Come de maravilla en Montevideo, "que es lo más importante" y no necesita pasar por el aeropuerto. " Voy en barco porque el avión prefiero evitarlo", comenta al pasar Sebastián Wainraich.
Un amigo uruguayo le insistió en la playa de Solanas para que hiciera su show de stand up aquí. Lo contactó con La Trastienda y en marzo pasado presentó sus monólogos. El sábado 2 de abril viene por la revancha "con algún material nuevo". Tiene previsto llegar temprano, dormir una siesta y estar pronto para hacer doble función (21:00 y 23:00 horas).
Su plan el domingo es ir a ver a Nacional o Peñarol, aunque es de Wanderers. "A ellos les dicen los Bohemios igual que a Atlanta, mi cuadro en Argentina. Una vez fui a presentar un libro a Uruguay y me regalaron la camiseta y el pantalón de Wanderers y lo llevo conmigo".
En diálogo telefónico con Sábado Show habló sobre "el arte del stand up", la escritura, la radio versus la TV, la popularidad que obtuvo con la conducción de Televisión Registrada (TVR) y su distanciamiento del ciclo.
humorista. Prueba sus shows con familiares y amigos. Prefiere que no lo sepan de ante mano porque "los que te quieren tratan de ponerle onda y reírse". Tira un tema en una cena y testea si funciona.
-¿Cómo es el proceso de escritura para este tipo de shows?
-Mientras lo escribo, lo hago. Ensayás frente al espejo, caminando por tu casa. A lo mejor se te ocurre algo cuando vas por la calle y te paras a anotarlo. No es muy ordenado el proceso para hacerlo. Hoy es lunes, tal vez me pongo a ensayar, hay diez cosas que no me gustan y le agrego quince. Por suerte es bastante flexible.
-La pareja y la fama son algunas puntas del espectáculo, ¿cuál es el punto de partida al escribir?, ¿qué temas te interesan?
-No es una elección racional. El tema de la pareja surge constantemente. A veces se te ocurre una idea y decís, uy, es por acá. Ser conocido me parece un buen tema por todo lo que te puede llegar a decir alguien en la calle. Pero no son temas que me pongo a decir, uy ahora tengo ganas de hablar de esto, sino que me surgen.
-Escribiste algunos libros y guiones, ¿el stand up te sirvió para mostrar una faceta más íntima?
-No tiene nada que ver con escribir cuentos, o para radio. Es lo que está más cerca de la comedia del humor porque uno busca hacer reír todo el tiempo. Yo no busco el chiste desesperadamente. Escribo qué me pasa con esto, qué siento y después trato de ir encontrándole el chiste. Me parece riesgoso desde lo lindo este género con respecto a la escritura porque no deja de ser teatro también. Creo que hay que ser directo en esto. Hay como un vicio de los comediantes que a veces queremos hacernos los profundos. Me parece que la profundidad viene sola. Tal vez hablando de una boludez estás hablando de un montón de cosas importantes y queriéndote hacer el profundo terminás diciendo cualquier pavada.
-¿El stand up requiere más ensayo o espontaneidad?
-Ambas, es contradictorio. Ensayándolo le vas encontrando cosas nuevas y llega un punto que uno dice, basta de ensayo, ya lo tengo. Y ensayarlo más hasta puede perjudicarlo.
-El stand up está de moda y todos quieren sumarse a la movida, ¿crees que el género se adapta a cualquiera o es para ciertas personas?
-Es un arte a su medida. Tal vez el arte más básico porque se necesita del cuerpo y la palabra, nada más. La gente se acerca al género para hacerlo porque a primera vista parece fácil. Es subir al escenario, hacer tu texto y ya está. Uno puede reflexionar, dar opinión, reírse. Eso no significa que a todos les salga bien. Yo creo que el tiempo, la reacción del público, y cómo se siente uno en el escenario va eliminando o clasificando a los comediantes. Algunos se dan cuenta de que sirven y otros que no.
-¿Te gusta improvisar e interactuar con el público?
-Improvisar sí, pero trato de no molestar a la gente. Trato de no decir, uy, miren ese pelado, sobre todo porque soy pelado. Cuando el comediante se mete con una persona, se olvida que hay 400 personas en la sala y queda en algo entre ellos dos. Eso a veces no contagia al resto.
-Fernando Peña fue tu maestro, ¿tomaste cosas prestadas de él?
-Es medio difícil tomar cosas prestadas de él por lo que hacía: voces, personajes, tenía un humor más crudo. Eso era poner el cuerpo, te diré. Pero dentro de toda esa complejidad, aprendí con él que el humor es bastante simple. No hay que complicarla, sobre todo en el texto. No hay que hacerse el raro. Eso era lo más llamativo. Él tenía un montón de características como para complicarla (con la psicología de sus personajes, las voces). Sin embargo, a la hora de hacer humor, era simple.
conductor. Su presente es la radio y no la TV. Conduce Metro y medio. La emisora mide y factura bien. "Es una prueba de que si dejás hacer a la gente lo que le gusta y laburan con libertad, puede funcionar bien", comenta a propósito de las presiones en los medios.
-Te definís como un tipo de radio, ¿te costó pasarte a la televisión?
-No mucho. Son escenarios muy distintos. En la radio me siento muy bien. Estoy en una radio que me encanta haciendo el programa que quiero, entonces estoy como en una isla. Es casi una situación ideal y lo disfruto mucho. Por eso siento que la TV siempre va a salir perdiendo contra un panorama radial.
-La radio te da la chance de hacer lo que querés, ¿qué le sumó la TV a tu carrera?
-Oficio por sobre todas las cosas. Tuve la posibilidad de conducir un programa como TVR, que era un clásico. Tuve que presentar informes políticos, humorísticos, sociales, algunos muy dolorosos. Estuve mano a mano con gente como una abuela de Plaza de Mayo hasta actores, deportistas, periodistas. Y después hice un sketch que se llamaba Kitsch, donde pude hacer humor a las nueve de la noche y no era basado en otros programas, ni hacía informes de Bailando por un sueño o Gran Hermano. Era un sketch original, autónomo. Me gustaría volver a hacerlo algún día.
-Si bien TVR era un clásico, ¿te copaba la propuesta, el hecho de que fuera un programa de archivo?
-TVR fue bastante pionero en el tema. Esos informes, estés de acuerdo o no, siempre fueron a la profundidad, no sólo buscaban el chiste sino bajar una línea. A mí me pareció siempre interesante eso.
-Te fuiste por una "decisión artística", ¿en qué momento advertiste que no daba para más y por qué?
-No sé si hubo un momento puntual pero después de cinco años sentí que mucho más no podía aportar al programa. No le encontraba la vuelta. Estaba bien pero tenía ganas de arriesgar con otra cosa.
-Fue tu primera conducción en TV. Supuso un aprendizaje pero también potenció tu imagen, ¿te interesaba incrementar tu popularidad?
-Negar eso es medio tonto. Uno trabaja en estas cosas y al programa de TV, radio y al teatro quiero que vaya la mayor cantidad de gente posible. Eso no significa que voy a hacer cosas que no me gustan para que vaya la gente. Si la gente consume lo que me gusta hacer, está buenísimo. La tele te da una masividad que tal vez los otros medios no. Sin embargo, con el oyente de radio tengo una relación mucho más íntima que con el espectador de TV. El de la radio es mucho más fiel y directo.