La saga en medio del vendaval

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Por: Mariel Varela

La estantería se movió con fuerza pero el cimbronazo se usó en pos del arte y sirvió para que Nicolás Bagattini (vocalista y compositor) y Daniel Azzoni (guitarra y coros) salieran del paso por el lado de la inspiración. El 2008 los encontró mal parados. Sin tres de los cinco miembros originales, La Saga quedó a la deriva. A nivel personal también reinaba la confusión: Nicolás había dejado su carrera de médico después de doce años y Daniel se encontraba perdido sin Pablo, ex guitarrista del grupo y amigo de la infancia. El quinto disco de la banda nació rodeado de incertidumbres bajo la producción de Rodrigo Gómez (ex vocalista de Sórdromo), que fue relevante en la escena durante la etapa de mezcla de canciones. El vendaval se forjó, entonces, en medio de un tremendo sacudón y trajo consigo un nuevo comienzo para el conjunto. Hubo cambios trascendentes que superaron la mera cuestión musical y estuvieron vinculados a la elección e incorporación de nuevos nombres para terminar de afianzar el equipo. Damián Silva (bajo), Nicolás Constantín, (batería) y Agustín Ferreyra (guitarra y coros) llegaron para suplantar a los que se habían ido, y así quedó re armada La Saga.

El quinteto hará la presentación oficial de El vendaval el jueves 11 de noviembre en La Trastienda, a las 21:30 horas. Innovación y "rock de canciones" definen la integridad de sus trabajos discográficos. "Los estilos están un poco al costado. No importa si mañana tocamos un candombe, si vale. Lo que interesa es lo que se transmite", intenta explicar el concepto Nicolás. En esta ocasión, el tema Ir se sale del sonido típico y característico al adherir murga a la tradición musical de la banda, un ritmo que aún no se habían animado a probar ni experimentar. Rodrigo Gómez fue pieza clave en la incursión de este género: "Cuando él entró, dijimos, hagamos algo con una murga que no se haya hecho todavía. ¿Cuál sería la opción", cuenta Nicolás. Y el resultado quedó patente en este segundo track de El vendaval.

Nicolás Bagattini y Daniel Azzoni se conocen de memoria. Se hicieron amigos compartiendo pupitre en el Liceo Francés, y desde cuarto de escuela se volvieron inseparables. "Como en aquella vieja época, Dani sigue tocando cien veces mejor la guitarra que yo. Por eso me dedico a escribir las canciones y se las tiro", bromea Nicolás. Los dos miembros más antiguos del grupo conversaron con Sábado Show a propósito del lanzamiento, el proceso y las características de El vendaval. Relataron, además, los inicios, evolución, crecimiento musical y personal de La Saga.

Historia. La Saga se formó en 1997 con otra nomenclatura que los muchachos prefieren no dar a conocer: "Hay un nombre oculto que no será revelado jamás", dispara Nicolás. Durante cinco años permanecieron encerrados en una fábrica abandonada que oficiaba de sala de ensayo. Desde allí componían, cantaban, tocaban pero no salían, salvo raras excepciones: "Nos presentábamos en algún concurso o tocábamos en las fiestas del Liceo Francés", agrega Daniel.

De 1997 a 2002 podría decirse que la banda fue un simple hobby para estos veinteañeros. Pero la decisión de sacar un disco supuso un paso adelante y colocó a estos jóvenes, que habían permanecido un lustro refugiados en esa fábrica, de cara al mundo exterior. Convencidos de que ya era tiempo, recurrieron a Juan Campodónico, que en aquel entonces trabajaba con No Te Va Gustar y Jorge Drexler. "Fuimos ilusos a hablar con él pensando que nos iba a producir", cuenta Nicolás. Grave error: Compodónico se negó pero no los dejó en banda, sino que los puso en contacto con quien sería el gran mentor de La Saga tiempo después, Julio Berta. Él es ingeniero de sonido, trabajaba con Campodónico en aquella época y es responsable de mezclar las canciones desde los orígenes del grupo. "No trabajamos ningún disco sin Julio. Crecimos juntos", señala el vocalista. Nicolás y Daniel reconocen en Berta algo más que sus dotes como sonidista: los guió en el rumbo artístico. "Quizá nosotros no sabíamos exactamente qué queríamos pero por lo poco que él veía, nos sabía encaminar", justifica Daniel. "Tuvimos suerte porque desde el primer momento estuvimos con gente que tenía claro qué quería hacer, y fuimos aprendiendo con ellos en el transcurso", complementa Nicolás.

Diferente. Encontrar un reemplazante para Pablo resultó más complejo de lo previsto: "Estaba toda la vida compartida musicalmente hablando y jamás íbamos a encontrar un sustituto para él", comenta Daniel. La necesidad de incorporar un nuevo guitarrista se caía de maduro, y sucedería en algún momento, pero Daniel optó por posponer la elección hasta tener el disco pronto, y recién después, comenzó a buscar. "Quise tomar la responsabilidad de crear todas las guitarras que hay en el disco y grabarlas yo", subraya. A la despedida de un gran amigo y compañero, se sumó el desafío de realizar una obra entera de violas en soledad.

El vendaval sufrió varios quiebres durante su proceso de creación que impusieron cambios respecto a los discos anteriores. Tras la retirada de Pablo, desapareció la interacción e intercambio de personalidades característico del trabajo en grupo, o al menos, no ocupó el rol determinante que había tenido en la historia de La Saga. "Las canciones que yo hacía llegaron a Dani, a través de él fueron al ensayo, y la interpretación fue diferente", explica el vocalista. "Hicimos un disco entre cuatro y no entre cinco, como lo habíamos hecho siempre", complementa Daniel.

En ese interín, los dos más experientes del equipo se encontraron entrenando a los novatos en un acto bien natural y espontáneo: "Fueron creciendo los chiquilines que habían entrado recién a nuestro lado y nunca habían grabado un disco. Entonces nosotros nos transformamos en algo distinto a lo que habíamos vivido con los ex miembros de la banda", indica Nicolás. Cada nueva creación -sea un disco o una canción- trae un descubrimiento debajo del brazo. Esta vez, la retroalimentación se llevó el protagónico de la historia: esa enseñanza a los recién llegados derivó en un aprendizaje para los más veteranos de La Saga. "En ese proceso, cada vez que hacíamos algo nos dábamos cuenta de que estaba bueno, era diferente, nos identificaba, y era producto de muchas cosas lindas que habíamos aprendido", confirma Nicolás.

De cero. Si seguimos adelante con la banda, vamos a hacerlo bien. Seamos capaces de percibirlo como un deseo y no como una obligación. Replanteo natural mediante producto de la ida de tres miembros y amigos, Daniel y Nicolás decidieron jugársela y continuar por el camino de la música. "Ese querer hacer las cosas fue como un estallido de emociones que fueron saliendo de Nico y de mí en una etapa complicada en la vida de ambos", relata Daniel. Seguir adelante con la banda motivó un crecimiento profesional y personal que acabó en un encuentro identitario favorable para la banda: "Dejamos de preocuparnos de que sea tal cosa dentro del rock y por eso es distinto a los discos viejos", dispara el cantante.

Gran parte de esa confusión que atravesaba Nicolás era causa de un conflicto vinculado a sus estudios, y nuevamente un abandono -esta vez de carrera- terminó siendo básico para terminar de conformar la esencia de La Saga. "Empecé a trabajar y me di cuenta de que no tenía nada que ver con lo que había estudiado. Entonces me fui de viaje, me divertí, y cuando volví me di cuenta de que mi casa estaba llena de guitarras, letras y que no habían libros", relata a propósito de ese redescubrimiento.

Aire renovado. La tormenta de emociones y cambios dio paso a la estabilidad. Y el resultado tangible de ese cúmulo de sentimientos y aprendizajes que tocó a cada miembro de forma especial fue el disco. "Fue como si hubiera venido un viento, nos hubiera movido todo de lugar sin destruir, y hubiera dejado una nueva realidad", expresa Nicolás. Durante la etapa de composición sucedieron destrucciones en sus vidas, y situaciones que los marcaron, pero nada que no pudiera revertirse y volver a acomodarse. Ni un huracán ni un tornado. Los chicos optaron por El vendaval con el fin de transmitir la sensación de "calma después de la tormenta" (Daniel) así como "la transición hacia algo mejor" (Nicolás).

"Un relato cantado sobre lo que se deja atrás. Una rara mezcla entre esperanza y nostalgia..." Es la frase presentación del perfil de Facebook de La Saga, y mediante ella los músicos pretenden resumir buena parte de la definición y motivación de El vendaval. "Cuando surgió el nombre nos dimos cuenta de que el disco era, en realidad, un relato de una historia que comenzaba", comenta el vocalista del grupo. Y no es casual que Color haya sido el tema elegido para abrir este último trabajo discográfico. En un principio, Daniel pensó que Contrario era la canción indicada para arrancar. Pero después, rumbeó para otro lado, y sin esfuerzo. Hay temas que quedan por el camino, pero Color resultó especial también en ese punto: "Me acuerdo que fue el primer tema que le mandé a Dani, y me dijo, bo, está buenísima". Fuerza, ritmo y mensaje se combinan en esta melodía para transmitir con fidelidad aquello que La Saga busca contar: "Habla de despertarse, de empezar a dejar cosas atrás en busca de un camino nuevo en el cual te sentís cien veces mejor, aunque cueste irse", sintetiza Nicolás Bagattini.

Nacimiento de ir

Nicolás y Daniel comparten un mecanismo de composición. El vocalista le envía todas las canciones que realiza para que su amigo y guitarrista de La Saga le otorgue el visto bueno. "Hay algunas canciones que se las tiro y las defiendo mucho. A pesar de que él sienta que no, yo siento que están buenísimas", dice Nicolás. Ir fue un ejemplo de esas situaciones en que no se ponen de acuerdo pero el cantante decide mantener su postura. Y esta vez su firmeza estaba justificada: "Ir es la canción que más me gusta del disco. Es el mensaje, la esperanza".

La historia de este tema es bastante peculiar y se remonta al 2007, cuando entre los planes de Nicolás aún figuraba recibirse de médico y trabajar de por vida con la túnica blanca."Nació una noche en una guardia de neonatología del Pereira Rossell, a las cuatro de la mañana", relata para ponernos en contexto. La melodía brotó después de un nacimiento. "Recuerdo que me estaba yendo a acostar y tenía una melodía y un comienzo de letra (Con ese brillo involuntario que atropella, llego cantándole a las flores)". Advirtió que el ritmo tenía un dejo murguero recién cuando llegó a su casa. Después de dormir unas horas, "la grabé y se había transformado en una murga. Y era una murga de La Saga. Una cosa rarísima para la banda pero, sobre todo para Dani, que no le gustaba la murga", concluye.

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