My morning jacket circuital
Jim James parece ser un tipo simpático. Y algo excéntrico. Al menos es lo que trasciende de algunas de las entrevistas que ha concedido. Algo pasado de kilos, con una barba indómita y un peinado que seguramente nunca supo de inventos como la gomina, James es inusual como estrella de rock. Como líder de My Morning Jacket, esas cualidades lo han ubicado a medio camino entre la popularidad -este disco entró directamente al puesto 5 en la lista de ventas de Estados Unidos-y la fidelidad recelosa que suele acompañar a las bandas de culto. Eso y las canciones, claro. Trece años de historia, cinco discos previos y canciones hechas con pasión e ímpetu explorador fue el camino recorrido hasta ahora. Es un camino bastante convencional en el rock. Hoy, cuando la abundancia musical es el rasgo dominante -proliferan los lanzamientos especiales para empresas o marcas, los EP`s, los remixes- My Morning Jacket opta por hacer su trayecto con una serenidad atípica, lejos de la velocidad que el mp3 y la conexión de banda ancha le imprime a la circulación de canciones y discos. Como si estuviesen comentando ese circuito cada vez más vertiginoso, James canta en Wonderful, el mejor tema del álbum: "Me importa. Me llevó mucho tiempo llegar hasta aquí. Si hubiese sido fácil, no me hubiese tomado el trabajo". He aquí un hombre, y una banda, que no elige el camino más rápido. La fragilidad de James al interpretar esa declaración de bienestar y felicidad -un estado casi zen- es uno de los grandes momentos de Circuital. También sirve para dar cuenta del rango sonoro que My Morning Jacket maneja. Apenas dos temas después viene Hold On To Black Metal, un tema que de metal tiene poco pero que igualmente derrocha intensidad y furia. Entre esos polos se mueve Circuital, pero los límites entre una y otra zona nunca son nítidos. Y es justamente ahí, en esas transiciones imprecisas, que James y los suyos consiguen uno de los discos de rock más destacados y fascinantes del año. (F.M.)