El actor le cede lugar al músico

El jueves concluye la séptima y penúltima temporada de Dr. House. Hugh Laurie decidió darle un año más de vida a su personaje más emblemático antes de dedicarse de lleno a la música.

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"No nací en Alabama en la década de 1890. Nunca comí bichos, coseché algodón ni viajé en carricoche. Ninguna gitana le dijo nada a mi madre cuando nací y no creo estar condenado al infierno hasta donde puedo juzgar. Espero que el disco muestre que soy un inglés de clase media, que me entrometo abiertamente en la música y el mito del sur de Estados Unidos". Lo dijo Hugh Laurie, pero por el sarcasmo bien podrían ser las palabras del personaje con el que todos lo identifican desde hace diez años: el Dr. House.

El actor inglés parece haberse contagiado un poco de su personaje emblema, ese que le ha hecho ganar dos Globo de Oro y estar nominado al Emmy en más de una oportunidad. Ese que hace siete temporadas que lo tiene viviendo diez meses en Los Ángeles cuando él se niega a abandonar como dirección de residencia su casa en Londres. Ese que lo ha transformado en el actor mejor pago de la televisión luego de los conocidos problemas de quien ostentaba hasta hace poco ese privilegio, Charlie Sheen. Y ese al que hemos visto tocando guitarra o armónica en algún capítulo, pero que nada tiene que ver con el que disfruta más del piano y viene de sacar su primer disco de blues, Let them talk. Ese es el propio Hugh Laurie, que se animó a pasar de la actuación a la música, sabiendo muy bien que la mayoría no sale airoso de tal experiencia.

"Los actores se supone que deben actuar y los músicos deben ocuparse de la música. Así es como funciona. No compras pescado en el dentista o le pides al plomero consejo financiero, entonces ¿por qué escuchar a un actor que canta?", dice y sin dar tiempo a pensarlo, completa: "la respuesta es: No hay respuesta. Si te importan el origen, la procedencia y la genealogía, entonces deberías buscar en otro lado, no tengo nada para ofrecerte, nada que te interese".

No es cierto. Las críticas indican que su salto al vacío no fue tal. Frases como "Laurie se luce cantando, ya sea en piano o con la guitarra" (Clarín) o "Brillante debut del Dr. Blues" (Rolling Stone) demuestran que el actor dio el gran paso estando bien preparado. A esto hay que agregar que su debut en Europa se dio ocupando la cima de los charts de varios países: Francia, Alemania, Suiza, Austria e Inglaterra. ¿Habrá incidido en algo que Laurie cuente con 300 millones de visitas en YouTube, 18 millones de fans en Facebook (tercero, detrás de Lady Gaga y Eminem) y una audiencia global de 90 millones por Dr. House?

Puede ser. Él, de todas formas, se armó para todo. "Estoy preparado para que la gente me critique duramente. Que pregunte para qué hice esto, si soy un actor. Espero que eso pase. Yo haría lo mismo. Pero si la gente presta atención, y en lo que escucha detecta aunque sea algo que les haga pensar que hay honestidad y autenticidad en lo que hice, aún si son unos pocos los que lo hacen, yo voy a estar feliz", manifestó a diario Clarín.

FORMADO EN MÚSICA. Lo que hay que detectar en Let them talk es un homenaje al blues, con la interpretación de canciones conocidas y de las otras, que Laurie eligió por su significado particular y por "el lugar que ocupa cada una en mi corazón. Y también con la idea de que cada una tuviera algo que ver con el resto, para darle coherencia al disco".

El actor no es un improvisado en esto de la música. A los 6 años ya tomaba clases con la Sra. Hare, a la que recuerda como "una bruja verrugosa que me intimidaba con brasas ardientes llamadas Do-Re-Mi". En esa época, la música para él eran danzas polacas o canciones de cuna francesas. El blues lo descubrió de otra manera. "Si no me equivoco, habíamos robado el auto en casa, y manejaba mi hermano, que tenía 13. Yo tenía 11 ó 12, y sonó Willy Dixon haciendo I can`t quit you baby… Lo que sí recuerdo como si fuera hoy es la sensación que tuve en el cuerpo. Fue como un shock eléctrico. Fue una respuesta visceral. `Dios, ¿qué es esta música?`, pensé en ese momento", recordó a Clarín.

Fue el principio. En la siguiente década devoró todos los guitarristas que encontró, luego los pianistas y por último los cantantes, de los que destaca dos: Ray Charles y Bessie Smith.

Y Nueva Orléans se volvió su Jerusalén, por eso no es raro que la haya elegido para presentar su primer disco. "Sentí que tenía que venir a Nueva Orléans, como un acto de devoción, y hacer mi ofrenda, como se suele hacer con los dioses. Eso es lo que significa para mí haber venido aquí", explicó al día siguiente de haberse subido a un escenario con Tom Jones e Irma Thomas. Todo un desafío.

ADIÓS A LA TV. Pero a los desafíos está acostumbrado Laurie. Hijo de un médico y atleta Medalla de Oro en remo en los Juegos Olímpicos de 1948, ingresó a Cambridge para estudiar Arqueología y Antropología. Pero en el primer año se topó con la luego actriz Emma Thompson, con la que salió, y terminó formando parte del Cambridge Footlights, impulsor de exitosos comediantes británicos. Allí conoció a su amigo Stephen Fry, con quien compartiría escena más de una vez. Laurie, Thompson y Fry llegaron a hacer una parodia sobre sí mismos en la serie de TV, The Young Ones.

La puerta estaba abierta, Arqueología y Antropología cedieron su lugar a la actuación y Laurie empezó a participar tanto de series de TV como de películas de cine, tanto en una faceta cómica (hizo del príncipe George en la serie La víbora negra, con Rowan Atkinson) como en una faceta seria (estuvo con su amiga Emma Thompson en Sensatez y sentimientos). Muchos memoriosos o seguidores de las interminables repeticiones de Friends lo recordarán en un capítulo en el que fue compañero de asiento de Rachel (Jennifer Aniston) en un avión rumbo a Londres. O los más chicos lo tendrán como el Sr. Little, padre del ratón protagonista en las dos entregas de la película Stuart Little. También ha prestado su voz a un personaje de la serie animada Padre de familia.

Pero sin duda que el espaldarazo y razón de su fama radica en su impecable interpretación del Dr. Gregory House, cosa que hace desde 2004 a través de la cadena Fox. Por si usted aún no lo sabe, le contamos que House es un médico especialista en diagnósticos que se niega a usar túnica, seguir reglas y cumplir con el protocolo del hospital en que trabaja. Es antipático, sarcástico y malhumorado por donde se lo mire, pero sus compañeros y superiores dejan pasar todo eso porque es el mejor en lo suyo. Ni se atreven a ayudarlo con su adicción a los medicamentos para combatir sus dolores musculares y él se niega a admitir que eso lo está matando más que ayudando a vivir.

Gracias a Dr. House, Laurie ha sido nominado al Emmy y ha ganado el Globo de Oro en dos oportunidades, además del People Choice Award (la serie ganó cuatro premios) y el premio del Sindicato de Actores (SAG). Y en su país su nombre debe ir acompañado de las iniciales OBE, que significan que ha recibido la Orden del Imperio Británico, de manos de la reina Isabel II.

Si bien todos esos reconocimientos son una consecuencia directa de Dr. House, en los últimos meses la continuidad de la serie se ha puesto en duda. El jueves se conocerá en América Latina el final de la séptima temporada (Universal Channel, 22 horas) y, si bien ha firmado contrato por una más, Laurie empieza a cuestionar que pueda ir más allá de eso. "Sin duda pienso que podríamos seguir, pero llega un momento en que el público pasa a otra cosa", ha dicho. El diario británico Daily Mirror ya anunció que la serie no pasará de su octava temporada ya que el actor quiere dedicarse de lleno a la música.

Pesan también algunos problemas de renovación, una ligera caída de la audiencia y los recortes económicos. Consecuencia directa de estos últimos es la no renovación de contrato de Lisa Edelstein para la octava temporada, nada menos que la Dra. "Cuddy", con la que House ha tenido idas y vueltas románticas y parecía ser su pareja perfecta a pesar de sus constantes peleas.

VIDA DESPUÉS DE. Más allá del inminente final, no hay que desesperar, ni Laurie pasará hambre ni su público dejará de tener noticias de él. Además de tener a la música como otra fuente de ingresos y de fans, este hombre también se luce escribiendo. Ya tiene publicada la novela de espías El vendedor de armas, que apareció en 1996 y que ha sido reflotada en los últimos años, pasando a publicarse en treinta idiomas. "Incluyendo algunos de los que nunca oí hablar", ha confesado su autor, que la presentó bajo un seudónimo y recién reveló su identidad cuando el manuscrito fue aceptado. En breve se conocerá The Paper Soldier, que sería una secuela de la primera.

De su vida personal se sabe lo mínimo indispensable, ya que odia la fama. Incluso en Los Ángeles sólo sale de su casa para ir a trabajar, detesta que la gente lo mire o le saque fotos. "Por supuesto que estoy agradecido por todo lo que tengo. Es muy satisfactorio ser parte de algo que uno cree que es bueno y que la gente valora. Me siento increíblemente afortunado de vivirlo. Uno no puede hacer estos viajes y quejarse de los baches en el camino", ha reconocido a The Saturday Times el hombre casado con Jo Green desde 1989 y padre de tres hijos: Charlie (23 años), Will (21) y Rebecca (19). Lo que le molesta es no poder ser uno mismo. "Sé que esa es una forma de adversidad mucho menor comparado con estar preso y ser torturado por la policía secreta iraquí", alega sarcástico como House.

Sarcasmo que hace que muchos por ahí crean que este hombre no es feliz. Nada más lejos de la realidad. "Deliro de felicidad. Me río de la mañana a la noche y a veces después también. Puedo llegar a quedarme levantado hasta tarde porque me queda mucho por reír. O despertarme en medio de la noche para seguir riendo".

Cuesta imaginarlo así, pero ese es Hugh Laurie. Un poco más lejos de House, bastante más cerca del blues.

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