Discos vivos

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Por: Ximena Aleman y Mariángel Solomita

Nos harían falta dos millones de personas más." Cuando esta entrevista está terminando, Mauricio Ubal, director de Ayuí, cita a Rubén Rada.

Ayuí Tacuabé cumple 40 años como sello. El compromiso cultural permanece y los problemas de defender una institución sin fines de lucro que debe manejarse como empresa "para este mundo", también. Tal vez si en Uruguay hubiera dos millones de personas más, Ayuí tendría un mercado interno que le permitiría solventarse como empresa.

Cuando Mauricio Ubal tomó las riendas del proyecto estaba grabando el segundo disco de Rumbo. El anterior lo había editado Ayuí. "Yo de alguna manera sabía cómo era", dice Ubal. Y se ríe, porque fue Rubén Olivera quien le cambió el camino.

-R.O.: Yo empecé en Ayuí en 1978, con el exilio se fueron yendo los fundadores y el único que quedó fue Coriún Aharonián. Estuve en esa transición, estaba entre el voluntarismo y la militancia. Se sumaron algunos amigos, pero fue duro, porque estábamos en plena dictadura y el asunto era cómo seguir en esas condiciones. Llegó un momento en que no podía ser que no se supiera a qué hora abría la oficina, o que se llegase corriendo a repartir discos. Yo tenía que irme un año a Brasil. Ahí llegó Mauricio, y le pinté la realidad.

La carcajada de Elena Silveira, miembro de Ayuí y esposa de Ubal, corrige a Olivera.

-R.O.:....un poco menos compleja de lo que era...

-E.S.: Es que hay que entender la militancia, la poética, qué significaba la cultura en ese momento. Tenía un significado enorme, algunos jóvenes se comprometieron absolutamente con determinados valores.

Entre esos jóvenes que ayudaron, incluso por años, estuvieron Fernando Ulivi, Pancho Rey, Jorge Bonaldi, Guilherme de Alencar Pinto, Adriana Duquet.

-E.S.: Era trabajo a base de compromiso. Pero el mundo real empezó a penetrar. Cayó BPS, cayó DGI, había compromisos con AGADU.

Y Mauricio Ubal, el músico, entendió que debía pensar de otra manera. Hizo cursos de administración y la posibilidad de contar con un equipo de trabajo estable, a largo plazo, redujo los prejuicios. "En una institución de carácter militante empezar a cambiar los códigos de trabajo, empezar a tratar de `empleado` y `patrón` era complejo. Pero no hubo más remedio que hacerlo y en definitiva creo que eso nos salvó, entre otra serie de cosas, pero una fue ordenar la casa adentro".

PARA QUE ESTÉN.

-¿Qué hacía urgente la creación de Ayuí Tacuabé?

-Coriún Aharonián: No era urgente, pero no queríamos caer en la trampa de las típicas conversaciones de café, que solían diluirse en el tiempo y terminar en nada. Cada uno de nosotros gestionó un préstamo, que hubo que pagar puntualmente, a los efectos de generar un pequeño capital con el que la editorial pudiera echar a andar. Al grupo inicial, constituido por Daniel Viglietti, Pepe Guerra, Braulio López y yo, se sumaron muy poco después María Teresa Sande, Myriam Dibarboure y el escribano Edgardo Bello, y más tarde también Dahd Sfeir.

-¿Por qué se pensó en un disco de cuentos infantiles para lanzar el sello?

-Fuimos diseñando áreas en las que nos parecía que había necesidad de cubrir carencias. Y una de esas áreas eran los materiales de calidad para niños. Los cuentos de (Juan) Capagorry tenían una ternura muy especial, y -al mismo tiempo- un valioso rescate del arte del cuentista fogonero de la tradición criolla. Los dibujos de Áyax Barnes y la caligrafía de Nicolás Loureiro completaban la tarea.

Ese disco de Capagorry está sobre la mesa. "Fue simbólico porque cuando cumplimos 25 años buscamos una consigna de que no sólo hablamos de música, sino de sonidos, no se trata sólo de canciones o música instrumental, sino de narradores y escritores." Y Capagorry contaba sus cuentos.

Hay otro material: Studio der Frühe Musik de Múnich, un disco de música medieval. Mauricio Ubal lo sostiene y lo vuelve a hojear. Explica que esa edición, disco de pasta, librillo con información y una caja que envuelve todo el material, no se hizo por marketing. Simplemente se trataba de cuidar el material para que permanezca. Ese es el propósito: que la música resista al tiempo y permanezca en él.

-¿Qué cosas deben permanecer?

-E.S.:Todo lo que llega a Ayuí. Ayuí lo que edita se compromete a que esté siempre en su catálogo, por eso cuesta mucho. A ellos (se refiere a Olivera, Ubal) les cuesta mucho decidir, y después cuesta mucho mantenerlo. El catálogo está vivo siempre.

Para Silveira la concepción que defiende Ayuí se corresponde con un perfil de músico determinado. "A veces el artista se transforma rápidamente. No sé si a todos les interesa mantener un registro de la transformación, si comparten esta forma de encarar la propia obra."

Mandrake Wolf es uno de los músicos que cumple con ese perfil. En 1999 Ayuí reeditó Primitivo y en 2004 lanzó un disco doble que contenía las ediciones de Mestizo en todos lados y Candombe del no sé quién soy.

"Yo tenía el master de Candombe del no sé quién soy y les pregunté si les interesaba reeditarlo y les encantó. Es importantísimo que ese material circule porque fue una etapa musical en la que cambiamos la formación. Hacíamos otra música, era otro sonido, y está bueno que eso no se olvide, ¿no?"

-M.U.: Reeditar es uno de los orgullos. Es una editorial de catálogo, porque el catálogo se mantiene vivo. Cualquier producto tiene un período de venta y después decae. En una empresa común y corriente una vez que eso sucede el disco se saca del catálogo.

-E.S.: Es un problema económico y financiero. Cuando termina la temporada se liquida, se vende. El stock no se puede guardar porque vale como capital, para los impuestos pesa. Para una empresa que no lo hace, es ir a contrapelo de lo que pasa económicamente. Tenés un stock de veinte discos, ¿tengo una fortuna? No, tengo discos que se venden gota a gota. Tengo un problema. Es un problema de año a año. Nosotros no podemos liquidarlos porque no sería Ayuí. No importa los años que tenga el disco, tiene que estar en stock, tiene que estar vivo.

-M.U.:Cuando un disco se agota, hay que volverlo a hacer. A veces hay que rediseñarlo porque la técnica con la que se hizo la imprenta ya no existe. Eso cuesta lo mismo que un disco nuevo y va a vender muy poquito porque en verdad ya se vendió. Pero es un acuerdo tácito de Ayuí y es una de las razones de su existencia. Es complejo, es como el logo, la viborita que se muerde la cola. Básicamente nos paramos sobre lo que vendemos. Es una especie de espiral no podemos decir este año no editamos porque si no no tenemos qué vender al año siguiente. Es un circulo interminable en el que estamos metidos.

-¿Es redituable?

-M.U.:Es redituable, lo que pasa es que se vuelca todo en definitiva al trabajo. Desde el punto de vista capitalista Ayuí no podría existir, porque no es un negocio que genera renta. Pero como nos manejamos con el criterio de institución sin fines de lucro el destino de Ayuí es éste, que se pueda autosustentar para seguir existiendo. Y en el camino llenamos buena parte de la historia de la música y ayudamos a que muchos artistas puedan proyectarse, ese laburo vale. Es la sensación que nos va a quedar.

PARA PRINCIPIANTES. A comienzo de los ´80, el auge del rock dio dos bandas raras. Ayuí editó un disco compartido, con dos caras B. De un lado El cuarteto de Nos, del otro Mandrake Wolf y Los Terapeutas.

"En esa época no había sellos independientes, era muy difícil porque eran discos de pasta o cassette y no podías grabarlo en tu casa. Estaban Ayuí y dos o tres más. Y Ayuí apostaba a los nuevos valores. Era muy importante para una banda y un solista tener su primer disco. Fue decisivo para mí y para muchas personas ese puntapié inicial para comenzar la carrera profesional", recuerda Ricardo Musso.

Agrega el autor de Amor profundo: "No tuvimos que buscar sello, ellos nos vinieron a buscar a nosotros. Ni se me había pasado por la cabeza sacar un disco, podríamos decir que me armaron la carrera."

Esta inquietud por editar músicos jóvenes estuvo desde el inicio. "Siempre la convicción fue que se tratara de un producto de calidad y de un aporte significativo al complejo proceso de nuestra cultura. La apuesta a la calidad era en sí mismo un acto de resistencia contra la barbarie", cuenta Aharonián. "Al mismo tiempo, estaba la intención de estar apoyando en la medida de lo posible a los jóvenes que iban surgiendo o asomándose. En realidad, se trató siempre, como ahora, de un complejo entramado de razones, cuyo eje era lo ético, y que incluían lo identitario (de patria chica y de patria grande). Hubo errores, seguramente", concluye.

Ubal reconoce que Ayuí es un laboratorio para músicos debutantes. Anualmente recibe entre 25 y 30 propuestas de discos, de las cuales se editan entre 12 y 15.

"El catálogo está lleno de primeros y segundos discos. Muchos de gente que siguió y otros que no. Ese es uno de los problemas de Ayuí".

Uno de los que ha permanecido es Fernando Cabrera. "Yo no soñaba que algún sello fuera a confiar en mí como lo hizo Ayuí, puesto que yo era extremadamente joven y nada conocido", cuenta el músico. "El director del sello en aquella época, kamikaze cultural de nombradía, Coriún Aharonián, me propuso a mí y a mis compañeros del trío MonTRESvideo participar primero en un disco colectivo y luego editar nuestro primer LP. Eso cambió mi vida", afirma.

PARA MÚSICOS. Otros músicos intervienen en el proceso. Ricardo Musso, del Cuarteto de Nos trabaja desde hacer años para el sello realizando mezclas y remasterizaciones. "La semana pasada hice un DVD de Viglietti, mezclamos el audio y era una cosa...yo pensaba `estoy haciendo esto con Viglietti al lado`. Cuando vino la época del CD me tocó pasar cosas de Dino, de Los que iban cantando, de Rumbo, que era música que yo escuchaba y ahora lo tenía en mis manos. Notás mucho la responsabilidad, cuando trabajamos discos emblemáticos que hubo que pasarlos a CD nos surgían dudas sobre detalles éticos como: `¿Mantenemos el soplido entre los temas o lo hacemos digital?`, `esto de acá está mordido lo podríamos arreglar, ¿pero sería ético arreglarlo o habría que dejarlo así porque es un documento?` Eso habla mucho de cómo se toman la responsabilidad, y son cosas que de repente me deforman a mí, porque cuando vienen de otros sellos les pregunto esas cosas y me dicen `¿lo qué?´"

-¿En algún momento consideraron que el trabajo en Ayuí perjudicara su crecimiento como artistas?

-R.O.: Personalmente no. Mauricio es el que ha tenido mayor carga horaria. Yo de afuera veo que me gustaría que él sacara más canciones.

-M.U.: No sé si me ha jugado en contra, pero es todo un tema. Son 30 años metido de forma paralela en esto. Y sí, muchas veces me he sentido realmente agobiado, por el laburo, por las responsabilidades, por las preocupaciones más que nada. Sacar discos es una tarea muy linda pero como contrapartida hay toda una tarea gris que no se ve, que tiene escasa visibilidad pero que debe hacerse para que esto exista, y que lleva mucho tiempo, mucha cabeza.

No solo tiempo y cabeza. Para Ubal a veces implicó riesgos personales. En los ´90 los cassettes y Ayuí competían con los primeros CDs. En 1992 inauguraron el formato con el disco Fines de Fernando Cabrera. "Fue un cambio brusco para Ayuí porque los costos eran mucho más elevados. Mauricio Ubal hipotecó su casa para poder afrontar esos gastos. Sin palabras".

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