Cómo se subieron al Tranvía

De la mano del coreógrafo Wainrot el ballet del Sodre interpretó la adaptación del texto de Williams

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Por: Ximena Aleman

No hay un solo tutú en escena. Las bailarinas tienen el pelo suelto y ropa. Hay una violación, un suicidio, una relación homosexual. El cuerpo del Ballet Nacional está en escena. Pero lo que interpreta no es un ballet convencional.

Desde el 18 de marzo en el Auditorio Adela Reta el Ballet del SODRE interpreta Un tranvía llamado deseo. La prestigiosa obra de Tennessee Williams, escrita 1947, fue un éxito en el teatro y en sus adaptaciones al cine y la ópera. Desde 1996 también en el ballet, gracias a la destreza del coreógrafo Mauricio Wainrot.

"Fue un pedido del director del Ballet de Santiago. Yo había trabajado con él en el English National Ballet en la obra Ana Frank. Me pidió para su debut una obra nueva. Le propuse esta y le pareció muy bien", cuenta Wainrot. Esa producción fue exhibida solo dos veces más: en Buenos Aires, en 2000 y en Italia en 2002.

Para adaptar a la danza la obra de teatro, Wainrot primero elaboró los personajes. "En el texto se cuenta la obra y a partir de eso uno va entendiendo cómo es cada personaje y su psicología. Para transmitirlo yo no tengo texto, mi texto son las situaciones, los movimientos. Entonces creo situaciones y creo movimientos para los personajes de acuerdo a la personalidad que me parece que tienen."

La elección de la música surgió de ese proceso de interiorización con la obra. "Busqué una música que se adecuara a las sensaciones que tenía de cada uno de los personajes y de las situaciones de la obra para que la obra se cuente."

Sobre esa música Wainrot diseñó la coreografía. "En el caso de Stanley por ejemplo vi que era una persona muy fuerte, muy invasiva y que quería dominar a todo el mundo. Al personaje lo dibujé de acuerdo a ese texto que me quedó muy marcado. Una vez que tengo el concepto de la obra, lo que quiero contar y cómo lo quiero contar, la puesta en escena de la coreografía no es tan larga. Entonces hacer el movimiento es lo más sencillo porque mi cabeza, mi estructura, lo que estuve creando, elucubrando y elaborando brota en los movimientos. Pero primero tengo que conocer muy bien lo que quiero decir, como lo quiero decir y qué música voy a usar. Y después ya hay una forma de pensar."

En este caso la adaptación de Wainrot implica una quiebre en la estructura narrativa que proponía Williams. El ballet tiene lugar en el manicomio donde la protagonista de la historia, Blanche Dubois queda internada al final. Allí la visitan sus recuerdos, Stanley Kowalski, su cuñado, y Stella Kowalski, su hermana. Es desde sucesivos flashbacks que se cuenta el pasado de Blanche y se asiste a su decadencia.

"Me pareció bien contarlo que sucede desde el manicomio donde llevan a Blanche. Ella siempre vivió en un mundo ficticio. Me imaginé que la historia tenía que pasar como una suerte de repetición de situaciones en su memoria" explica Wainrot. La danza se pliega al ritmo de la memoria por eso no solo los recuerdos de Blanche se repiten, sino también algunos movimientos y frases coreográficas que van sucediendo en aluvión. "Porque la memoria nunca es idéntica, uno recuerda según la sensación de cada momento según cómo uno está. Me pareció más interesante encontrarle otro sentido al trabajo", agrega

La puesta en escena de este ballet, que estaba prevista desde el año pasado, se comenzó a preparar el 1° de febrero. Seis días después llegó Wainrot desde Buenos Aires donde dirige el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín a elegir los bailarines que darían vida a los personajes. Eligió dos elencos que se alternarán en las diez funciones que están previstas. Pero algunos bailarines habían comenzado a elaborar los personajes antes.

"Yo había leído el libro y vi la película. También estuve mirando características de personas con problemas psicológicos. Y aparte hice mucho trabajo personal mirándome en el espejo, viendo qué quedaba bien y qué no, y después tuve la ayuda de Mauricio (Wainrot) y Julio (Bocca) que me dirigieron mucho. El personaje fue saliendo de a poco. Lo bueno que tiene la obra es que te va llevando, la música es muy fuerte y te lleva a esos estados. Es angustiante, es romántica, es triste. Los compañeros también ayudan. Todos estábamos tan metidos que fue saliendo", dice Rosina Gil, quien interpreta Blanche Dubois en uno de los elencos.

Un tranvía llamado deseo en su momento de estreno en Estados Unidos fue objeto de censura por el contenido de sus escenas: besos entre homosexuales, violencia doméstica, suicidios y violaciones no formaban parte del mundo que el macartismo pretendía que se exhibiera en Broadway. Estas escenas son interpretadas en el ballet y son los puntos álgidos de la obra, principalmente porque implican un gran despliegue emotivo. Para Ismael Arias, uno de los bailarines que interpreta a Stanley Kowalski, desarrollar la escena de la violación fue especialmente difícil: "En el momento lo vivía y me pasaban mil cosas, había una transformación personal. A veces cuando estaba saliendo del ensayo me daba vuelta y sentía culpa, yo sabía que era una actuación pero llegaba hasta a llorar, sentía mucha culpa, eso me hacía mal. De hecho después de la violación tenía que salir y hacer una pequeña escena de saludo a Blanche y tenía que estar fuerte, pero yo estaba medio quebrantado."

Para interpretar Un tranvía los bailarines del SODRE debieron poner a prueba su potencial histriónico. Eso en el caso de Gil implica seguir el ritmo emocional de Blanche, un personaje que desarrolla varios estados de ánimo en pocos minutos. "Este papel lo tiene todo: aparte de la exigencia técnica, que es muy grande, está la parte de interpretar un personaje tan complejo. Tenés que darlo todo en el escenario. A veces es difícil porque en danza tenemos que estar muy concentrados en hacer los pasos bien, en la coreografía, en no caernos y aparte en lo más importante que es dar lo emocional, interpretar, que llegue la historia al público, y que la gente se vaya no solo viendo movimientos sino algo que los mueva. Para lograr eso tenemos que meternos en el personaje porque sino no es creíble."

Tras un mes y medio de ensayos y en menos de dos horas los bailarines demuestran que la belleza del ballet no está en los tutus ni en la piruetas, y que a veces se encuentra justamente en la locura.

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