmente en gira. Fue a Chile, viene a Uruguay, y así seguirá hasta mediados de julio. Luego llegará el momento para que sus actores definan qué harán el año próximo. En ese proceso de estudio de textos se encuentra Goity, además de prepararse para el estreno de dos de las cinco películas que rodó el año pasado. "Una es El dedo, ópera prima de Sergio Teubal, que se estrena este mes. Es una tragicomedia gauchesca que me gustó mucho hacer porque sale de lo común. La otra es Aballay, de Fernando Spiner, un western criollo", cuenta.

Pero lo que actualmente le insume más horas del día son las grabaciones de Sr. y Sra. Camas, la comedia que protagoniza junto a Florencia Peña -también productora- y que en Uruguay se ve por Canal 10. A esta altura, entre teatro y televisión, se puede decir que Goity ve más a Peña que a su propia mujer. "Por lo menos la veo más tiempo (ríe). A mi mujer la veo todos los días, pero estoy más tiempo con Florencia y a ella le pasa lo mismo con su marido", dice quien en TV encarna a Nacho Camas, el marido psicólogo de Peña. "Ella es la locomotora de la pareja, la que empuja el carro, la que tiene grandes proyectos… y él la sigue porque la ama perdidamente. No sé si está convencido de su proyecto, pero la apoya y trata de aportar más que su conocimiento de psicología, su conocimiento de la calle", explica.

El actor se siente muy contento con la comedia de Canal 7. "Tratamos de diferenciarnos del humor que se está haciendo en los canales abiertos argentinos. Porque se está haciendo mucho humor, no solamente los actores y los programas, sino que también lo ves en los noticieros. Nosotros tratamos, humildemente, de buscar otra estética, otra propuesta humorística, un lenguaje distinto; buscamos mezclar estilos. Y estamos mancomunados con Canal 10 de Uruguay con tres compañeros uruguayos con los que estamos fascinados: Gustaf, Coco Echagüe y Jorge Esmoris. Una gente hermosa, artistas con los que tengo el honor de trabajar", destaca.

Y la alegría en materia de pantalla chica no se termina ahí, porque el actor se encuentra nominado al Martín Fierro en la categoría Participación Especial en Ficción por su labor en Para vestir santos y Todos contra Juan 2. "Fueron dos roles totalmente diferentes", señala. En la primera, con libro de quien lo dirige en Un dios salvaje (Javier Daulte), interpretó a un hombre que entraba a la historia para estafar al personaje de Gabriela Toscano y se terminaba enamorando de su víctima. "Eso le daba una contradicción maravillosa. Fue un personaje exquisito, muy interesante, hecho desde el drama". Mientras que en Todos contra Juan pudo explotar su veta de comediante, haciendo nada menos que de sí mismo, pero en clave completamente absurda. "Hacía una parodia de `El Puma` Goity queriendo producir Hamlet, pero con la particularidad de que quería actuar todos los personajes porque consideraba que no había ningún actor capaz de hacerlos. Lo disfruté muchísimo porque con Gastón Pauls (protagonista y productor) tenemos una amistad de muchos años. Fue como cuando los músicos se juntan con amigos a zapar".

A la hora de hablar del Martín Fierro, Goity sostiene que le encantan los premios, "como a todos. No escapo a la media, si me nominan estoy feliz y si no me nominan me entra la bronca". Para él no corre ese discurso "políticamente correcto" o que repiten algunos artistas cuando dicen que los premios no son importantes. "Eso es mentira, es una mentira grande como una casa, ¡qué no van a importar! Importan. Es cierto que no los podemos comparar con los premios que se dan en otras latitudes, donde vienen acompañados de contratos o muy buenas remuneraciones. En este lado del hemisferio, sobre todo en esta zona del Río de la Plata, ganar un premio significa ir a festejar con los amigos comiendo una pizza. Además, tenés la oportunidad de agradecer públicamente a tu familia, a la gente del barrio, a tu mamá, tus amigos, tu novia… No se puede comparar con un Oscar pero es importante. Y la verdad, si lo pensás bien, ganar está bárbaro", cierra con ese tono que le es tan propio, el de un Goity auténtico.

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