Por: Mariel Varela
No sabe cómo definirse ante la pregunta ¿formal o informal? Pero bastan algunas premisas de su respuesta para sacar un par de conclusiones.
Se dice totalmente desprejuiciado y tolerante. "Nunca dejé de aceptar nada. El tema está en que con lo que avancemos sea respetuoso. Las cosas que no toleraba, no las tolero. ¿Cuáles son? No lo sé, pero no las tolero", contesta respecto a si evolucionó o no.
Eso sí, como ex diputado no comparte las formas que tiene el presidente Mujica. "Todos lo aceptan pero no es así. Que lo haga otro sí, pero mi presidente no. Pero son las reglas del juego. Es la democracia". Y levanta el tono de su voz ante esta queja.
Es un caballero con todas las letras. Lo demuestra al saludar: besa la mano de la mujer que tiene delante. Y cada tarde cuando se sienta junto a su esposa a ver la comedia de las siete por Canal 12. "Es un rito. La tenemos que ver inexorablemente".
Le molesta el desorden. Le parece fundamental respetar las jerarquías. El "che, vos" lo saca de las casillas al punto que si entra a un comercio y lo reciben con un "che, ¿qué necesitás?", se da media vuelta y se va. "Se acabó", dice sin medias tintas.
Se siente incómodo en el terreno del tuteo. Exige respeto como "veterano". De ahí su admiración por los japoneses: "Lógicamente, los muchachos hacen lo que quieren pero tienen un culto hacia los veteranos y los respetan profundamente".
Pero este señor que pareciera gruñón en algún comentario anterior, se entretiene mirando Tinelli porque las figuras que aparecen "son atractivas para un veterano como yo". Aunque aclara no estar "tinellizado".
Y se desarma con sus perros Golden (Tango y Junior) y sus nietos. La más pequeña viene a buscarlo a la barbacoa que desde 1985 también funciona como estudio para grabar Estadio Uno. Sánchez Padilla la presenta: "Hola amor. Esta es mi nieta chiquita". Y no duda en marcarle límites si es necesario: "Quedate quietita, por favor", le dice sin levantar el tono en mitad de la entrevista.
No se considera autoritario pero sabe cómo hacer marchar derechito. "Cuando a veces un jovencito se me va del carril le pego cuatro gritos. Pero son cuatro gritos nada más. Después todo sigue igual", comenta. Se asombra de la juventud en algún aspecto: "Hoy hacen cualquier cosa por no ir a clase. Recuerdo mis épocas de escolar y liceal y nosotros nos divertíamos estando con los profesores porque eran regios, fantásticos".
Pero también sigue la corriente a esos muchachos que le causan incertidumbre: "Soy moderno y actual porque acompaño lo que los jóvenes imponen", comenta quien se animó a grabar un rap incentivado por Ancap.
"Me resultó exótico para alguien tan joven como yo", bromea. Y continúa: "Los muchachos de la agencia son tan divinos que pueden hacerme cantar como Gardel".
-¿Le gustó rapear?
-Me sorprendió porque yo no le ponía mucha atención, es la verdad. Me encantó lo que hice finalmente.
-"Aunque no lo crea, ya llegó el de Estadio Uno". Así arranca. ¿Cuál cree que fue la reacción de sus televidentes al verlo y escucharlo?
-Estarán sorprendidos, supongo, que un veterano como yo esté haciendo un rap...
Es empresario y eso lo obliga a acercarse a la tecnología. Es moderno y actual también en ese aspecto. Tiene celular "desde que no era lo que es hoy porque lo tenía en mi auto".
Dice ser un "analfabeto" en la materia internet pero aún así no se da por vencido y "agarra los libros". En Cita, su compañía de transporte, hay más de 50 computadoras, en su casa también hay una y en la de su hija otra más. "Quiere decir que estamos en acción", se ríe. Eso sí, al mundillo de las redes sociales le dice no: "Mi vida es privada. Eso de tener 3 mil amigos no lo entiendo".
Con la excusa del aniversario número 41 de Estadio Uno, Sábado Show se acercó al estudio donde Sánchez Padilla graba el programa para charlar con él. Hace poco le puso cocina a este lugar tan especial que está plagado de recuerdos al punto que a uno no le dan los ojos para abarcar cada detalle. Es más, cuenta con una colección de 3 mil latitas de cerveza y refrescos. "Sigo acumulando cosas de acuerdo a lo que he hecho. Todo lo que está acá adentro tiene una razón de ser, no es algo que trajimos por qué sí".
Mira hacia el costado y encuentra un adorno de 1940 que se lo regalaron en la peluquería donde se lustraba los zapatos. "Es un obsequio de Gula, el dueño. Un día me llamó y me dijo, quiero que tengas un recuerdo de tu pasaje por acá", cuenta. Y ahí quedó el souvenir.
Canario. De nacimiento y de corazón. "Nadie me puede tocar a Canelones porque es el mejor departamento del país. No es el más poblado pero es el segundo", comenta quien nació en la ciudad de Canelones pero adoptó a Santa Lucía como su pueblo porque allí pasó sus mejores momentos y comenzó como juez de basketball, "algo hermoso en mi vida".
Nació en su casa. Según él, "eran épocas pretéritas". Pero ya no identifica aquel hogar que había construido su abuelo producto de las grandes modificaciones que sufrió. "La veo de lejos, al pasar, pero no me doy cuenta cuál es la que yo nací", comenta.
A la Ciudad de la Costa la llama la Ciudad de Lata "porque da vergüenza". Y agrega: "Estuvo muy mal administrado. Espero que al término de la gestión de Marcos termine en muy buena forma mi querido departamento".
patriota. Hace 35 años que habita en el Prado. Desde que se mudó, colocó un mástil en la entrada con la bandera de Uruguay y la iza cada día. "Se eleva de mañana y se baja al caer el sol". Repite esa rutina en su casa de Costa Azul: "Cuando estoy yo, está la bandera, como si estuviera el dueño del circo".
Ese amor al país es en el aspecto en que se reconoce más conservador. Advierte que ese "uruguayismo" creció en todos gracias al Mundial y augura que dure.
-¿Cómo es el Sánchez Padilla hincha?, ¿muy fanático?
-No, soy un tipo absolutamente pasivo. La energía y vehemencia que pongo en todas las cosas que hago, no están cuando voy al fútbol porque lo hago con mucha seriedad y con un carácter analítico demasiado profundo.
Un partido para él supone entre 40 y 50 anotaciones en su libretita que a posteriori traslada a la mesa de Estadio Uno. "Disfruto con eso porque después digo con precisión, en el minuto 51, tal cosa", señala.
-¿Grita los goles de la selección?
-¿Pero cómo no voy a gritarlos? Con toda mi alma.
2x1. Es colorado por convicción. "Las calles que tenemos hormigonadas en Montevideo y las carreteras fantásticas de Canelones las hizo Tomás Berreta, un colorado maravilloso. Siempre con corbata", acota.
El combo fútbol - política vuelve a mezclarse en la historia de Sánchez Padilla. Y cuenta una anécdota a propósito. "Uno de los partidos del Mundial lo viví junto al presidente de la República. Me invitó especialmente Bonomi, que es un gran tipo, y fui al partido contra Ghana. Madre mía. Fue imponente aquello. Casi nos morimos del corazón".
-Empresario o periodista, ¿qué le calza mejor?
-Ni una cosa ni la otra, las dos.
-¿El gobierno de Mujica favoreció o perjudicó al Sánchez Padilla empresario?
-A mí no me perjudica ningún gobierno porque no tengo nada que ocultar ni nada que pedir de favor. La acción del señor presidente es cuestión de él, de su partido y le tendrá que dar cuentas a la ciudadanía cuando vengan las próximas elecciones.
-Supo reconocer la buena gestión de Tabaré Vázquez, ¿en el deporte le cuesta reconocer los aciertos de sus colegas?
-Hay algunos que son chantas, han sido y lo seguirán siendo. Y hay otros que hacen algo en forma sistemática con respecto al poder que hay en el fútbol que no es muy agradable: hacen sexo oral, lo cual me molesta enormemente.
-¿Tiene enemigos en el periodismo deportivo?
-No sé. Si los hay, ni me preocupa.
-¿Y amigos fuera de la mesa de Estadio Uno?
-Por supuesto que sí, y además, los quiero mucho.
LOS MISMOS OCHO. Le viene la nostalgia y se para. Se dirige a uno de esos tantos cuadros que cuelgan de las paredes de la barbacoa - estudio. Se trata del guión del primer programa de Estadio Uno. Un 5 de julio hace 41 atrás alguien lo escribió a máquina -no está seguro si fue él o su secretaria- y años después el periodista lo encuadró como "un recuerdo excepcional".
Y arranca a leer: "Los invitados fueron Miguel Restuccia, Roque Máspoli, José María Cosedal y el Pulga Etchemendy. En ese momento había una pelota que hablaba y la voz la hacía la actriz Irma Carrasco. El texto era de Adolfo Goldoine", rememora.
Hoy salen a la cancha sin respaldo: "Ahora no tenemos guión, no tenemos nada. Sale como sale. Se acabó el asunto".
-Estadio Uno está en el Guinness por la permanencia ininterrumpida, ¿alguna vez se le pasó por la cabeza dejar de hacer el programa?
-No, nunca. Porque entiendo que Estadio Uno tiene un yo qué sé que hace que quienes componemos el equipo estemos ansiosos por estar el lunes para dar nuestras opiniones de los acontecimientos deportivos.
-O sea que no se imagina su vida sin Estadio Uno...
-No, no me la imagino, más allá de los pocos televidentes que tenemos. Siempre tenemos ocho pero los conozco a todos, eso es bárbaro, me encanta.
-Hay Estadio Uno para rato, entonces...
-Yo no tengo mucho rato que digamos pero el rato que tenga voy a seguir con él.
-¿Cómo se imagina esos ocho de siempre?
-Uno me lo imagino en un boliche en Cerro Chato mirando el televisor blanco y negro que todavía no lo cambiaron por uno a color. Al gerente de algún banco o a un abogado de primer nivel viéndolo desde su casa.
-¿No lo miran mujeres?
-Por supuesto que sí. Silvia ha de tener sus propias hinchas y sus contras, siempre ocurre.
-Libertad e independencia son conceptos que prioriza en la mesa....
-Absolutamente. Nosotros no le chupamos las medias a nadie. Tenemos nuestro concepto. Puede estar equivocado pero no lo hacemos como consecuencia de que le tengamos simpatía o no a alguien. Lo que no toleramos es la arrogancia de ser un genio, como algunos aparecen en algún momento determinado.
-¿Se considera un hombre idealista?
-Sí, y me siento feliz de ello. Soñaba con un Uruguay como el que está jugando al fútbol hoy.