Por: Mariángel Solomita y Mariel Varela
Se había filmado una película, Ismael, y le pedimos el vestuario para el espectáculo de 1961. Estábamos vestidos de blandengues. Ahora está prohibido, te vestís así y vas preso". Ese febrero José María "Catusa" Silva cumplió 19 años y el primer verano en Araca la Cana. Hoy el Carnaval está distinto.
"El Carnaval era burgués: el vestuario se traía de Europa, era importantísimo integrar el jurado, se cantaba de espaldas al público y de frente al jurado hasta que Araca en el `41 se paró de espaldas y miró al público. Lo que se ve hoy en una murga comenzó a fines de los `60, cuando el país se convulsionó hubo que tomar partido y la murga dejó de cantarle a la vida para volverse crítica. Yo digo que la dictadura nos enseñó a escribir porque había que pasar la censura. En Araca entendimos que se necesitaba claridad en el canto, entonces el coro empezó a tener arreglos, se dejó de cantar a tres voces y pasamos a cinco. Los textos se entendían, la gente del teatro se integró a la murga porque se dieron cuenta de que ahí estaba el público. Los tablados se convirtieron en teatros, silenciosos, la gente quería entender todo".
En los últimos años Catusa observó a las murgas jóvenes. "Hay una nueva forma de murga desde la puesta en escena, cada vez es más visual. Hoy todos se animan a agarrar el micrófono. El canto siempre es el mismo, aunque los cupleteros ya no son tan importantes, el cupletero pasó a ser el coro". Reconoce que los dos carnavales anteriores "fueron tropiezos artísticos", había que retomar la identidad, entonces por primera vez en cuarenta años de letrista prestó el lápiz.
"Me traje a estos muchachos de La Clave (Martín Sosa, Cristian Ibarzábal y Martín Perrone). Me di cuenta de que ellos decían lo que yo quería decir pero de distinta forma. Los hinchas veteranos venían a hablar conmigo preocupados de que por primera vez yo iba a escribir sólo la presentación y la retirada. Tuve que prometerles que Araca no iba a dejar de ser `La bruta`. Estoy armando una versión mayor de la murga con gente que le asegure el futuro, que siga aunque yo no esté. Quiero que Araca sea perpetua".
"El que escribe escribe de niño" y Catusa lo hacía a escondidas. Hizo sólo seis años de escuela, "superarme me llevó a pelear con la vida mano a mano todos los días. La murga se transformó en mi estrado. Me permitía decir lo que yo quería y la gente me tomó por un hombre político. Sale caro mantener la independencia, opinar más allá de los partidos". En el `69 ya dirigía Araca y en el `71 empezó a escribir "porque lo que me traían los letristas no me gustaba".
-Usted dijo que escribe con el subconsciente.
-Es cierto, a mí me dan la música hoy y mañana escribí el saludo. Tengo la suerte de que escribo en la noche y en la mañana sé sobre qué escribí pero no qué. Soy un buen juez de mí mismo. Exige mucha concentración. Es como el pintor que mira el lienzo y se imagina qué poner en él y además hay que pensar en la musicalidad de las palabras. El sarcasmo y la ironía hacen reír tanto como un chiste. La personalidad de la murga está en los textos, son la columna vertebral.
SIN TÍTULO. "Si fuera un ser humano diría: un tipo alegre, un poco resentido, frustrado, con bastantes inquietudes". Así es la personalidad de La Gran Siete según Guillermo Lamolle, fundador, director y letrista de este conjunto. "A mí me gustaba el Carnaval pero iba por el ambiente del tablado. Nos colábamos en La Mutual y en El Jardín de las Comparsas pero íbamos a jugar al tablado, no me acuerdo de haber visto nada". Entonces, siendo integrante del TUMP (Taller Uruguayo de Música Popular) lo llamó Silvia Gutiérrez: "Precisaba un bajista, un guitarrista eléctrico y un tecladista para un grupo de humoristas y yo le dije, `tengo los tres`. Nunca había visto un bajo ni un teclado de cerca. Y quedamos. Estuvimos un año en el grupo Las Ranas y no salió más. Dos años después me llaman unos amigos para que arreglara un coro de murga y yo dije, `sí`, tampoco sabía cómo se arreglaba pero aprendí. Era una murga que se estaba formando, no tenía director y no había varias cosas. Siguió cayendo gente hasta que quedó armada y terminó siendo La Gran Siete".
-¿La Gran Siete hace humor absurdo?
-No, absurdo es otra cosa. Es un tipo de humor vinculado al surrealismo, no existe nada en Carnaval que pueda titularse de absurdo. Lo que pasa es que se usa mucho la palabra absurdo para describir cosas un poco loquitas, más alocadas de lo común, no tan estructuradas, ya es absurdo eso.
El 90% de las letras se escriben a partir de noviembre. "Es una cosa cíclica. A mitad de año empieza a revivir y te invade hasta que llega un momento en que estás las 24 horas del día con la cabeza en eso, que es lo que te permite escribir de cualquier tema que se te ocurra". Lamolle escribe solo, empieza anotando "divagues" en la computadora: asociación libre, estrofas, rimas o se le ocurre una idea en el ómnibus y "lo escribo, lo grabo y a partir de ahí arranco". No logra escribir en grupo. Cuando Pablo Nerman (el otro letrista histórico de esta murga) le manda un cuplé, "lo hago trizas siempre porque yo salgo en la murga y él no, él ni va a los ensayos, entonces me considero con derecho, y él me lo da, a agarrar eso y armarlo de nuevo".
No es esclavo del concurso pero "me importa competir y me gustaría ganar", dice, "en eso no soy un bicho raro, pero no sacrifico cosas para tener más puntos". Esto se refleja en el humor que elige hacer. "Yo tengo peleas con otros compañeros que, desde mi punto de vista, son más esclavos del humor y quieren que se ría la gente y les digo, `pará, no da para que se rían`. Con dos momentos cómicos a mí me alcanza, no me gusta que haya partes plomos, de esas que decís, `por favor salí del tablado y andate al Solís`. Y son discusiones de hace años, ellos prefieren sacrificar algo para mí importante con tal de lograr la risa en el momento, y yo prefiero sacrificar la risa con tal de lograr algo que para mí es importante. Uno cede, cede el otro y acá estamos".
Lamolle no titula sus espectáculos. El año pasado lo hizo y lo cambió en cada rueda del concurso. "Me río de forzar un repertorio para que entre en el concepto de espectáculo global". Este año La Gran Siete se presenta con No abusen de Carlitos Prado. Fue un consejo, que "no pusiera el nombre de Carlitos por todos lados y lo agarramos de título porque me encantó". Prado tiene 50 carnavales encima y "con respecto a la risa es bien de otra escuela. Está lleno de piques de cómo lograr el aplauso. Él dice: `si termina el cuplé, mientras el coro hace la cancioncita final vos te quedás así y en el momento en que termina vos hacés así y saludás y la gente se para y te aplaude`. Y es verdad. Lo hace y me mira. Que lo haga él me hace reír y está bueno".
MALDITO HUMOR. Este año Diego Bello está del otro lado del mostrador. Es presentador del tablado del Defensor Sporting y escribe para Los Muchachos y La Clave. Luego de tres años ajetreados en A Contramano, con más de 120 escenarios y giras, necesitaba un descanso. Pero la amistad pesó más y aceptó las propuestas de Rafael Cotelo y Marcel Keoroglian. "Ahí se armaron dos líneas de trabajo. En La Clave escribí un cuplé y medio todo de a pedazos, el sistema de trabajo era que nos mandábamos todo con Marcel e íbamos corrigiendo. En Los Muchachos funcionó un poco distinto porque es más hablado y se hizo un trabajo unitario con una sola historia de principio a fin. El director artístico ("Coco" Rivero) iba pidiendo escenas y nosotros las mandábamos".
Se subió por primera vez a un escenario a los 17 años. "El comienzo fue duro porque era muy poco frecuente que menores salieran en las murgas. No existía la Movida Joven y tenías que destacarte mucho para hacerte un lugar". Integró varias murgas de las que lo echaron o dejaron de salir. Llegó a La Gran Muñeca y se quedó "un ratito", tres años. Luego una década junto a La Margarita y tres años más en A Contramano, donde consiguió un bi campeonato. Las mudanzas, dice, tienen que ver con "la construcción de ir buscando a ver en qué lugar me sentía cómodo". En el Defensor ya no mira las murgas mientras actúan: empezó a extrañar. El año que viene tiene ganas de volver al Carnaval.
-Ahora que estás abajo, ¿es más fácil subirse a un escenario que escribir?
-En algún punto sí. Es diferente totalmente. Creo que el tema del humor tiene mucho que ver con la sensación de angustia. A mí me da una cosa así cuando no me sale, es como tener una cosa acá adentro que no sabés por dónde canalizarla. Cuando estás en esos procesos que tenés que generar el humor porque tenés que entregar las letras es tremendo. Y a veces sale, otras sale una porquería que no se puede creer y lo mirás y decís, `¿cómo escribí esto?`
Hizo un taller con Fernando Schimdt que no terminó por perezoso pero sigue sus recomendaciones, "por ejemplo escribir diariamente aunque lo vayas a tirar por un tema de ejercicio y tiene razón. Es cuando estás generando que te aparece algo. A mí me cuesta mucho escribir cuando sé que no lo voy a interpretar yo. Tengo la tendencia a escribir una cosa que sé cómo la voy a hacer, acá tuve que trasladar, fue un aprendizaje. Me vuelco naturalmente hacia el humor. Me gustaría también escribir otras cosas pero no es el momento. Creo que tengo que aprender a manejar las palabras sobre todo".
Es un obsesivo de la información. "Me siento cómodo con la realidad, los temas políticos son la cuestión primera. Cuando Marcel me contactó la idea de La Clave ya estaba, entonces fueron surgiendo temas, distintas formas de ver los cuplés. Algunos funcionan y otros se descartan. Habíamos escrito algo del censo que decidimos sacar porque todo el mundo iba a hablar de ese tema. Es lo que tiene la murga, sabés que determinados temas tienen que estar pero la cosa es cómo los abordás. Si no los tenés, la gente te dice, `ah, pero no tenés tal cosa...` y si los tenés, te dicen, `ah, todo el mundo lo tiene`. Es complicado".
RETOMAR EL RUMBO. "Digamos que le tiré abajo la canción a Jaime Roos -y Raúl Castro-, `que el letrista no se olvide de los hombres de corbata...`, bueno, yo fui un hombre de corbata que se animó a ir a ensayar. Trabajé hasta el `96 en Sudantex y era horrible de visto meterse con la chusma del Carnaval, entonces estuve como tres años clandestino. Después de que se empezó a filtrar el nombre me preguntaban y yo decía que era de unos amigos y que yo sólo les escribía, un poco lo de Álvaro García. Después fue incontenible".
Sin embargo, es cierto que Gustavo Cabrera, fundador, director y letrista de A Contramano, empezó escribiendo por necesidad, sino Real Envido no salía. "Se nos venía el Carnaval encima y no había quién escribiera `¿Vos te animás a escribir aunque sea las puntas?` Hice mi primera experiencia, escribí presentación y retirada. Al año me di cuenta de que necesitaba mi propio proyecto porque ellos tenían una forma de funcionamiento muy anárquica y yo venía con la cabeza de la empresa privada y quería aplicar la optimización de los recursos humanos y la calidad total. Con un grupo escindido de esa Real Envido fundamos A Contramano un 20 de mayo del `92".
La murga mantuvo un perfil bajo hasta el `99 cuando salieron segundos, detrás Diablos Verdes. Cabrera dice que hay un antes y un después artístico desde el espectáculo de 2003, El loco manicomio. "De ahí en más estábamos obligados por nosotros mismos a hacer espectáculos de envergadura. La gente espera propuestas inteligentes y finas. Muchos de los hinchas históricos nos cobran que habíamos abandonado un poco la parte crítica y contestataria (de 2009 a esta parte). Yo creo que este año hay un balance. Algunos compañeros dicen que es una mezcla de 2005 cuando hicimos En busca del hombre nuevo y 2009 (La Familia), entonces recuperamos parte del decir anterior. Hay gente que nos cobra que renunciamos a tomar posición ante los grandes temas para ganar pero el Uruguay de 2009 no era el mismo que el de 2002 que nos llevó a escribir El manicomio".
-El humor entonces...
-El humor yo creo que es un aditivo dentro de lo que es el reglamento. En la década del `90 no precisabas humor para ganar pero en el siglo XXI es un ingrediente básico. Los letristas de Carnaval tenemos que tener muy buenas orejas y capacidad de observación para saber por dónde van las inquietudes de la población. Cuando encontrás ese camino tenés la mitad del partido ganado. No es que salga a decir lo que quieren escuchar, sino que salgo a plantear temas que están en el colectivo imaginario.
La murga de Cabrera también elige trabajar de forma colectiva. "Los técnicos estamos todos adentro. Lo único que tenemos afuera es el vestuario porque no tenemos tiempo de sentarnos a coser. Pero los letristas, los tres (Fernando Esteche, Pablo "Pinocho" Routin y Cabrera) salimos. El primer bizcocho lo armamos Pinocho y yo generalmente, después lo compartimos con Rafa Antognazza (arreglador musical) y Esteche y luego baja al resto del grupo para empezar a nutrirse. De esta manera si un año Pinocho y yo aflojamos porque las musas están apagadas, pasa como en el ciclismo, siempre hay alguien que tira y los otros acompañan en el pelotón".
De alguna manera, Cabrera quiere mantener en su murga la cultura de boliche, aquella en la que el joven aprendía del veterano. "Antes estaban las cantinas de los clubes deportivos. Yo iba a jugar al billar y había tres viejos en el mostrador que cuando me hice más grande me invitaron a tomar una copa y me iban pasando piques, valores y códigos. Ese encuentro se perdió, pero la murga un poco aglutina eso, lo tenemos, somos los veteranos que aprendemos de los jóvenes y ellos de nosotros. Creamos un espacio fuera de lo que eran las cantinas de barrio de hace 20 ó 30 años atrás".
Hace cálculos: los espectadores del tablado, el Teatro de Verano más los de la televisión deben sumar unos 500 mil. "Es mucha más tribuna de la que tiene cualquier político en campaña electoral. Tenemos que ser muy conscientes de ese privilegio, de ese espacio comunicador, por eso cuando tenemos que decir algo lo encaramos con muchísimo respeto. Porque aparte cada cosa que decimos estoy dispuesto a aguantarla en un debate televisivo con los involucrados".
El ser humano es hincha del éxito y A Contramano lo tiene claro. La frase de La Familia ("Vos no sos normal") vendió 4500 remeras y más de 2000 discos. Y se instaló el tema del merchandising. "Es inevitable porque la gente busca pertenencia, identificarse como pasa en el fútbol. La gente quiere tener algo que diga, `yo soy de esto`".
-¿Qué se siente ganar?
-Es divino pero sobre todo porque es el reconocimiento a un esfuerzo. Vos ves pila de gente que sufre, yo tengo cultura de levantar caídos, me ha pasado tanto porrazo que cuando quedan tirados en el piso los voy levantando de a uno. Y te vas endureciendo, te vas curtiendo. Pero no tiene que ser lo primordial. Me parece que hay una sola cosa que no se debe perder en el Carnaval: la capacidad de emocionarse con la belleza ajena.