Copani: El soldado

 20110513 385x600

Por: Ximena Aleman

"Yo soy un trabajador orgánico pertenezco a una organización, no cerrada con sello, sino el pueblo, la idea libertaria de progreso. Y en eso me siento un soldado. Si a mi Cristina me dijera que tengo que irme de portero de la Embajada Argentina en Uruguay, me vengo. Me siento un soldado de este modelo, y si ella siente que soy útil para eso no tendría ningún problema. No creo que me lo pida, me pide que haga más canciones."

-¿Dejarías tu vocación?

-Por un servicio a la patria en línea con mi ideología, sí. Pero si elijo, yo creo que soy mas útil haciendo canciones que cuidando el portón. Uno tiene en algún rincón un alma de engranaje, de soldado, en el buen sentido de la palabra, no de hacer cumplir una orden ilegal, sino de servicio.

La respuesta, contundente, se cuela entre dos bocados de carne asada y un trago de vino. Los temas que lo hicieron conocido en los ´90, Cuanta mina que tengo, Lo atamo´con alambre, La familia, o La marcha de River, no le hacen justicia a este soldado y trovador kirchnerista cuyo repertorio mira más la cuestión social que lo costumbrista, aunque lo segundo haya prevalecido.

Su primer disco lo grabó en México, exiliado, 29 años atrás. Pero él fija el inicio de su carrera bastante antes, cuando por primera vez le pagaron por cantar en un boliche. "Me dio para un refresco y unos sándwiches, pero para alguien que recién empieza, la primera paga es un hito", cuenta. En Argentina recorrió sellos durante años sin que ninguna compañía confiara en él. Su primer master lo financió vendiendo su auto. Con el master grabó cassettes que vendía en sus toques. Así llegó a el sello EMI.

Es un tipo sencillo, que usa camisas de jean porque tiene muchas, que en las reuniones familiares no canta porque la familia prefiere escuchar a su madre cantar copla española, y que habla mucho de política. La Ley de medios, la publicidad del gobierno, la cara de Evita pintada en un edificio en el medio de la Avenida 9 de Julio: "para que los gorilas recuerden quien es el prócer de la Argentina".

Su último disco se llama Yo nunca me metí en política, pero es para despistar a los conocidos y provocar a los despistados. Porque ni bien comienza a sonar la canción Ignacio Copani canta "Yo nunca me metí en política, pero ella sí se ha metido conmigo."

-¿Te definís como un cantante de protesta?

-Me defino como un cantante con contenido testimonial. Durante tantos años vi cosas que no me gustaban, que protesté. Pero el motor no es hacer la protesta. Incluso hoy sigo cantando contra esos poderes que siempre sentí que son mis enemigos pero que ya no veo en la administración. No me molesta que me definan como cantante de protesta tampoco, alguna casilla siempre te ponen, pero eso no es lo que motiva mi canto. Lo que pasa es que me gusta la política, me es apasionante. Me gusta la charla, no tengo la más mínima ambición de un puesto burocrático por ahora. Capaz que cuando no tenga energía para andar por los caminos me siento en un escritorio y aporto mi experiencia, pero no tengo mucha vocación de eso.

- No quedan muchos artistas que mantengan con tanta fuerza el vínculo entre música y texto social, ¿por qué creés que se perdió?

-Puede haber distintas explicaciones, la tiene que dar cada uno. Creo que la mayoría es porque especula y tiene miedo de que se le cierren puertas y se meten en cosas específicas, no conceptuales. La mayoría de los artistas dan un buen mensaje cuando no hablan del metro cuadrado que pisan. Nadie te va a decir que maten a las ballenas en el ártico. Después, cuando hay que hablar de acá, especulan, calculan cuál es su conveniencia. Te lo digo de ídolos. Me parece equivocado como público, pero no puedo decir qué tienen que hacer. A mí me encanta cuando un artista se pronuncia, incluso con un discurso facho. Como público, me gustaría que hubiera más. Igual todavía quedan algunos símbolos, como León Gieco.

- ¿Cómo surge la canción?

- Hay una doble voluntad, la de expresarme y la de hacer reflexionar. El trabajo del compositor está dividido en dos líneas, la del oficio de componer lentamente, y la compulsiva: un hecho que querés detallar, una opinión que querés dar en caliente. Es la necesidad de decir: estoy en esto, esto me esta pasando, soy contemporáneo de estos personajes y estos episodios. El impacto de una noticia buena o mala también te hace escribir. y a veces en la botella que tirás al mar querés sumar algo a otras voces, a una idea que existe y combatir otras. O uno puede decir: cómo me gustaría antes de terminar mi carrera ofrecer un homenaje a alguien. En este disco me animé a hacer algo para Madres de Plaza de Mayo y para Abuelas de Plaza de Mayo, en otros algo para Enzo Francescoli o Joan Manuel Serrat. La canción es un soporte que me gusta para dar las gracias. Pero, ante todo, yo escribo por una necesidad mía de expresarme, no pienso en qué van a decir mis compañeros ni mis amigos.

-¿Cómo hacés para mantener el ritmo de un disco por año?

-Trabajo mucho todo el año para poder bancarlo, porque soy independiente. Me gusta actualizar lo que estoy pensando. El día que me de cuenta de que no tengo más ideas y que estoy estirando el chicle, no hago más discos y no me va a invalidar como artista, porque tengo un bagaje de toda la vida. Componer sigo componiendo con una auto exigencia muy elevada, y reprimiendo algunas cosas, no en la idea, sí en la forma. No compongo tanto como cuando era joven, pero creo que todavía tengo cosas por decir. No tantas como antes, porque el artista vive de la mano del desaliento, de pensar que ya se refirió a algunas cosas y no le dieron bolilla ¿Para qué voy a hacer una canción hablando de tal tema si ya tengo una? Eso me pasa...

-¿Y este disco?

-Este disco tiene mucha ternura. No es un panfleto partidario, sino reflexiones de un tipo de 50 años que entiende que la política es una herramienta y que no hay que tenerle miedo. Hay que resignificar esa palabra que asociamos con corrupción, con ostentación e insensibilidad, ponerla donde tiene que estar porque es por la gestión política que pasan las cosas. Si ves más coches acá y más laburo, es porque se han hecho las cosas bien, porque se han tomado políticas claras de estado, que yo las aplaudo y reclamo por lo que falta.

-¿Me sorprendió que no hubiera una canción a Kirchner en el último disco?

-Hay una, pero no habla directamente de él. Se llama Puedo ver y la hice le 28 de octubre, un día después de que muriera. Como dicen las Madres, desde el dolor puede salir lo mejor; y es una canción muy esperanzadora. No me salió un retrato, no tengo esa necesidad. Fui amigo de él y sé que le molestaría.

-¿Qué vas a cantar en la Zitarrosa este año?

- Algunas canciones nuevas, algunas viejas y voy a mostrar algunos videos. Es un recital de trovador, me parece aburrido y abusar del público cantar quince temas nuevos. En general voy mezclando con una ayuda memoria, pero sin un esquema rígido. En el atril no hay una lista de canciones sino algunas letras en tipografía muy grande -este es el primer recital que hago entero con lentes- y en la última hoja una canción de puño y letra de Pablo Estramín, que escribimos acá, un vez que cantamos juntos en la Zitarrosa. La llevo de cábala, me acompaña a todos lados. Me parece bueno ser sencillo y no despertar la curiosidad del espectáculo más que por el contenido porque ¿qué van a esperar de un trovador? Que cante canciones.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar