Por: Bernadette Laitano
En una sala sin butacas, un hombre corre por una cinta a casi dos metros de altura. Nada lo detiene, ni siquiera la pared que se rompe en mil pedazos al chocar contra él. En otra sala, más semejante a un cabaret, una autoproclamada diva internacional hace su aparición ante un público que la aplaude a rabiar, aunque se desconozca su carrera oficial. Y en un tercer espacio la oscuridad total impide describir imágenes, pero el olfato y el oído pueden hablar de oficinas, puertos, playas y mares. Los anteriores son tres ejemplos de obras de teatro que actualmente integran la cartelera porteña. No integran el circuito comercial, pero la asistencia de público y la crítica lo confirman como opciones a tener en cuenta si se está de visita en Buenos Aires.
FUERZA BRUTA. En mayo de 2005, Buenos Aires recibió un espectáculo surgido de la separación de De La Guarda. Era Fuerza Bruta, que nucleaba a cinco de los ocho integrantes de De La Guarda y aplicaba los mismos postulados: teatro de acción, lenguaje exclusivamente corporal, convivencia del espectador y el actor en un mismo espacio.
Fabio Dáquila, uno de los miembros fundadores y responsable de la coordinación, apunta que Fuerza Bruta apela, sobre todo, a las sensaciones: "El público participa de una experiencia totalmente vital, adrenalínica (sic), en un estado de liberación. Me parece que todas las situaciones, las escenas, los momentos que el público va viviendo y recibiendo, terminan en que celebre, se divierta, festeje, comparta. Es muy difícil poner en palabras el show y es muy difícil trasmitirlo. Sería una descripción visual, nunca te podría contar la sensación que tiene el público".
Está en lo cierto. Presentar un espectáculo de Fuerza Bruta es asistir, literalmente, a una experiencia en la que las imágenes son parte de un todo que golpea la sensibilidad. No hay línea argumental sino una sucesión de escenas que quedan en la retina del espectador. No hay lugar a interpretaciones intelectuales porque, como afirman, los golpes son continuos y no dan tiempo: "Cuando vos empieces a entender, ya vas a estar en otro lugar", acota Fabio.
Un hombre camina por una cinta evitando personas, mesas, sillas, disparo, viento, agua. Hay personajes que revientan de expresión y tiran cajas al tiempo que la música -una base electrónica con introducciones de murga- les gana el cuerpo. Luego bajan y rompen cartones en las cabezas de los espectadores. Las luces disminuyen, una tela cubre todo a la altura de la cabeza y los espectadores, sin saber cómo, están bailando y saltando, convertidos en protagonistas del espectáculo.
Más tarde, dos performers caminarán por la pared y, poco después, una piscina gigante, transparente, descenderá desde el techo con cuatro actrices en ella. Es entonces cuando se entiende el mensaje previo al comienzo del espectáculo, cuando el contacto con la escenografía quedaba permitido, pero sólo con la palma de las manos.
El elenco está integrado por nueve performers -seis chicas y tres chicos- que provienen de diferentes disciplinas: "Cuando convocamos y hacemos un casting pedimos actores, gente de danza, gente de acrobacia y gente de gimnasia artística. Fuerza Bruta exige mucho cuerpo. Exige tener una disciplina de trabajo que yo siento que se parece más a la disciplina del deportista que a la del actor", aclara Fabio. El ritmo de funciones potencia lo anterior: nueve funciones por semana, con un día de descanso. El espectáculo dura una hora y cuentan con una hora y media para descansar los días que hay doble función.
Desde la producción no están interesados en ocultar el engranaje del espectáculo, por el contrario, los técnicos se ven y usan un vestuario especial con mamelucos, lentes y curitas. Saber que el cine es una de las múltiples disciplinas en que se basan los creadores de Fuerza Bruta, lo explica "Por ejemplo, en un ser de cine, vos, como espectador, terminás viendo sólo la pantalla, no ves cómo se hizo el efecto, en cambio acá sí, vos estás viendo cómo se hace una escena y el efecto a la vez. Ves a los técnicos trayendo los elementos con los cuales el actor va a interactuar, no está oculto eso. Le provocan al actor un cambio de su realidad".
Otro factor constitutivo es el sonoro: "El show está muy arraigado en la potencia visual y musical. La música acompaña al dramatismo de cada escena". La base es electrónica y el creador es Gaby Kerpel, quien la ejecuta en vivo desde una cabina de dj. Si bien fue concebida para el espectáculo, se alinea a la idea de Fabio en cuanto a fiesta y diversión la obra termina, pero la música sigue sonando y el público baila. Ahora los técnicos apuntan la manguera con agua hacia la masa y no importa que afuera la temperatura sea de 15°, a nadie parece molestarle quedar con la ropa toda mojada.
Dado el éxito de Fuerza Bruta -la capacidad es para quinientas personas, pero las entradas se agotan con varios días de anticipación- cuesta creer que la organización dudara sobre el éxito del espectáculo en su regreso. A partir de 2006 realizaron giras internacionales y recién volvieron a Buenos Aires en mayo de este año. La repercusión fuera de fronteras fue tal, que ahora hay un elenco estable en el Distrito Federal, México y otra en Nueva York, Estados Unidos. En Buenos Aires, se puede ver en el Centro Cultural Recoleta, de martes a domingo. Las entradas se pueden adquirir a través de Internet (www.ticketportal.com.ar) y cuestan entre 50 y 75 pesos argentinos.
CONCHA DEL RIO. A cuadras de la calle Corrientes y sin carteles de grandes dimensiones, Concha del Río, una autoproclamada diva del under porteño, declara que se queda en Argentina y los fanáticos pueden estar cerca de ella en el teatro El Cubo -una de las salas referente en el circuito off-. Distintos anfitriones acompañan al espectador a la sala, en la que puede ocupar una de las mesas y consumir una bebida más una picada, u ocupar la platea general.
Noralih Gago es la actriz que interpreta a esta diva desde hace ocho años. El personaje nació para el unipersonal 3340, pero fue creciendo tanto que hoy encabeza un espectáculo que es ícono del circuito under, el Cabaret Anfitrión. Su grandeza puede medirse en Facebook, red en la que creó una página siguiendo el juego de su alterego: sube fotos en compañía de grandes figuras como Liza Minelli o Michael Jackson, producciones fotográficas eróticas o el anuncio de la venta de su propia muñeca. Lo que sea que suba, los fanáticos ovacionan, generando un doble juego de idolatrías a un personaje que, de hecho, saben que no es real.
Todas las noches hay invitados especiales que se encargan del musical y el humor del cabaret. Las funciones son miércoles y jueves a las 20.30 hrs. en El Cubo. Las entradas cuestan 40 y 70 pesos argentinos.
LA ISLA DESIERTA. La experiencia respecto a La isla desierta comienza antes de entrar a sala. Los espectadores ingresan en filas de diez personas tomando a quien está delante por los hombros hasta ser ubicados en sus asientos. No se verá el especio en el que se desarrolla la obra hasta finalizada la función. No se sabrá cuáles son las dimensiones ni la distribución del espacio. La percepción de la obra, de Arlt, será a través del olfato y el oído, ocasionalmente el tacto. Por eso está prohibido ingresar a sala con el celular en modalidad silencio o vibrador. Es obligación apagarlo porque cualquier fuente de luz arruinaría la obra, que se desarrolla en completa oscuridad.
El espectáculo está en cartel desde 2001 y el elenco lo integran ocho actores, de los cuales cinco son ciegos o disminuidos visuales. Los otros tres son actores que debieron ser entrenados para moverse en la oscuridad.
"No era teatro convencional ni sentado en una silla o teatro leído, que es lo que se suele hacer, así que empezamos a moverlos en el espacio, a trabajar con el texto. Los actores que veían empezaron a trabajar vendados, el único que veía era yo", explica José Menchaca, director y responsable de la adaptación. Trabajan con sonidos grabados y en vivo que hacen a la riqueza de la obra, su escenografía sonora. Se puede ver viernes y sábados en Ciudad Cultura Konex. Entradas a 40 pesos argentinos.