El martes cumple 49 años uno de los realizadores más talentosos del cine actual. Quentin Tarantino formó su gusto en el barrio en el que creció, Torrance (sur de Los Ángeles), en gran medida habitado por negros que le aportaron su cultura popular. En esas salas de cine desactualizadas vio películas de artes marciales que las carteleras más lujosas descartaban, dando origen a su mayor característica: la estetización de la violencia. Comenzó trabajando en un video club, atendiendo a los comentarios de los clientes, que según ha dicho lo siguen inspirando para escribir sus geniales guiones. Junto a otro empleado del video club, que resultó ser Roger Avary, escribió Reservoir Dogs. Ese film iba a ser rodado en su lugar de trabajo y actuado por sus compañeros. Fue el productor Lawrence Bender quien convenció a Tarantino de filmar una verdadera película que ya es un clásico. Entonces otras de sus historias comenzaron a circular y a ser dirigidas por directores consagrados como Tony Scott y Oliver Stone. En pleno auge rechazó dirigir Máxima Velocidad y Hombres de negros para rodar Pulp Fiction, otro clásico, que lo premió tanto en Cannes como en Hollywood, convirtiéndolo en un director respetado y además popular. Mientras su fama crecía se transformó en productor, patrocinador de otros films y propietario de un cine. Actuó esporádicamente para amigos como Robert Rodríguez. Entre otros proyectos dirigió la saga Kill Bill, Bastardos sin gloria y prepara Django Unchained, un western sobre la esclavitud protagonizado por Jamie Foxx y Leonardo Di Caprio.