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El grupo de teatro catalán se presentó en el Teatro Solís con la ópera Orfeo ed Eurídice, que cerró su temporada de ópera. Sábado show habló Carlus Padrissa, uno de los fundadores del grupo.
Por: Ximena Aleman
"Es interesante como todo va y viene. Si no tomas las cosas en el sentido de no hay mal que por bien no venga te vuelve todo lo bueno. Pero claro ese lo puedes decir si tiene suerte, en cierto modo. Si estás hecho polvo, sin un duro, te cagas en la madre que los parió a todos. Entonces ya no lo puedes tomar todo bien. Pero sería absurdo si te va bien ir diciendo que todo es malo", reflexiona Carlus Padrissa, fundador del grupo de teatro catalán La Fura dels Baus. A ellos les ha ido bien. Surgido en 1979 en Barcelona como teatro callejero, la Fura dels Baus dejó la escena alternativa para constituirse en una compañía teatral de alto vuelo que ofrece mega espectáculos como el que con motivo del festejo del Bicentenario presentaron en Montevideo en la Plaza Independencia el 10 se setiembre pasado. Padrissa volvió a Montevideo para dirigir los preparativos de la ópera Orfeo ed Eurídice que se presentó como cierre de la temporada de ópera del Teatro Solís. En esa oportunidad habló con Sábado Show.
-¿Qué quiere decir la Fura dels Baus?
-Una fura es un hurón. Baus es un toponímico, es el nombre de un lugar donde íbamos a jugar tres del grupo. Allí tiraban basura y podíamos encontrar desde una bombilla a una botella y como había basura no tenías que limpiarlo. Había sorpresas allí. Podíamos bajar haciendo sky y levantando polvo. Era un lugar muy divertido y lleno de ortigas. Cuando creamos el nombre del grupo uno dijo "fura" y otro "baus" y otro propuso ir a tomar una cervecita para resolver el dilema. Yo dije La Fura dels Baus. ¡Yo soy especialista en articular! Es un nombre mágico, es mántrico, a la gente le gusta pronunciarlo. Es un nombre creado colectivamente entre cuatro personas. Todos participaron. Hasta el que no dijo nada fue importante. El no hacer es importante, si tú creas a lo mejor creas porque estás con alguien que no crea pero está contigo y simplemente te deja hablar, no te tapa. Este concepto del no hacer en la creación en La Fura siempre lo hemos tenido, solo con la sinergía. La creación colectiva tiene eso. Nosotros somos un grupo donde hay gente que hace y gente que no hace y los que no hacen son importantes. Es como Don Quijote y Sancho Panza.
-Se ha hablado mucho del lenguaje furero. ¿En qué consiste?
-Es un actor que desafía la ley de gravedad, es un teatro físico y multidisciplinar. Suma todas las posibles disciplinas escénicas y actúa reaccionado con el público. En el teatro furero la cuarta pared se rompe y rodeas al espectador. Buscas siempre alterar físicamente la escenografía. Cuando estábamos en al calle buscábamos usar los edificios y romper paredes.
-¿Qué papel tiene el cuerpo en este tipo de teatro?
-Cuando el cuerpo desaparece, desaparece todo en el teatro. En el teatro todo es muy efímero, entonces no queda nada más que el hecho. La obra nuestra es totalmente efímera. Son vibraciones que pueden quedar en un espacio, si haces magia a lo mejor quedan en un casete. Pero en general no es más que el recuerdo de la gente y la gente lo puede recordar relativamente poco tiempo. Por lo tanto, el teatro es un gran arte que se diluye en la nada. No queda nada, es efímero totalmente. Hay que estar, esa es la gracia. Las coordenadas x, y, z. Es un punto donde coinciden un espectáculo, una persona y un actor. Eso es La Fura y cualquiera que haga teatro y la ópera también. Pero a la ópera al menos musicalmente la han podido transcribir. Pero en nuestro teatro eso se da menos, por que no hay una norma, el actor va por libre, son como piezas de ajedrez que nadie las mueve. Se mueven ellas mismos.
-¿Cómo desarrollaron ese concepto?
-Después de seis años en la calle, de los 18 a los 24 años, durante una época muy buena de España y con la energía de la juventud. Hicimos la carrera en la calle, inventando nosotros y bebiendo del teatro popular y las fiestas populares y de hermanos mayores que estudiaban teatro. A través de no estar en ninguna escuela fuimos aprendiendo cosa por cosa. Era el tiempo del teatro punk, del movimiento punk después de la muerte de Franco. Esas son cosas que te influyen, pero si no hubiéramos estado en España hubiera sido más difícil: allí largan los toros a la calle. El trabajo se basó en colgarse, trabajar con agua y fuego y elementos plásticos y con el cuerpo como un gran hoja de papel para dibujar. El cuerpo como instrumento, un teatro muy físico. Luego, cuando entramos en los macro espectáculos, fue darle más amplitud a nuestro trabajo. En la ópera, por ejemplo, aplicamos una de las cosas que veíamos cuando trabajábamos en la calle, una espacie de movimiento coral que ahora lo hacemos con la orquesta y el coro en el escenario.
-¿Cómo se da el pasaje del teatro a la ópera?
-Ha habido un desfasaje en el tiempo y la ópera se quedó atrás. A finales del siglo XIX empieza el cine y los creadores se pasan para allí. Dicen: "el gran espectáculo del futuro es el cine, es lo que va a permitir crear espectáculos totales". Pero después de 100 años podemos incluir el cine en la ópera. El cine puede tener grandes aspiraciones pero es solo una copia. En cambio un espectáculo es un acto en vivo, una performance, tiene un poder mucho más grande. El cine es como ir a la soledad, está muy bien pero no pasa algo, la película puede estar muy bien y te puede cambiar la vida también, pero no tiene sentido juntarse con gente para ir al cine, antes era por una cuestión económica. Pero no hay valor social en eso. ¿Qué está ganando valor? Las performances. Si quieres profundizar en el arte, la ópera ofrece mucho más. El creador que quiere ser creador, si quiere el acto en vivo y el ritual, es fácil que vaya a aparar a la ópera. Nosotros estamos creando nuevas óperas, yo por lo menos como creador estoy buscando donde están los Wagners de ahora. Cuando uno tiene cierto nombre lo puede hacer. La ópera es una cosa costosa pero tiempo al tiempo, viene una época buena para la ópera. Los creadores ya vieron lo que puede dar el cine y entremos mucho más al acto en vivo con ordenadores, vectoriales, iluminación. Veo en el futuro óperas pequeñas pero donde confluya la fuerza de la orquesta y del coro. Cada vez habrá más gente que cante y toque música y sepa escribir y editar más videos. Estamos yendo a un nuevo estatuto del creador donde el artista es más global. La ópera ganará terreno, aún se está por descubrir. La música popular se va a convertir cada vez más y va a ser así. Aquí tienen la murga, y tiene que ver mucho con la ópera. Si ha principio de siglo la gente se pasó al cine, ahora está volviendo. Y es que es bárbaro, hay más recursos y hay más medios. Este teatro, el Solís, fíjate tú que está restaurado, se ha saneado y ahora tiene que hacer producciones propias, que no tienen que ser más caras que las de afuera. Yo creo que podemos entrar en un circuito, un conteiner que lleve de aquí para allá y se puede llegar a que aquí se construyan cosas, porque aquí es más barato y que se envíe para allá. Estamos cada vez en un mundo más globalizado y estos sitios, así como el Sodre, se deben rentabilizar. En esta época de ocio todos somos artistas: pues creemos las obras.
-¿Cómo hicieron para desprenderse de la visón conservadora de la ópera?
-Nosotros nos hemos desprendido de porque hemos entrado al mundo de la ópera como un elefante en una cacharrería. No somos hijos de la ópera, nadie nos ha enseñado nada de ópera, con lo cual hemos entrado con libertad. Hacemos lo que para nosotros es normal, que es el teatro furero. Hay una limitación que es que cuando es una ópera es más o menos clásica está pensada para que no haya mucho ruido escénico, entonces eso limita un poco. No hemos querido romper esta norma. Al no ser hijos de aquí entramos más ligeros y lo llevamos como queremos.
-¿Cómo pueden preparar y estrenar todos los espectáculos que realizan año a año?
-Somos un colectivo de directores. Yo hago algunos solo. Como llevamos 33 años juntos cada uno ha hecho sus propios colaboradores. Estar todos juntos siempre sería un cruz, trabajar colectivamente cansa. Llevamos la empresa entre todos, tenemos reuniones empresariales y cada uno informa por internet. Eso nos permite conservarnos frescos y tener un colectivo sin que se queme porque muchas veces los colectivos se van disminuyendo y el que llega, llega solo. Nosotros hacemos este proceso pero dentro del grupo. En La Fura nos podemos copiar entre nosotros y nos repartimos los derechos de autor en partes porque se supone que nos copiamos: por no hacer y porque hagas, todo es de todos. A nivel de derechos de autor nos repartimos, una parte va al grupo y una parte es para ti. Si tú haces, te quedas más, pero siempre una parte va al pozo. Siempre doy un 5% para cada uno del grupo. Hay un 25% que se va, La Fura es así. Hay gente que trabaja mucho y otros no tanto, ya sea porque no han tenido tanto éxito o porque no quieren. Esta forma nos permite continuar, tener un buen paraguas, un nombre que se ha hecho internacional. Nosotros en cambio somos bastante anónimos.










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