Por: Mariángel Solomita
Qué es lo que hace que un actor perdure. Cómo se conserva ese momento en que su trabajo gusta, y los directores lo convocan y los espectadores disfrutan de verlo. Este es el conflicto de César Troncoso.
En marzo renunció al estudio contable. Actor a tiempo completo, aquí cuenta cómo aprendió a mirarse en películas.
-¿Cómo llegaste a interpretar al desconocido de El viaje hacia el mar?
-Hice un casting, en realidad Guillermo Casanova lo había escrito pensando en otro actor, pero le daba melancolía y necesitaba un tipo que tuviera cierta aura de misterio. Se generó un bache durante el que siguieron buscando y aparecí yo. Fue gracioso porque yo tenía el pelo largo, me hice una colita, estaba barbudo, y Guillermo decía "él es el desconocido" y otros, "no, es un mugriento". Me afeité, me corté el pelo, me puse un traje y quedé.
-Hace tiempo me comentaste que te parecía que la dirección de actores era un área floja, ¿ahora que te han dirigido actores te has sentido más contenido? (Daniel Hendler en Norberto apenas tarde, Roberto Suárez en Ojos de madera).
-En todo caso tengo menos problemas con la dirección de actores porque me di cuenta de cómo se labura en cine. A mí me gusta que me dirijan, ahora me adapto. Hay muchos que te dirigen de forma más apegada a la construcción que ellos tienen, hay otros que te dejan fluir, ven qué aportás vos y cuál es tu ojo con respecto al personaje y de repente te habilitan a generar una idea vos del personaje. Yo no me resisto a ninguna, sí me parece interesante el tema de la apropiación, que pasa un poco en el teatro también, que independientemente de cuál es la línea de laburo, de lo que el director quiera, de si te deja improvisar o no, se trata siempre de apropiarse.
-¿Cómo abarcás la actuación?
-Salvo excepciones yo trabajo con mi primera impresión. Claro, eso te limita un poco porque tu primera impresión es siempre acomodar el personaje a uno mismo, entonces a partir de ahí en relación a lo que el director te pide te vas corriendo de ese lugar.
-Has trabajado con coachs de actores, ¿es favorable?
-En algunos casos sí. En El baño del Papa claramente valía la pena, sobre todo porque estábamos los que llegábamos del teatro montevideano y los actores que se estaban haciendo ahí.
-La preparación se basó en gran medida en experiencias vivenciales, ¿no?
-Claro, cuando tenés una cosa que es demasiado desapegada a vos mismo está bien investigar. En este caso era comer un asado con los compañeros actores de allá, tomarse un vinito, pegarse una vuelta para ver cómo era la cosa en Melo. Resultó necesario porque vos tenés muy poca información del color local de esa ciudad.
-Leíste el guión dos días antes de rodar, ¿es correcto?
-Sí, en general lo que hacían era indicarnos lo que debía ser dicho escena a escena porque justamente, yo puedo repetir, mi oficio es ese, pero para los no actores la repetición te puede ir endureciendo. Por eso siempre habilitaban ese pequeño margen de improvisación, y me parece que ese fue el secreto de las buenas actuaciones de la película: no matar la espontaneidad que el no actor tenía.
-¿Hiciste casting?
-No, nos llamó a Virginia Méndez y a mí Enrique Fernández y fuimos a la calle Soriano, nos sacamos unas fotos sobre una pared. Cuando se integró (César) Charlone aceptó que yo siguiera. Para poca cosa he hecho casting, en las películas brasileras tampoco, me han sugerido y me han aceptado. No sé en qué va...
-¿A qué atendés para aceptar un proyecto?
-Yo todavía en cine sigo aceptando todo, me parece que estoy formando un oficio en este trabajo. En general trato de leer guiones y de que me guste el rol que me ofrecen; sí, elijo por guiones. No pienso en el director porque la mayoría con los que trabajé estaban haciendo su primer película.
-¿Cómo era tu vínculo con el cine antes de empezar a trabajar en él?
-Yo me asocié a la Cinemateca a los 15 años y durante tres años fui todos los días al cine. Sé mucho de cine, de nombres, no sé tanto técnicamente.
-¿Cambió la manera en qué te ves en una película?
-Creo que encontré una manera de mirarme en películas. Con El viaje...Guillermo nos juntó un día y nos mostró un corte, quedó bajoneado porque empezamos todos `no me gusté, no me gusté`, porque no tenés el oficio de verte. Mi voz, yo creía que era más grave, y me creía más expresivo y tenía una cara recontra dura, esa fue la primera impresión. Después empezás a verte con esa cosa de juzgarte por lo que efectivamente estás dando y no por lo que vos habías construido, hay un aprendizaje con eso. Ya me di cuenta de qué se trata una actuación correcta mía, ya tengo algunas cosas que me parece que son positivas y otras negativas, que si aparecen no está bien.
-¿Como cuáles?
-Algunas cosas que hago con los ojos, algunas intensidades de miradas que me parecen artificiales, que de repente yo construyo por dentro una cosa veraz pero cómo sale hacia fuera no es necesariamente lo mejor. En cine muchas veces tenés que controlar y bajarte, no necesitás hacer tanta cosa, necesitás estar en estado.
-¿Disfrutás más de algún tipo de personaje?
-El de El baño fue muy lindo, pero por ejemplo en El cuarto de Leo (2009, E. Buchichio) tengo un personaje que tiene una escenita nada más y es muy lindo, porque es un tipo que está dolido por la muerte de su hijo pero no está con toda la hiel adentro, es un tipo que sabe perdonar. Ese personaje me resulta un misterio qué hubiera pasado si hubiera tenido desarrollo. Después tenés a otro tipo desagradable como el de Norberto...
-¿Te dejó volver al humor?
-Claro, no es tan fácil hacer comedia en el cine en Uruguay me parece.
-¿El humor está en tus inicios?
-No, hacía aquella dupla con Roberto Suárez, pero en simultáneo con otras cosas. Digamos que no soy un comediante, creo que soy un actor genérico.
-¿Necesitás del teatro?
-Es distinto sí…es un placer personal más que una necesidad real, pero sí hay una cosita de control que vos tenés cuando sos actor de teatro que no tenés en el cine. En el cine trabajás muy fracturado, fraccionado siempre y la última palabra es del editor.
-Te iniciaste en el teatro independiente...
-Empecé sin mucha conciencia, fue a raíz de un aviso de clases de teatro con Restuccia y Cerminara, a quienes conocía porque era espectador de teatro, me gustaba mucho lo que ellos dos generaban y me metí. Tenía 25 años, estudiaba medicina...para algunas cosas me sentía viejo. No tenía pensado ser actor. Yo venía de un divorcio, tenía esa idea de poder hacer catarsis, de que me puede ayudar. Después te das cuenta de que si lo que querés es un terapeuta no vayas al teatro porque no es el sentido del asunto.
-¿Dibujás cómics?
-Ahora volví a dibujar de vuelta. Llegué a publicar alguna cosita, gané algún concurso, se me descontinuó bastante porque esas horas las dediqué al teatro, luego nació mi hija. Ahora que dejé la oficina estoy volviendo a dibujar.
-¿Escribís?
-En general me salen variaciones de historietas: imagen con texto. Intenté escribir obras de teatro, las dos o tres que hice me parecieron muy feas y no solamente a mí (risas). Escribo con la pretensión de hacer referencia a alguna realidad contemporánea pero siempre en la línea del humor.
-¿No volviste al Carnaval?
-Salí en el `93 con La Naranja Mecánica y hace unos años ayudé en una puesta en escena de la murga A Contramano. Es lindísimo...me gustaría salir en murga, me gustaría cantar. Cantar al fondo me alcanza...
-¿A veces te parece dura esta carrera?
-No, para mí no es nada dura. Este año estuve casi seis meses fuera, me perdí el primer día de liceo de mi hija, mi mujer y mi hija es el único costado que me pesa un poco. Después es placer puro. Además cuando te colocás en el lugar de cuáles eran tus motivaciones para haber arrancado a actuar jamás hubiera dicho hacer una película en Brasil, o ganar un premio en un festival de cine, o ir a un festival de cine. En mi imaginario estaba la chance de hacer teatro y cumplir con la oficina. Para mí es placer, la única contradicción que tengo es que, a pesar de la espectacularidad de este mundo, seguís siendo actor, y significa una incertidumbre para mí, a futuro, porque no terminás de saber exactamente lo que pasa.
-¿Si te pregunto por qué actuás me dirías que por placer?
-No, si me preguntás por qué actúo yo digo para que me quieran, creo que tiene que ver con mis taras personales y mis necesidades de ser querido, aceptado, respetado, qué sé yo...
GUILLERMO CASANOVA
-¿Cuándo empezaste a ver la película en el cuento de Juan José Morosoli?
-El final, cuando llegan al mar y ellos ni se inmutan. Me imaginé toda la película en planos generales menos cuando ellos ven el mar por primera vez, que están en primeros planos, para descubrir los gestos mínimos de los rostros.
-Se dice de Morosoli que fue un conversador, un observador de la geografía física y humana de su pueblo ¿Cómo fue que tú encaraste la construcción de los personajes?
-Claro, leí todo y volví a releer todos los cuentos publicados en Banda Oriental varias veces. No sólo leí sus cuentos sino también que me alimenté de sus hijas, Mari y Ana, que fueron tan importante haberlas conocido como haber leído a su padre. Ellas tienen una cultura y una intuición para ver y sentir las cosas que hasta hoy me siguen asombrando.
-¿Cómo fue el proceso para hallar a los actores?
-La mayoría de los papeles fue pensado para los actores que trabajaron luego en el film. Fueron escritos para ellos, menos el del desconocido, que fue descubierto muy poco antes de comenzar el rodaje, y creo que fue parte del encanto que así sucediera.
-Jaime Roos: Ya habías grabado un documental con él, ¿cómo fue la dinámica de trabajo?
-Jaime es lo mejor que le pudo haber pasado a la música uruguaya, no sólo es el quinto beatle escondido, sino también el Nino Rota del cine uruguayo. La música de Jaime emociona. Y lo más increíble es que a Jaime se lo consideraba sólo como músico citadino, por el rock, el candombe o la murga, pero cuando hizo esas milongas y chamarritas, por suerte traspasó esa frontera. Y en realidad no hubo mucho diálogo, yo le di un off line, le dije por dónde sentía la música, con guitarras y acordeón y luego él hizo el resto. Nunca me voy a olvidar cuando me puse los auriculares para escuchar la banda por primera vez, un disparate.
-Algún crítico sugirió que la grandeza de la película se debía en gran medida a "la modestia como estrategia y arte", ¿estás de acuerdo?
-Yo creo que la película es una película morosoliana. Un señor me dijo una vez, cuando pasé la película en Lavalleja, que era morosoliano. Era la primera vez que escuchaba algo así, y lo único que le pude responder al hombre fue `yo también, y no lo sabía`. Los cuentos de Morosoli parecen cuentos simples, modestos, chicos, y te das cuenta luego, cuando terminás de leerlos, que tienen una profundidad increíble. La película es morosoliana, la estrategia fue no perder nunca ese rumbo, preguntarse siempre, en el guión, en el rodaje y en la edición, si lo viera Morosoli, ¿estaría de acuerdo? Si pensaba que sí, entonces iba por buen camino.
-El guión que estás escribiendo también se basa en una ficción literaria, ¿hay un interés mayor por la historia que estás contando que por la forma en que la contás?
-El viaje hacia el mar es una película bastante contemplativa, de eso se tratan un poco las road movie, el dejarse llevar. Otra historia del mundo basado en la novela Alivio de luto de Mario Delgado Aparaín, es todo lo contrario, es una historia donde intentaré agarrar al espectador por la nariz y llevarlo a la fantasía más delirante y que no dude que lo está viendo es la más absoluta de las verdades aunque lo que esté viendo sea un total disparate. De ahí el título y ojalá pueda lograrlo.