Buenos muchachos se pule la colmena
¿Cómo hacer para que el sonido de un violín suene oscuro? Superponerle la voz agrietada de Pedro Dalton parece ser la receta. Al menos es la que aplicó Buenos Muchacho en su último disco Se pule la colmena, y funciona. Esa voz demuestra que no solo es parte responsable de los climas que transitan los discos de la banda, sino también de una estética que se construye en conjunto con el sonido de los instrumentos y que se desarrolla con independencia de esos mismos climas que transmiten las canciones. Como en un puzzle donde definitivamente todas las piezas encajan. Violines, percusiones, guitarras acústicas, recitados, un coro que interpreta un canon, e incluso así, esté disco sigue siendo Buenos Muchachos. Al fondo aparecen las guitarras eléctricas, el bajo y la batería. Y sin embargo, en todo se percibe la personalidad propia de la banda. Canciones como Pol parecen cabalgar entre ese sonido "pesado" con el que se asocia generalmente a Buenos Muchachos y la sonoridad más liviana, o pulida que aparece en esta colmena.
Aunque bajo el nombre Se pule la colmena se presentan dos discos, A y B, que simulan las caras de un vinilo estamos frente a una unidad. Un disco que, integrado por dos CDs, puede escucharse perfectamente de corrido. El sonido y la voz de Dalton no son los únicos hilos conductores de estas 20 (14+6) canciones. Aparte hay una poética, una forma de desarrollar las canciones con pocas palabras, adjetivos fuertes y destellos líricos. Son letras en las que importa menos lo que se dice que la imagen que se transmite, letras en las que lo que verdaderamente importa es crear y transmitir una sensación. En esa línea, es consistente con Buenos Muchachos que el primer corte de este disco nuevo sea una canción llamada Beefheart cuyo estribillo repite "corazón de carne/ yo quiero esa carne". Es consistente y también un privilegio exclusivo. (X.A.)