Palabras inconformes

Entrevista con Tabaré Rivero, el músico que canta abatiendo a las medias palabras.

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Por: Mariángel Solomita

Tabaré Rivero se dejó la barba. Estuvo internado por un dolor muscular y hasta que la molestia no se vaya la barba se queda. Trae un gorro puesto, pero aún así, aunque esté de espaldas a la puerta de entrada del bar, aunque hable tan rápido y bajo que no se distinga a la voz de La Tabaré, no dejarán de saludarlo. Como a un viejo conocido al que se quiere y al que, a dos días de Año Nuevo, es una suerte encontrarse. Comensales, mozos, un vendedor ambulante. Termina la entrevista y el músico casi no puede despedirse: otro hombre lo agarró con un abrazo y lo arrastra por la calle Cuareim. Probablemente sea la primera vez que se hablan.

Desde hace unos días la editorial Aguilar presentó La culpa es mía, biografía inconclusa de Tabaré Rivero, escrito por Federico Ivanier. De este libro, de qué música quiere hacer La Tabaré (que prepara un disco doble y un DVD), de una banda que se abrió camino a los codazos y ya tiene 25 años, "madura, más allá de mi propia madurez", y de otras cuestiones creativas se habló durante esta charla.

-Primera cita del libro: "Yo no tengo orgullo. No siento orgullo por las cosas que he hecho, porque siento que las he hecho de casualidad".

-Obviamente que mi vida me dio mucho trabajo pero creo que todo lo que me ocurre a mí es por casualidad, y como lo dice ahí y queda a pasar, como que mi vida ya está escrita, ¿no? Lo bueno que me pasa tenía que ser así, y me pasaron una cantidad de cosas íntimas muy buenas. Yo digo, hice poco esfuerzo en la vida, sobre todo artístico, si bien estudié y me di la cabeza contra la pared también por otro lado pienso siempre que no soy un tipo que tenga condiciones naturales para la música, he ido elaborándolo a través del tiempo.

-¿Y no hay mucho trabajo detrás de eso?

-Le llamo trabajo a la Intendencia, soy empleado municipal y tengo que ir a la Intendencia y marcar tarjeta, me causa un profundo desplacer y no tengo más remedio que hacerlo porque de la música no vivo. Lo otro no, me causa gusto escuchar música, componer una canción, tratar de mejorar un texto que escribí para sentirlo bien del todo, cuando el texto está por completo acabado es un placer enorme.

-Dani Umpi dijo de tí: "él canta lo que la gente piensa", ¿qué te parece?

-Gran amigo. Yo canto lo que la gente piensa pero no dice. Canto lo que alguna gente piensa y le gusta escuchar en las canciones y sentirse reflejado. Alguna gente, de todos modos, creo que no es exactamente lo que el gran público piensa. Y creo que ahí está un poquito la originalidad también. Y menos que menos en lo que el gran público quiere escuchar.

-¿Escribís mejor?

-Sí. Escribo mejor y sobre todo canto mejor que cuando empecé, y no es que ahora cante bien es que cantaba muy mal. He aprendido mucho en estos 25 años como artista -ni sé si va conmigo la palabra artista- pero sí como persona y eso se ve reflejado en los textos.

-Y en tu relación con el público...

-Bueno, en eso en un 100%. Cuando veo entrevistas filmadas, capaz que no me arrepiento de ninguna canción pero sí de la actitud, muy displicente. En ese momento estaba muy fastidiado con el mundo y con la vida, y si bien hay cosas del mundo y de la vida que no me siguen gustando, por lo menos no hago culpable al público de eso.

-¿La rabia sigue siendo la mirada desde donde creás?

-La rabia es una característica en mí que he sabido dosificar mucho o al menos convivir con ella sin que me hiera, antes escribía las canciones no del punto de vista de la rabia sino del punto de vista del tipo herido, del dolor. Y lo sacaba con rabia hacia fuera, no lo sacaba melancólicamente al dolor mismo. Ahora tengo muchas cosas lindas en la vida y no tengo tanta rabia, estoy muy agradecido. Pero creo que toda canción es una canción de amor, aún aunque uno esté puteando a la burocracia, bueno es una canción de amor a la vida y entiendo que la burocracia afecta a la vida.

-Cuando cambiaste el rumbo de la banda hacia un lado más acústico dijiste que era volver a la naturaleza del músico, ¿cómo te sentís hoy como músico?

-Siempre me siento que tengo que dar algo más y siento que estoy mutando constantemente, que de pronto quiero hacer jazz y de pronto me doy cuenta de que estoy en Uruguay y no tiene mucho sentido hacer jazz, que debería hacer candombe, sin embargo me doy cuenta de que vivo en el barrio Palermo, que el candombe si bien lo respeto mucho no me conmueve, entonces me vivo cuestionando si es bueno darlo, por qué tengo que imitar a una banda anglosajona...

Desde otra mesa se acerca una chica. "Disculpame Tabaré, pero pudiendo terminar el año de una manera tan linda, ¿por qué no?" Y le da un abrazo. Tabaré, abraza, saluda y desea un feliz año. Vuelve a la entrevista con una sonrisa como gesto. "Bueno, es lindo sí. Después están los que te gritan por la calle `aguante La Tabaré loco` y me piden plata..."

-¿Cómo querés que escuchen a La Tabaré?

-Yo creo que el público que está escuchando La Tabaré hoy es el público que quedó de los años `80, y que entendió el cambio, o un público nuevo que entiende que una canción está conformada por un texto que puede ser interesante, y por unos arreglos musicales que hacen una canción, que pueden ser interesante también, vibran no saltando, sino desde adentro, desde las entrañas. Y que el público vibre eso como lo puedo vibrar yo, que diga, `ahí se puede estar equivocando`, `ahí está desafinando`…y no aquello que era simplemente una hinchada como de fanáticos, de cosa rabiosa; disfrutaban más la actitud que las canciones. A veces yo me quejo mucho de que soy más famoso yo que las canciones y no me agrada nada. Me gustaría pasar desapercibido y que la gente aplaudiera o escuchara todo el día mis canciones, por eso envidio a Los Redondos.

-¿Cómo arman las canciones?

-Llevo la canción armada, grabada en un mp3, mi guitarra y yo. Luego hago una copia para los músicos, ellos se la llevan a su casa, la escuchan, la traen al ensayo y sobre esa canción empiezan a agregar instrumentos y a conversar. Lo arreglan todo ellos, que es un trabajo muy lindo y muy difícil; que una canción en definitiva sea linda es lo que los músicos aportan.

-¿Cambió tu actitud con los músicos?

-Como yo no soy un gran músico siempre dependí mucho de los músicos para que hicieran los arreglos, pero más allá de eso de no ser un buen músico, yo quiero que La Tabaré sea una banda, y por eso siempre se llamó banda. Con algunos músicos me llevé bien con otros no tanto. Otros se llevaron mal entre ellos, no siempre fue por mí que se fueron los músicos, a veces hasta por cuestiones económicas.

-¿Nunca quisiste cantar solo?

-Nunca, y siempre le di a todas mis cantantes un lugar protagonista.

-Y eso también jugó en contra...

-Sí, de hecho el público al no verte como un músico solista extraña verte con tal o cual guitarrista...

-¿Es mucha presión?

-En realidad no me interesa. Me han comentado por la calle `che, qué vuelva Alejandra (Wolff)`, `qué vuelva Mónica (Navarro)`, `que vuelva Andrea Davidovics`, pero nunca me han hecho notar `no escucho más la banda porque no está tal guitarrista o tal cantante.` Sobre todo al público no le gusta que yo me haya peleado con algunos integrantes.

-Creo que no terminaste de decirme cómo te sentís como músico.

-Las máquinas, a mí particularmente, no me aportan mucho. En un momento yo estoy convencido de que el público dejó de preguntarse qué tiene una canción, qué dice la letra, o si tiene rabia, o si tiene ternura, o si tiene melancolía, para preguntar simplemente cómo suena. No te dicen cómo es, qué tiene adentro, qué quiere decir, qué me está transmitiendo, lo único es preocuparse por el sonido. Creo en volver a la canción propiamente dicha, letra música y guitarra sola, yo lo haría así, quisiera ese disco más minimalista: guitarra, bajo, una percusión y las dos voces, nada más, de pronto un piano, pero no mezclar esa pared de sonidos que sacábamos en el disco Yoganarquía (Ayuí, 1997) o Que te recontra (Ayuí, 1999). Quiero volver justamente a la raíz y bueno, el ser uruguayo me hace pensar cuáles son las raíces. Busco constantemente qué decir, que se mezclen las dos cosas, uruguayo, montevideano, que le gusta mucho el rock -el rock de verdad no el rock de vacíos- pero que a su vez está acá, ubicado en este lugar del mundo tan especial.

-¿Qué es lo que te provoca escribir?

-Los cambios que voy descubriendo, cómo siento el amor por la gente o cómo siento el desamor por la gente. Mis rabias están presentes, yo siempre le encuentro la quinta pata al gato, pero ya no quiero sacarla de modo violento musicalmente. Sí me gusta en la letra poder transmitir esa quinta pata al gato que descubrí por ahí, y a veces me equivoco como loco eh, encuentro la quinta pata al gato y es una pavada lo que descubrí.

-¿Cómo filtrás las que son una pavada?

-Por suerte nunca tuve que grabar un disco por año sino hubiera cantando muchas tonterías.

-¿Las canciones llegan rápido?

-Siempre ocurre que uno está más inspirado en un momento de inestabilidad emocional, inestabilidad ya sea por alguna penuria o por algo maravilloso. Ahora me puede pasar también que esté muy feliz o muy conmovido por algo agradable y eso también me lleve a escribir algo no necesariamente agradable. Pero sí me pone en un estado de necesidad de escritura, de expresar algo que no es cuando estoy en paz y tranquilidad. Yo en paz y en tranquilidad no escribo. Por suerte no estoy mucho en paz y en tranquilidad, sin embargo estoy deseando no escribir más. Soy un tipo bastante desequilibrado emocionalmente, aprendí a manejar ese desequilibrio con la vejez.

-¿Qué te pasa cuando lees este libro?

-Me arrepentí un poquitito de algunas cosas íntimas que conté. A parte me pregunté si era bueno que el público, si era bueno no, si era interesante que el público supiera algunas cosas. Yo creo que las partes más interesantes que me pasaron en la vida…porque yo le dije a Ivanier en un momento, `a mí en la vida no me pasó nada interesante` y era mentira, me pasaron un montón de cosas extremadamente interesantes pero que no creo para nada, y por eso no están, que al público le vayan a interesar. Porque tiene poco que ver con…

-¿Con el Tabaré que conocemos?

-Sí y con cosas que a mí no me importan leerlas en otros artistas entonces preferí callarme la boca. Me interesaba que apareciera eso que tenía que ver con el Tabaré que era un joven en dictadura y que hizo música que hablaba de eso y de algunos dolores, pero siempre pasándolo por el filtro del lado artístico sino no tenía mucho sentido. Me daba mucha vergüenza; inclusive hoy me da vergüenza esto de que haya un libro en vida contando mi historia.

El mozo se acerca a la mesa junto a un chico más joven: "Te voy a pedir una foto con mi hermano". "Es mi ídolo", explica este hermano. Sacan la foto. "Arriba loco, muchas gracias, buen año", le dice Tabaré.

-Y bueno, es lindo, pero a veces me dan ganas de preguntarles `a ver, decime dos canciones de la banda a ver si conocés.` Si me dicen que no…te vuelvo a repetir, de Los Redondos de Ricota la gente conoce las canciones de todos sus discos y no conoce las caras de ellos.

-Eso es lo que te gustaría que pasara contigo.

-Absolutamente. Pasar yo mucho más desapercibido y que todo el mundo conociera las canciones, las cantara en todos lados. Sería mucho más lindo.

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