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Falta y Resto presentó Carnavalazo, según su director, el espectáculo más crítico que ha hecho.
Por: Mariángel Solomita
Detrás de la mesa larga y oscura a Raúl Castro le brilla la cara. Estamos en la sala de reuniones de su agencia de publicidad, Escenario. La habitación es formal y oscura. Entonces el murguista comienza a hablar de eso que en el tablado no se perdona, con el rostro cansado y dos granitos de brillantina que todavía están ahí.
-¿Este es un año de autocrítica?
-Sí, creo que la autocrítica es importante. Desde el año del Deschave (1987) en distintos momentos nos pusimos en la picota. Siempre que elaboramos la murga tratamos de tener un tipo de reflexión interna para en algún momento de la actuación hacer una evaluación autocrítica, creemos que es importante siempre el desnudarse uno para intentar desnudar a la sociedad.
-¿Cómo es que surge esto de exponer a la murga como un personaje?
-Nuestro texto, desde el punto de vista ideológico, sigue siendo el mismo desde hace 30 años. Entonces buscábamos algo que fuera muy carnavalero pero que nos permitiera diferentes opciones. Dijimos, ¿qué pasaría si en lugar de una armamos tres murgas? Una que sea más vanguardista, que diga las cosas más profundamente, más de frente -La loca del `19`-, otra más cuidadosa -Los eternos Cachafaces-, y después la falta en el medio. Tomar a la falta como un elemento además de las otras dos murgas nos permitió la interacción entre las tres que es lo que culmina el espectáculo. Estoy muy contento además porque por primera vez es un espectáculo que tiene un desarrollo dramático. La resolución es un canto por la murga, que lo reivindica como un género uruguayo, habla del orgullo de sentirse murguero. Es un canto de protesta por el olvido de la murga en la fiesta del 10 de octubre en los festejos del Bicentenario.
-Falta y resto empezó en un momento muy romántico del Carnaval (1981), ¿a qué debe resistirse hoy la murga?
-La resistencia es a convertirse en moda. A la marketinización vacía que lo único de lo que habla es de la forma y no del contenido. Tiene que resistir a la tentación del glamour, de sentirse como dice la letra: "artistas de la corona real." Nosotros somos de procedencia ideológica de izquierda y hoy estamos en un gobierno de izquierda y muchas de sus las autoridades son referentes de las murgas, pero los murgueros tenemos la obligación de criticar y decir lo que siente. Tenemos que vencer la tentación de quedarnos en la cómoda. En ese marco está también la forma en que nosotros sentimos que tiene que ser el desarrollo de un país, sentirse que cada uno es un político: Yo soy un hombre de política que hace comedia musical política; la murga es un bastión político para mí y los muchachos. Creo que este es el espectáculo más crítico que hemos hecho.
-Ser la "voz del pueblo", ¿cómo incide en el armado del espectáculo?
-Me inspira la calle. Tengo la suerte de que me paro en la esquina, me limpian el vidrio y no me quieren agarrar la moneda, me estacionan el auto y no me agarran la moneda, en la calle me cantan una canción de la murga y es con esa gente con la que más hablo. Y voy anotando lo que me parece fecundo como para poder sacar de ahí un texto. Durante eso va apareciendo la forma. Esta vez apareció la forma de las dos murgas y después tenía el problema de cómo hacer para que estuvieran sin dividirse las tres murgas arriba del escenario, y ahí aparecieron los títeres de la Ovidio Títeres (Daniel Ovidio). El títere es maravilloso, es como un escondite que te saca de adentro cosas que si no tuvieras al muñeco no te animarías a decir.
-¿Por qué decidiste utilizar músicas inéditas?
-He tenido en la vida la suerte de estar rodeado de grandes músicos, viví en España con Jaime Ross, Jorge Bonaldi y Jorge Lazaroff. Trabajé con Eduardo Mateo, Leo Masliah, Daniel Viglietti, entonces me llevaban de la mano, son músicos populares pero a la vez escrutadores, van a los rincones. La vida pasó y tuve la suerte de tener tres hijos artistas natos que se sumaron a la murga, Soledad en la parte de iluminación, Felipe en la dirección y Leandro en la cuerda de la murga y el hijo de lazaroff, Andrés, que es un músico espectacular. Y era un desperdicio no hace música. Desde el 2005 trabajamos la música propia. Ya lo habíamos hecho en el `87 con Jaime y en el `88 y `89, los años que ganamos, con Lazaroff, pero ahora dijimos vamos a ponerle los pantalones largos al género. Además provoca problemas usar músicas adaptadas, podés comerte una demanda en cualquier lado porque el Carnaval no es solamente una fiesta pueblerina. Sé que es romper un código, que puede haber un problema con la comunicación, pero es hermoso. Cuando diste ese paso ya no podés volver atrás, ya no podría escribir sobre una música adaptada.
-¿No te parece que en estas decisiones hay una intención de purificar al género?
-Pienso que se purifica desde lo artístico pero no desde lo conceptual, seguimos haciendo bastante bardo arriba del escenario, no somos bailarines, no somos actores de escuela, mejor dicho, nuestra escuela es el Carnaval: es una prolija desprolijidad. Me parece que lo más hermoso que tiene la murga es que es una anarquía que funciona. Por eso yo estoy con la murga libre demasiado marcada: tenemos los muñecos, pero si ves la estructura estética de la falta sigue siendo bastante anárquica, nada está muy marcado, cada uno hace lo que siente que debe que hacer y sin embargo funciona. Creo que corre el riesgo. Hay que tener cuidado de mantener la bohemia porque sino me suena a otra cosa, me suena a "light".
-¿Cuándo tu trabajo está bien hecho?
-Es una cuestión interior. La respuesta del público es un 80 % del éxito que uno puede sentir. Pero el 20% que resta es el más pesado en ese 100% y es una gran satisfacción cuando uno está diciendo lo que necesita. Hay veces que el público no responde desde el aplauso, ni siquiera desde la risa, porque está shoqueado, eso me parece que lo siente el que está arriba del escenario y lo siento en muchos pasajes de Carnavalazo. Ese 20% a veces pesa más que el público porque es fértil para el futuro, me da credibilidad para el futuro.
-¿La credibilidad es lo que más admirás en una murga?
-Totalmente. La credibilidad de la murga es única en el mundo. Vos dijiste "la voz del pueblo" y, ¿por qué? ¿Quién nos dio a nosotros el título? Somos unos atrevidos pero que ese título nos los dio la historia. Si un tipo va al tablado y siente `ahí está mi voz`, tenés que ser muy cuidadoso de lo que decís, podés transformar la realidad en alegría pero nunca dejar de decir algo porque a la gente puede no gustarle. A veces el 20% conspira contra el 80%.
-Desde el escenario, ¿atendés mucho a la conducta del público?
-Si, miro constantemente. Estoy mirando a los ojos de la gente, siempre.
-¿Y cuando miran para el costado?
-Yo voy a enamorar. Subo al tablado a enamorar, nunca me pasó de un público indiferente, no sé por qué, será porque uno lo siente así, yo me tiro a la gente. Trato de contarle el cuento como cuando les cuento a mis hijos. Al tablado voy a contar un cuento y si no se meten hasta no bajarme del tablado no dejo de luchar. Cuando hay veinte personas y diecinueve están descolgadas, voy a la que está colgada y ahí me quedo.
-¿Cuánto pesa el humor?
-Es fundamental. Yo vengo de una generación de los años 70 que era muy melodramática para decir. La murga tiene de hermoso que desde los lugares más oscuros pueden salir pedazos de felicidad si vos te parás bien en el lugar para verlo. Ser una murga es ser una comedia política musical que trata, con inteligencia y mucha buena onda en el grupo, de transformar esa realidad que vive la gente en una más alegre. Es una forma de hacer una revolución también.
-¿Ves a otras murgas?
-Sí, ahora con la TV es más fácil. Aunque cuando estoy en medio del carnaval no me gusta mucho ver lo que están haciendo los demás, te cae como un velo de decir `lo mío es lo único, yo soy el mejor` y toda esa estupidez que a veces nos invade, y cuando eso se va ahí tenés la capacidad de ver a los otros.
-¿Hay buena relación entre las murgas?
-Es muy competitivo pero eso no quiere decir que la relación sea mala. Todo quiere la posición de privilegio. Antes era más agresivo, eso está cambiando con la camada de muchachada joven que le dio una cosa más social y eso me parece interesante. Me parece que las murgas son más conscientes de que lo que importa más es la murga y no los títulos personales.
-Dijiste que tu trabajo de publicista te ayudó a encontrar el lugar desde donde pararte en la murga, ¿cómo fue?
-Haciendo publicidad he descubierto técnicas creativas de impulso de visualización de las cosas de diferentes lugares que me han servido mucho en la hora de la murga. Y en la murga teniendo el olfato puesto en la realidad, en lo que vive la gente, me ha servido para elegir una idea para una campaña publicitaria. Yo con la falta tengo como una empresa consultora, es como la letra de que no se olvide el letrista, tengo muchos amigos por muchos lados y mucha gente sin saberlo te está dando una idea, la gente te va diciendo. Creo que la base de mi cerebro es murguera, y más afuera la rodea la publicidad. Mucha veces estoy trabajando para una publicidad y anoto aparte porque se me ocurre una idea para un cuplé, porque uno de los pibes tiró una idea para un aviso…El ¡Eureka! es uno solo, y ese momento es lo que más disfruto en lo artístico, cuando encontrás la idea.
-¿Cómo fue el cambio en las letras cuando hubo que escribir en democracia y luego en los gobiernos de izquierda?
-El segundo fue más grande. Escribir cuando estás censurado es facilísimo, la censura es un escorpión que se pica con su propia cola, nosotros salíamos con la letra toda tachada y leíamos en el tablado, cosa hoy impensable, y como la gente sabía que habíamos sido censurados entonces aplaudía en lugar de decir qué desprolijidad. Y ahí sirvió mucho el código de las músicas, utilizábamos músicas que estaban censuradas y la gente las reconocía. Cuando llegó el gobierno del Frente Amplio en el 2005 hicimos una murga bastante livianita y festejante, pero poco a poco ese 20% se empezó a adueñar y hoy por hoy es una murga que es crítica con el gobierno de izquierda, hablamos mucho de política internamente. La primera media hora de Carnavalazo es todo política. Yo era joven y en boliche éramos generaciones enteras hablando de política, hoy no es así, pero sentimos que hay que plantear esta discusión. La política es el arte de lo posible, está presente en todos los momentos de la vida del hombre y de eso tiene que hablar.
-¿Qué te dijo Danilo Astori cuando vio Carnavalazo?
-Me dio un abrazo y me dijo que era para verla varias veces, pero a Danilo siempre le gusta, cuánto más palo le doy a él más le gusta. Nos vamos a almorzar y comentamos la murga, a veces le gusta y a veces no tanto, como a mí su política. Él me dice lo que piensa de la murga y yo le digo lo que pienso de su gobierno, ¡pero yo se lo digo desde el escenario!
-¿Cómo elegís a los miembros de la murga?
-Por onda. Que sean buenos cantores y que peguen onda con la gente del grupo. Es un grupo bastante desprolijo en lo cotidiano pero muy exigente y prolijo a la hora de decidir lo que va a hacer. A veces la prolijidad en la murga conspira contra esa cosa anárquica que tiene que ver con la esencia de lo profundo de lo que estás escribiendo.
-¿Qué pasa cuando se va un integrante de la murga?
-Un amigo, Hugo Brocos (también director de la murga) me dice que la Falta es una puerta de vaivén. Desde hace 10 o 12 años cuando alguno de los muchachos tiene la posibilidad de irse y crear su propio grupo yo lo aliento, me ha pasado con Alejandro Balbis, con los hermanos Cardozo, con el "Canario" Luna que fue el fundador. Pero si vos sacas una planta que parece ser más linda va a crecer más afuera y todas las demás se van a poner más lindas. Cuando se fue Julio Julián apareció el "Pitufo" (Lombardo), cuando se fue "Pitufo" apareció Felipe (Castro) y así se va renovando, me parece muy sano. Mi hijo mismo se fue y volvió. Yo creo que la Falta es una plataforma de lanzamiento y de resguardo, no puedo hablar por muchachos que hoy están con sus otras murgas, pero yo creo que la Falta es la murga de su corazón y hoy son estrellas del carnaval, eso me da un orgullo muy grande.
-¿Qué le debés a la murga?
-Todo. Mi formación como artista pero sobre todo mi formación como hombre. Le debo la alegría, no me ha sacado nada y me lo ha dado todo. Pienso dedicarle los años que me quedan. Yo soy hincha de Peñarol y un día fui al Estadio, había cumplido 60. Viene uno me dice, "ché te saludaron por la radio por tu cumpleaños, ¿cuántos cumplís?" "Sesenta", le digo, y otro me grita, "sesenta mil, Flaco".








