César Bianchi
Gustavito era un niño precoz. A los 6 años escuchaba con atención los discursos radiales del caudillo blanco Benito Nardone y lo imitaba parado en un cajón en el fondo de su casa. Levantaba la voz, blandía un dedo acusador y jugaba a ser un florido orador político como el ruralista "Chicotazo". Entre los 12 y 13 años, en primero de liceo, ya tenía clara su verdadera vocación: abogado penalista. No sólo abogado; le gustaba la criminología, o como él lo define: "el fenómeno sociológico de la conducta antisocial".
Hoy, con 52 años, Gustavo Salle es un reconocido abogado penalista, muy identificado con la defensa de sectores radicales de izquierda y con una ideología antimperialista y antisistémica. Aquel sueño de los 6 años, en tanto, no es algo que él sienta tan descabellado. Dice que es muy probable que forme su grupo político para disputarle la Presidencia de la República a Tabaré Vázquez en 2014, a quien él define como uno de sus "adversarios".
Dueño de una impronta muy particular, el abogado suele dejar colar al militante de la izquierda germinal en cuántas apariciones mediáticas tenga a mano. Y suele despacharse contra Vázquez y José Mujica (a quienes acusó de cometer crímenes de lesa humanidad en las cárceles), Gonzalo Fernández, y a toda una entelequia que él define con vocablos como corporatocracia y plutocracia.
Otra cosa curiosa: Salle, el abogado, no cree en la Justicia uruguaya. Dice que ésta se amilana ante el poder de algunos dirigentes políticos uruguayos y se deja "penetrar" por "El Poder" del dueño del mundo: Estados Unidos y su "núcleo de poder anglosajón-sionista-masónico". Son, dice, los que digitan todo, sobre todo en América Latina "con sus países colonizados".
DE CUNA BATLLISTA. De padres batllistas -él comerciante de una importadora de autos y maquinaria agrícola, ella maestra de escuela, ambos vivos-, el joven Salle y su hermano Carlos fueron moldeando su espíritu rebelde al compás de la represión de los años previos al golpe de Estado. Y eso que recuerda un profundo pesar en el hogar cuando falleció Luis Batlle Berres. Con la escisión de Zelmar Michelini, Alba Roballo y Hugo Batalla para formar el Frente Amplio, la familia entera acompañó el bautismo de la coalición de izquierda en febrero de 1971.
Hoy Salle ve al Frente Amplio como otro partido tradicional, y el más funcional de todos a los intereses estadounidenses. "Hubo una metamorfosis ideológica, política, moral y ética en el Frente. La traición de la izquierda es tan inocultable, tan bochornosa -dice levantando la voz en su estudio jurídico de la Plaza Independencia "atrás del despacho de Mujica"- que quienes la protagonizan tienen que buscar mecanismos de autojustificación para no reconocer la traición. Es preferible endilgarme la condición de jurásico-paranoico o, para utilizar la definición irrespetuosa del presidente, es más fácil tratarme de `nabo`, que aceptar que se es colaboracionista de quienes mataron a sus compañeros".
A Salle sólo basta tirarle apellidos para que comience a enojarse y se le formen decenas de patas de gallo debajo de los ojos. Basta nombrarle a Mujica, Vázquez, Fernández, jueces, abogados, empresarios, que se irá acercando cada vez más al interlocutor hasta amagar con subirse al escritorio. Todos lo indignan y cómo; pero un instante después de expresarse con su verba inflamada, retoma una reflexión más calma, de tono bajo.
Salle lo confiesa: cuando hace denuncias ante la Justicia o ante un micrófono, no siempre habla el penalista, a veces habla el ferviente militante de una izquierda que él no ve en el Frente Amplio. En cambio se siente representado por Irma Leites (Plenaria Memoria y Justicia), a quien defendió procesalmente en más de una oportunidad, Jorge Zabalza o Eduardo Rubio, de Asamblea Popular.
Muchos colegas lo ven como un romántico, alejado de la realidad. Otros creen que está loco (y se lo han dicho). Y no son pocos los que piensan que ha creado un personaje de perfil alto para cimentar su imagen en los medios y ganar protagonismo. "Es puro folclore", dijo un colega de Salle que pidió reserva.
Un juez que también pidió el anonimato dijo que Salle es "un caballero, sumamente correcto", pero que a veces "presenta denuncias que no tienen pies ni cabeza". Quizá se refiera a cuando solicitó la extradición de Henry Kissinger -secretario de Estado de Richard Nixon y Gerald Ford- en oportunidad de la visita del mandatario estadounidense George W. Bush a Vázquez en marzo de 2007.
El mismo juez agregó: "Presentar tantas denuncias es una buena forma de hacer política y hacerse conocido gratis". A este magistrado no le molesta estudiar un sinfín de reclamos con trasfondo político, pero advirtió que un escaso discernimiento "puede afectar la credibilidad del denunciante".
Salle suele atender casos de gente "común y corriente", sospechados de estafa, libramiento de cheques sin fondo, violencia doméstica o tentativa de homicidio. Pero con la chapa de penalista conocido se ha tirado contra dirigentes importantes de la política local. En este sentido ha dicho que el del Frente Amplio es un gobierno "torturador", porque según la ley 18.026 artículo 22.2, los malos tratos y el hacinamiento en las cárceles es una forma de tortura. Por eso, dijo, Vázquez y Mujica han cometido crímenes de lesa humanidad.
También ha denunciado al abogado y ex secretario de Presidencia, Gonzalo Fernández, por conjunción del interés público con el privado, desde que defendió al grupo Moon en la compra del puerto comercial Cerro Free Port hasta su aparente colaboración para que los hermanos Peirano quedaran en libertad gracias a la polémica derogación de una ley.
Salle dice sin empacho que casi nunca sus casos tienen éxito en tribunales. Y le echa la culpa a los jueces. "Fernández es hombre de Estados Unidos. Tiene información privilegiada, está en la cocina. Patrocinó a gente investigada por el crimen organizado. Esto me hace decir que en Uruguay no estamos en un estado de Derecho, estamos en un estado arbitrario". Está convencido que su última denuncia sobre Fernández tampoco tendrá andamiento. "Soy pesimista", dijo.
La mayoría de los casos que plantea en la Justicia son archivados sin más. Su amigo de la infancia, el juez penal Ricardo Míguez, sin ir más lejos, le ha cerrado casos que él luego recurrió. Míguez, quien jugaba "picados" de fútbol con Salle en las calles de Sayago cuando vivían frente por frente, no cree que haya una puesta en escena en la actitud vehemente del abogado. "Él siempre fue así, es auténtico. Y también es muy gracioso. Es un buen tipo que intenta justificar en el derecho cada cosa que dice", le dijo el juez a Qué Pasa.
Con él también ha hecho propaganda. Míguez contó que le ha llevado textos de publicaciones que hablan de complots de la CIA y agentes secretos de Inteligencia de Estados Unidos para dirigir el mundo.
"A mí no me perturba ni me asusta, porque conozco su postura. Pero yo creo en el derecho y en la Justicia. Yo no tomo la ideología cuando juzgo, tomo en cuenta que sus escritos estén fundados en sustento legal", agregó Míguez.
¿Presidente?. Intentar extraditar a Kissinger o denunciar como "torturadores" a Vázquez y Mujica no son las únicas excentricidades del doctor Salle. En julio de 2007 dijo que quería ser presidente de la República, así lo votara sólo su familia. Ahora insiste con la idea, un anhelo del que no se piensa privar, a pesar de que, asegura, llegado el momento intentarán bajarlo como sea. Para él las democracias son "una fachada" y quienes de veras mandan son "las tiranías financieras" y "la plutocracia internacional" (el Club Bilderberg, la Masonería, la sociedad secreta Huesos y Calaveras, los Soros, los Bill Gates, los Rockefeller). "Pero si por esos abortos de la naturaleza, la gente empuja y va llevando al Dr. Salle hacia el 2014, habrá que eliminarlo. Puede sufrir un accidente, recibir una amenaza y abandonar, o tratarán de comprarlo. Pero supongamos que Salle gana las elecciones", se ilusiona, y sigue hablando en tercera persona como Ruben Sosa. "Bueno... si eso llegara a pasar, ¿para qué están las Fuerzas Armadas?", se pregunta.
Salle habla "mitad en broma, mitad en serio", como cuando afirmó algo similar en el periodístico de humor Los Informantes de TV Ciudad. "Ahí dije que al otro día de ganar, se escuchará la marcha de San Lorenzo", que identifica un golpe de Estado. Así piensa Salle: siempre hay una conspiración de "El Poder" (o "la élite oligárquica a nivel mundial") para frenar a un simple mortal defensor de los desposeídos y marginales.
Él quiere enfrentar a Tabaré Vázquez en la campaña para las próximas elecciones nacionales sin pensar en ganar -está claro, es un perdedor romántico- sino para marcar presencia, para ser "la voz de los débiles".
"Y mire que todos saben que no soy un hombre pobre, que me considero un burgués", dijo. En efecto, vive en Carrasco ("un barrio bueno... rico, quiero decir") y goza de un buen pasar. Se admite un dandy, amante de la buena vida.
Ese capitalismo que todo lo corrompe, a su juicio, también lo compró a él. "El capitalismo te prostituye, es relojería suiza".
-Ahora, ese gusto por el `vivir bien`, ¿no es usufructuar el capitalismo que usted tanto combate?
-¡Soy un burgués capitalista! Vivo inmerso en el régimen capitalista, bajo sus reglas. Tú puedes vivir bien ejerciendo dignamente la profesión o siendo un narcotraficante. No me puedo situar fuera.
-El presidente Mujica predica con el ejemplo al vivir de forma austera...
-Mujica es el más funcional al capitalismo. Lo prefiero viviendo en un castillo y haciendo la reforma agraria, o impidiendo la extranjerización de la tierra y la sojización, a que viva en una chacra con todo revuelto y viabilice todo lo que digo.
Salle sabe que muchos lo ven de reojo, con desconfianza, lo ven como a un "tirabombas" que presenta denuncias sin sentido. "Otros me estigmatizan como un loco. Pero digo: si la normalidad, si la salud mental es esto que estamos viviendo, me declaro efusivamente insano mental".
"Honesto y coherente"
Gustavo Salle defendió a Irma Leites, líder del grupo radical Plenaria Memoria y Justicia, luego que ésta fuera procesada por desacato y ofensas tras pintadas contra el Poder Judicial en 2005. En 2008 el Tribunal de Apelaciones revocó la condena y la Suprema Corte absolvió a Leites. "Salle ha sido honesto con quienes fuimos criminalizados. Ha defendido lo que creyó correcto y se ofreció de forma solidaria y desinteresada. No sé si es burgués, pero es más coherente que otros que dicen venir de abajo y llevan adelante los planes de las multinacionales", dijo Leites.