Tabaré Leyton

La factoría del tango constitution music

El tango no va a morir, canta Leyton en el tema del mismo nombre. Es una frase, o una postura, innecesaria. Sin necesidad de ir más lejos, se puede constatar que el tango vive con decoro y tranquilidad en su garganta. Ésta es educada y respetuosa de una tradición, pero lo suficientemente talentosa para hacer lugar para un toque personal. La canción mencionada es una de las que le pertenecen, ya sea en solitario o junto a otros. El disco está parejamente dividido entre canciones propias y versiones de clásicos como Tomo y obligo o La mariposa, entre otros. También hay versiones de temas más cercanos en el tiempo, como Los reflejos de la dupla Benavidez-Darnauchans. Leyton consigue los mejores momentos cuando encara una versión, a veces con una instrumentación austera de dos guitarras y otras en las que conviven más sonidos que el de las seis cuerdas. Sus composiciones quedan un poco en las sombras de esas versiones, bien producidas por Max Masri. Aún así hay ejemplos (Mi generación es uno, Candombe de la duda, otro) que auguran un autor a tener en cuenta. Como intérprete, ya tiene bastante a su favor.

Def leppard

Mirror ball-live & more Bludgeon Riffola

Doble álbum en vivo, más un dvd con aquellas partes de la gira que la banda y sus managers consideran apto para exhibir. Entre ellas, un encuentro backstage con un irreconocible Billy Idol, apaciguado y morocho. El repertorio es como un chaleco de kevlar: a prueba de balas. Desde la primera canción a la última es un hit atrás del otro, casi. Estos ingleses supieron ubicarse entre la "nueva ola de heavy metal inglés" a fines de los años 70 para construirse un estilo tan liviano -y tan seductor- como para competirle de igual a igual a las más populares estrellas en la década siguiente. No hicieron muchos discos realmente buenos: dos y medio, para ser precisos. Pero en Pyromania (1983), Hysteria (1987) y Adrenalize (1992) hay una impresionante hilera de éxitos construidos con guitarras endiabladamente contagiosas, la aguda voz de Joe Elliot y coros a lo Queen. Esa cadena de hits superó una muerte, un accidente que dejó al baterista manco y la inevitable reacción a tanto glam y pop de riff distorsionado. Nada mal para una banda peso mosca que duró más en el ring que varios de los más pesados.

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