Han pasado diez años desde la historia anterior, en la que Perseo debió mediar entre los dioses del Olimpo y la humanidad. Ahora el problema es entre los dioses: los que quieren liberar a Cronos (Hades y Ares) y los que luchan por evitarlo (Zeus y Poseidón). Pero como los humanos ya no les rezan, están perdiendo sus poderes, por lo que deberán recurrir a sus hijos medio dios-medio humano, entre los que destaca Perseo. Éste es ahora padre, lo cual hace que no pueda desentenderse tan fácilmente de la situación. Lo que sigue es la preparación para esa guerra en la que interviene la reina Andrómeda, aparece la ayuda de Hefestos (responsable de las armas con las que los tres grandes dioses controlan el mundo) y algún otro personaje mitológico, además de los consabidos monstruos que intervendrán en las batallas. Una película en la que la acción se coloca en un primer plano y casi lo domina todo, intercalando alguna que otra lección moral. Sam Worthington aporta lo que ya todos le conocemos: un rostro inexpresivo pero que, al parecer, hace crecer las taquillas. Mejor que la primera película, deja el terreno servido para que se venga la tercera con Helio, hijo de Perseo, como gran protagonista.