Lo popular horneado con glamour

Cuando abrió el candado de su nueva temporada de televisión, Marcelo Tinelli puso de manifiesto que sigue siendo el hechicero de la pantalla rioplatense. Porque el productor y conductor de ShowMatch conoce como nadie los secretos del paladar de la gente. Sin clases sociales, religiones ni banderas. Por eso, en esta nueva edición de su programa, Tinelli demostró que cuando le dan elementos para armar contenidos, su cabeza y su micrófono son capaces en viajar de lo más popular a la elite que brinda el glamour.

Esto es muy importante, porque cuando a Marcelo se lo trata de cuestionar en sus méritos, la mayor parte de calificaciones coinciden en palabras como vulgar, zarpado, transgresor y hasta orillero. Las lupas y radiografías que se estacionaban en programas donde se repetían las malas palabras, los cuerpos casi orientados al desnudo y los escándalos mediáticos no le dieron treguas ni respiros al espíritu pujante y emprendedor de Tinelli.

Hoy, con el plato en la mesa y el programa en el aire, queda claro que Marcelo hace contenidos populares, quizás por presupuestos austeros o decisiones empresariales, pero cuando tiene la posibilidad de números amplios, es primero un gran productor y después un maestro de ceremonias magnífico. Eso quedó más que claro.

Porque Tinelli anuncia una competencia de bailes colmada de escándalos que nos colocarán de cara a tapas y titulares sensacionalistas y mediáticos, pero también se anima a meter a 250 bailarines para una coreografía multitudinaria, colorida y majestuosa.

Este renovado ShowMatch también presentó confrontación de poblados provinciales, con numerosa participación de parroquianos instalados en la paisajística natural más hermosa. Lo desestructuró a su amigo Adrián Suar para convertir lo que era un saludo institución, de un gerente de Canal 13 a su conductor estrella, para terminar en el baile del propio "Chueco" bamboleándose con movimientos pélvicos que causaron las delicias de televidentes y presentes.

No faltó el toque mediático de Ricardo Fort que cantó muy bien, pero con la caricatura e imitación casi perfecta de Martín Bossi, que hasta utilizó el mismo tipo de zapatos del popular chocolatero... El gran capitán, o el enorme titiritero fue desgranando una a una todas las ideas y propuestas que fue pergeñando durante el verano para concluir en el verdadero show de un primer mundo al que asistimos.

Me saco el sombrero, Marcelo, ante el espectáculo que vi y disfruté, y está bueno que lo pueda decir porque siempre digo que fui un duro verdugo de otras propuestas que no me dejaron satisfecho. Por eso mi observación y mi firma. Chau, hasta el próximo Sábado... Show.

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