Por: Mariángel Solomita
El guión de Aguas verdes se escribió en un lapso de 15 días. Casi 10 años después se filmó la película. El trabajo de Mariano de Rosa a lo largo de todo el proceso de realización, es un ejemplo de cómo hacer cine ejerciendo cada faceta del oficio.
El cineasta argentino estuvo en Montevideo para presentar su película y dar una master class en la Escuela de Cine (ECU).
Según comentó, la exhibición en Cinemateca forma parte de un plan de distribución que pretende aplicar a sus futuros proyectos. Es que De Rosa concibe su trabajo como un buen estratega, y explicó cómo maniobró para hacer una película industrial con las reglas del cine independiente.
"El cine es un fenómeno de masas, es un sistema muy cercano al capitalismo. Por eso hay que buscar constantemente formas alternativas". Comenzó a estudiar cine antes de que existiera un centro de estudios especializado: "me armé una formación integral, cursé materias que me fui asignado como si fuera una carrera ideal para aprender a hacer cine. Y luego, cuando existió, hice la carrera en la universidad".
Hace 10 años, cuando tenía 30 y escribió el guión de un tirón, De Rosa se presentaba como un talento a tener en cuenta. Había dirigido el episodio Vida y obra de la película colectiva Mala época (1998), y realizó el corto Película bruta (1998). Fue entonces que surgió Aguas verdes, como un capítulo de un unitario televisivo que no se concretó. Iba a llamarlo El cuento de la familia, pero le pareció demasiado cínico. Desde entonces, por cuestiones personales se mantuvo alejado del medio.
Trabajó como editor varios años, y comenzó a dictar clases como docente de dirección y montaje. Entonces reapareció la posibilidad de rodar. El presupuesto de este tipo de películas ronda entre los 300 y 400 mil dólares. Solamente la promoción de una cinta argentina de perfil comercial, cuesta casi 10 veces el valor de Aguas verdes.
"Cuando uno encara una película independiente debe tener en cuenta que todo tiene que estar volcado a la película. Pero no planteando una organización partisana, el director debe tomar las decisiones en una relación piramidal". De Rosa se hizo cargo además de la producción. "En el momento en que uno toma conciencia de qué es lo que puede hacer, define el estilo de la película". Su propósito era estar preparado de antemano para cualquier imprevisto. Incluyendo no contar en efecto con los actores elegidos.
Aplicó una metodología de trabajo en la que casi todo dependiera de él. Rizoma y Ruda Films se encargaron de la co-producción. "Elegir un equipo técnico es como un casting", entonces seleccionó a las cabezas de equipo, y éstos a sus ayudantes. El casting se realizó en Buenos Aires y en su provincia natal, La Plata. 600 actores fueron convocados, entre ellos Alejandro Fiore (Los simuladores), se prestó a integrar varias instancias de ruedas de improvisación, "para conocer la psicología del actor, yo quería una actuación vivencial".
SIN ETIQUETAS. "Arranca como una película de (Éric) Rohmer y termina como un thriller de (Alfred) Hitchcock". Aguas verdes tiene dos ejes temáticos. El significado de ser un padre de familia y cómo se debe ocupar ese rol, planteado a través de una situación de paranoia, enmarcada en unas vacaciones familiares. El humor que atraviesa la narración mantiene con habilidad el tono entre comedia, thriller y drama de la historia.
La ópera prima de De Rosa ya lleva recorridos 20 festivales, se estrenó en la sección Forum del Festival de Cine de Berlín, donde algún crítico mencionó lo grato que fue constatar "un cambio de rumbo en lo que se espera habitualmente del más nuevo cine argentino".
El director se había propuesto filmar 20 tomas diarias, pero debió lidiar con los tiempos reales y decidir sobre la marchar. "Los guiones son de hierro pero hay que saber la técnica para percibir qué es lo esencial que debe ser filmado. Tenía claro que aunque fuera una película anti-trama, es la acción del personaje lo que debe primar, no el diálogo".
El plan original fue filmar al estilo clase B estadounidense, tomando como referencia las primeras películas de Steven Spielberg, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, y la factura europea de los inicios de cineastas como Claude Chabrol y Roman Polanski. "Mi película podía ser cara o barata. Pensé algunos elementos cómo si fuera una producción de 4 millones de dólares, como el storyboard, y otras al contrario. Pedí equipos en la universidad en la que estudié, formé al equipo de arte porque venían del teatro, me ocupé de hacer una parte de la música..."
Organizó un plan de trabajo según el cual fue responsable de la postproducción de sonido, del montaje, y hasta de subtitular su película. "Un director de cine es un tipo que no tiene que hacer todo, pero sí saber hacer todo. Esto exige una curiosidad natural. No sólo alcanza el conocimiento artístico, sino el técnico, conocer cómo funciona una cámara, un foco, editar. Tener la posibilidad de tener todo premeditado dos semanas antes de que ocurra, y poder cubrir todos los huecos".
Al igual que le sucede a otros colegas de similar perfil, lograr una exhibición digna es una gran debilidad de la industria. Este tipo de cintas tienen más espectadores fuera de Argentina que en su país. La falta de salas especializadas, obliga a estrenos limitados (5 salas por lo general) y por tiempo reducido. Ante la situación, De Rosa se propone establecer su propia sala de proyección, como otra medida activa para poder hacer cine.