Por: Mariangel Solomita
Lo de tener la cámara en la mano es físico". El cine de Mariana Viñoles es así por elección: austero, simple, expuesto. Atento a los pequeños hallazgos en sus personajes, desconocidos o familiares.
Estudió cine en Bélgica y volvió a Uruguay en 2006. Antes rodó Crónica de un sueño (2005) junto a Stefano Tononi, el documental televisivo Los uruguayos (2006) y La Tabaré, rocanrol y después (2008). Ahora estrena Exiliados: "es una película que habla de mí", dice.
Un hombre con problemas económicos decide establecerse en Venezuela. Se va de Melo sin despedirse de nadie y en la puerta de su casa pega una hoja que dice `ya vuelvo`. Es el padre de Viñoles. "La película empezó a tomar forma el día que yo supe que mi padre se iba, y después de haber hecho la entrevista con él. Ahí me dí cuenta de que yo quería hablar de lo que había pasado en 2002 pero no sabía que lo iba hacer de una manera tan cercana, que lo iba a contar hablando de mi propio regreso, con mis propios archivos y filmando a mis seres más queridos. El rodaje llevó muchísimo tiempo y al final encontramos la verdadera estructura que casualmente seguía la lógica de Crónica de un sueño. Era la estructura de seguir un viaje, que fuera mi propio viaje de retorno donde paso a visitar primero a mis hermanos en España, llego a Uruguay, me encuentro con el país y a raíz de ese encuentro empiezan a suceder otras preguntas y otros encuentros. De alguna manera Exiliados podría ser la segunda parte de Crónica (…)."
Viñoles es fotógrafa, "yo por filmar terminé realizando pero no al revés, yo filmo desde que tengo 18 años constantemente, es mi lugar natural". Cuando sigue explicando que "ella siente a la cámara como una extensión de su brazo", y que siempre ha sido su rol en la familia registrar los cumpleaños, las reuniones, es inevitable revivir mentalmente algunas de las imágenes de Exiliados.
Es un documental en base a material de archivo que la propia directora rodó antes de imaginarse que haría cine. Esos fragmentos de otros tiempos se compaginan con las entrevistas actuales, y este es el mayor logro de la cinta: el montaje acertó en expresar una sensibilidad delicada que constantemente roza la intimidad, la sobre exposición, pero que gracias a la contundencia de la propuesta se transforma en un ejercicio cinematográfico desprovisto de manías, tremendamente verdadero. "En ninguna de mis películas hay un plano que yo haya tenido que repetir. Me parece que eso es lo verdadero, de lo que vos hacés parte, sería incapaz de `cámara, trípode, el personaje camina y mira un árbol`…A mí la puesta en escena en el documental no me interesa".
Exiliados está filmado en espacios cotidianos, totalmente realistas, la comodidad de la cámara, la perfección del cuadro, le preocupa de manera distinta. "Yo hago mi propia fotografía, cambio alguna bombita, instalo un sistema de luz, pongo un foco…En Crónica(…) no teníamos ni un trípode…es una opción trabajar de esa manera, con lo mínimo, pero no quiere decir que no me interese la estética, al contrario, me interesa mucho, cada plano está pensado. Hay muchos planos que se acercan a la ficción pero son reales. Cuando uso la cámara en movimiento, cuando voy con la cámara en la mano, aunque sea una cosa libre siempre estoy cuidando la estética."
-¿Podrías dirigir un documental pero no encargarte de la cámara?
-No. Me encanta estar ocupando esos dos roles a la misma vez, creo que eso lo ves cuando ves mis películas, que soy yo la que está detrás de la cámara. Y eso es lo que hace que te sientas parte.
Es que Viñoles capta también a ese espacio, el que está entre ella, la cámara y el entrevistado. De esta manera es que cada tiempo muerto es valioso, cada mirada, cada comportamiento va tomando la forma de un entendimiento íntimo del que participa el espectador. De ahí su noción de la universalidad: partir de la particularidad de la historia con minúsculas de una familia que se desarmó a raíz de la crisis económica de 2002 e irla convirtiendo en las emociones de muchos uruguayos que exiliaron, que no quieren volver al país, que vuelven pero no encuentran lo que imaginaban. Y sus familias, los amigos, los testigos. "Lo que yo tengo que hacer es estar ahí en el momento en que la vida de ellos sucede, de hecho lo bueno es que si la temática te lo permite, y en el caso de Exiliados es brutal, porque yo podría filmar hoy con los mismos personajes y los conflictos son los mismos. Siempre son las mismas conversaciones. Exiliados tiene eso, por eso lo del guión es una cosa rara en el documental, porque vos estás muy al servicio de que tiene que coincidir tu tiempo con el de la persona que estás filmando, y eso es lo que tiene de mágico el documental, cuando coincide, cuando vos lográs dejar registrados momentos verdaderos."
El cine como expiación
Santiago. En 1992 el brasileño Joao Moreira Salles rodó 9 horas de entrevistas a Santiago, un argentino de 80 años extremadamente particular, que fue el mayordomo de su familia durante 20 años. Nunca terminó esta película: no logró que el guión funcionara en la sala de edición. 13 años después revisó el material y creó este documental excepcional, al que también presenta como una reflexión sobre el material bruto. Un trabajo conmovedor, no sólo por la sensibilidad del protagonista, sino por el propio proceso de (auto) descubrimiento que atravesó el director en esta segunda etapa.
Cuchillo de palo. Esta cifra fue borrada del Paraguay. La generación post-dictadura apenas sabe de qué se trata, los otros prefieren olvidar. El tío de la joven directora Renate Costa fue uno de los 108 homosexuales perseguidos, torturados y humillados durante la dictadura de Stroessner. Hace unos años lo encontraron muerto, desnudo en el piso de su casa, y con una abultada cuenta bancaria. Costa va en busca de saber quién fue de su tío creando un relato íntimo -el protagonista es su padre-, austero y profundo que claramente modificó a cada uno de los implicados.
Cuando se mira con atención
Cómo vivir. Al reconocido realizador polaco Marcel Lozinski no le interesa la pureza del documental que se limita a mirar, entonces hace intervenir ciertos rasgos de ficción. La cinta fue rodada en 1977 y, como la mayoría de sus películas bajo el régimen comunista, fue censurada por algunos años. Cómo vivir es una sátira sobre los mecanismos de poder que algunos críticos definieron como un ensayo socio político. Sucede durante un campamento para jóvenes matrimonios de la Unión de las Juventudes Socialistas Polacas, donde se quiere premiar a la familia ejemplar. El premio: un lavarropas.
Un abrigo silencioso. Su realizador, el suizo Ramòn Giger, es el más joven de este espacio de exhibición. Es además fotógrafo, camarógrafo, iluminador e editor. Aquí comparte su trabajo en la cámara con el de su protagonista, Roman, un joven autista de 26 años que jamás pronunció una palabra. Giger sigue de cerca la relación de Roman con Xaver, quien se hace cargo de él, y aprovecha el gusto de Roman por filmar y ser filmado. Roman dice al inicio del film que quiere que con esta película se lo vea como "un hombre total", dejando planteado así el gran desafío de todo el equipo de realización.