Ser todas las mujeres

Mercedes Morán estuvo en Montevideo presentando Los Marziano. Una charla con una actriz que no deja de crecer.

 20111111 789x600

Por: Mariángel Solomita

Mercedes Morán construye para sí misma. Quiere ser muchas y distintas. Por eso prefiere descartar a las heroínas. Por eso primero mira el lado oscuro de los personajes, el que le va a permitir investigarse. Conocerse toda, hasta esos rincones que le gustaría no saber que tiene.

-¿Dirías que armaste tu carrera en función de tus búsquedas personales?

-Sí. Lo difícil es escucharse a una, ver qué es lo que estás necesitando más, luchar contra una especie de estrategia que suelen aconsejar en cuánto a cómo armar la carrera. He tratado de no pensar en términos de carrera, con otro trabajo hubiera hecho lo mismo, tratar de que el trabajo sea un incremento que me permita a mí entender algunas cosas, ensanchar mi cabeza, perder algunos límites. Esta es una tarea que hacemos en la vida en general, bueno, sumarle a eso un trabajo que se presta mucho porque la posibilidad de encarnar distintas mujeres también es abarcar distintas miradas.

-Tu mirada como actriz, ¿qué dirías que la conformó?

-Si quisiera marcar como un criterio en cuanto a lo que quería hacer, creo que tiene que ver con una decisión que tomé al principio que fue estudiar, apostar a la formación y no pensar que esta carrera es simplemente un cúmulo de condiciones, una impronta personal o un tipo de carisma. Y si bien los primeros años fue sistemático el estudio y después no, porque este trabajo te toma mucho tiempo, siempre que tengo oportunidad lo hago. Me parece triste pensar que uno ya sabe todo

-¿Podés actuar siempre?

-Sí. Hay personajes que encuentro más rápidamente en términos de comportamiento, porque en general trato de asociar al personaje con alguna mujer que conozco, a veces profundamente, a veces superficialmente. Luego lo interesante es meterse en ese papel y ver qué se ve con esos ojos, cuáles son las razones que los mueven. Es un lugar común, pero es real el hecho de decir `no juzgarlo`, tratar de comprender a las personas, justificar por qué acciona de tal modo. Y después, una cosa de laboratorio mía que tiene que ver con la verdad. Hacer con los personajes algo muy verdadero, que ese límite entre la actuación y lo que te pasa de verdad sea escaso.

-¿Cómo te descubriste como directora teatral?

-Primero me descubrí como una actriz hincha pelotas que quería meterse en lugares que no le correspondían, que le empezaba a importar algo que tenía que ver con algo más que mi papel, cómo miraba el director, qué era lo quería mostrar, cómo se vestía el personaje. Hay algo de la observación que yo utilizo para construir mis personajes que también lo utilizo como directora. Descubrí que yo puedo ayudar a otros a actuar, limarlos para sacar algunas partes suyas que no son las que frecuentemente sacan.

-¿Reconocés una técnica propia de trabajo?

-Es una síntesis de lo que he aprendido con muchos maestros, es fundamental haber tenido la suerte de haber conectado con algún gran maestro.

-Una de tus primeras películas la dirigió "Taco" Larreta (Nunca estuve en Viena, 1989)...

-Es una persona que adoro, una de las primeras películas que hice, junto con China Zorrilla. Los admiro profundamente.

-¿Te importa más el guión o el director?

-Definitivamente el director. Vos tenés un guión y una cantidad de tiempo de rodaje. Con eso mismo un director puede hacer quince películas diferentes. Entonces es el director, es la persona que escucho, que miro, obedezco y me entrego, en el que confío totalmente.

-Elegís trabajar con muchos directores debutantes, ¿esa confianza la fuiste entrenando?

-Supongo que descubrí con el tiempo que era mejor ese camino que cualquier otro. Porque las ideas que uno tiene sobre sí mismo, o sobre lo que se ve de uno mismo, nunca son objetivas, entonces cuando podés confiar en otra mirada es muy placentero. Renunciás a algo que es un peso. Es absolutamente liberador.

-¿Le dedicás mucho tiempo a la construcción del personaje?

-No. En general leo los libretos, tengo un encuentro con el director donde arrimamos las ideas, trato de imaginarlos en términos de carácter, y después hay un ejercicio que a mí me gusta hacer que es como sacarlos de la situación que va a hacer, o de la escena escrita, llevar ese comportamiento a otra situación y ver cómo responderían, para conocerlos un poco más.

-¿Cómo te gusta que te dirijan?

-A mí me gusta que me dirijan, que te digan qué, por dónde. Hablaste de que trabajo con directores que como directores tienen menos experiencia de la que yo tengo como actriz, entonces a veces se manejan con un poco de pudor y yo me encargo de pedirles que ¡Por favor! Pienso que el director debe tener toda la libertad del mundo de poder darte todas las indicaciones que él necesite. A mí me ayuda, para obedecerlas o para confrontarlas siempre me resultan motivadoras.

-¿Has interpretado personajes cercanos a ti?

-Sí, porque trato de encontrar el punto en común que tengo con el personaje. Porque aún si el personaje es lo más alejado de mí, estoy segura que hay una zona de ese personaje que yo tengo. Que no expreso, que no manifiesto, que no he desarrollado en mi vida. Recuerdo que el primer personaje que interpreté en mi vida, justamente junto a China Zorrilla, era una chica muy desinhibida, extrovertida, y yo estaba luchando con mi timidez y mi falta de todas esas dotes y siempre miraba a chicas que eran así con admiración. Lo primero que dije fue `no voy a poder hacerlo`. Y luego me di cuenta de que las personas que más lejanas nos son, son las que uno más observa y que ahí radica el secreto. Es distinto cuando tenés que manifestar algo que no querés manifestar, una asesina, pero hay que justificarla, empezar por eso. Es un trabajo precioso para sacarse los prejuicios.

-¿Has sentido incomodidad con algún personaje?

-No, porque el personaje siempre te protege. En la piel de un personaje me atrevo a cualquier cosa. Pero cuando llega el momento en que terminó la obra y tengo que salir a saludar…ahí sí…no soy la actriz que de chica animaba las fiestas. Hice esto más que nada como contra-fobia, para vencer la timidez.

-¿Los personajes te los sacás?

-La verdad que nunca creí en eso de que quedás tomada por el personaje, es como cuando sos niño y jugás a los indios y `¡Pumba!, me morí`. Creo que dura lo que dura eso. Eso es lo que debe ser. Pero debo reconocer que hay veces que inconscientemente empiezan a operar de alguna manera que vos no controlás y te tiñen un poco. Ayer volvía de la grabación manejando y me salió Gloria (El hombre de tus sueños), y me mandé una puteada tremenda y yo no soy así. Hay algo de lo que estás actuando que opera, y si no es en la vida, a veces puede ser en los sueños. Pero no es esa cosa esquizofrénica de no sé quien soy. Yo me pongo y me saco al personaje como un niño que se disfraza por un rato.

-¿Qué te dio la actuación?

-Juzgar menos. Saber que detrás de las apariencias hay otras cosas. Que no hay verdades. Creo que lo mejor, es que he tenido que profundizar gracias a este trabajo en un grado mayor de entendimiento.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar