Cuando un enemigo se va

| Al Qaeda fue arrasada en su propio territorio.

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Bien al norte de las montañas Waziristán, lejos de cualquier poblado, Hafiz Hanif finalmente dio con los remanentes de su vieja célula de Al Qaeda. El afgano de 17 años, se había estado preguntando porque no escuchaba nada de sus antiguos camaradas de armas. Ni siquiera le contestaron los mensajes de texto que les envió en mayo, después de la muerte del hombre que ellos simplemente llamaban el jeque: Osama Bin Laden.

Ahora Hanif vio con sus propios el por qué de ese silencio. Sólo quedaban cuatro de los 15 guerreros de su célula, y estaban acurrucados en un rancho de barro, sin dinero, ni comida. Más allá de sus demacrados pero familiares rostros, no se parecían en nada a aquellos con quienes fue entrenado por Al Qaeda, y junto a quienes combatió. Lo recibieron calurosamente pero le desalentaron la idea de quedarse. Dijeron que el comandante de su célula, un kuwatí llamado jeque Attiya Ayatullah, había huído a esconderse. Los otros huyeron o murieron. "¿Para que íbamos responderte los llamados", dijeron. "¿Para que te termine asesinando un avión no tripulado?"

¿Es demasiado pronto para escribir el obituario de Al Qaeda? En los últimos dos años, la jerarquía del grupo ha sido devastada por ataques de vehículos no tripulados estadounidenses, los drones, y por un constante éxodo de jihadistas desmoralizados que huyen de las áreas tribales de Pakistán. En una entrevista en setiembre de 2010, Hanif (su nom de guerre) estimó que el grupo tenía apenas 130 árabes en Waziristán, junto a decenas de chechenos, turcos, tayicos, incluso reclutas de Europa occidental. Pero poco más de un año después, estima que no quedarían más de 40 o 60 soldados de Al Qaeda a ambos lados de la frontera. "Hubo un tiempo en que Al Qaeda estaba lleno de grandes jihadistas, pero ya nadie está activo o planeando operaciones", se queja. "Aquellos que quedan en actividad sólo están tratando de sobrevivir".

Hijo de refugiados de guerra afganos que vivían en Pakistán, Hanif recién había cumplido los 15 años cuando, a pesar de las objeciones de sus padres, huyó del hogar para alistarse en la guerra contra las fuerzas estadounidenses en su país. Eso fue a comienzos de 2009, y durante poco más de un año, el brillante pero impresionable muchacho vivió entre soldados de Al Qaeda en el aislado territorio salvaje del norte Waziristán. Sus padres finalmente lo persuadieron a que regrese a casa en junio de 2010 pero se volvió a escapar un año después. Quedó conmocionado con lo que encontró. "La flor se está marchitando", dice en una casa segura de los Talibán en la ciudad afgana de Khost. "Pienso que un glorioso capítulo de Al Qaeda se está cerrando".

Pocos estadounidenses, por ejemplo, comparten su pena por el final del grupo. Todo indica que Al Qaeda ha sido prácticamente borrada de todas sus fortalezas en Pakistán y Afganistán. A pesar de que Estados Unidos suspendió sus ataques con aviones no tripulados en noviembre -el hiato más largo en tres años- el respiro les llegó algo tarde a los viejos asociados de Bin Laden. "Los drones habrán terminado, pero sólo después de acabar con Al Qaeda en las áreas tribales", dice un importante agente de la Inteligencia talibán que ha estado en contacto con los sobrevivientes del grupo. "Por lo que yo puedo ver, el comando operacional de Al Qaeda ha sido casi eliminado".

El tío de Hanif, un operativo talibán, dice haber estado en contacto con unos pocos miembros de Al Qaeda que están refugiados en las áreas tribales. "Todos los jihadistas que tenían una visión estratégica han sido eliminados", le dijeron.

Hanif dice que hace meses que nadie en Waziristán ha visto o escuchado directamente a Ayman al-Zawahiri. Al médico egipcio sí se lo vio en un video, el 1° de diciembre, alardeando que Al Qaeda había secuestrado a un trabajador humanitario estadounidense de 70 años, Warren Weinstein en Lahore. Lo dijo como si mantener de rehén a un septuagenario fuese un gran logro estratégico del grupo.

"Creo que el martirio de nuestro gran jeque fue el final", dice Hanif. "Con el jeque vivo, nuestros líderes eran fuertes y estaban determinados a pelear. Pero su muerte y los ataques con aviones no tripulados, le chuparon la sangre a nuestro liderazgo. Ahora los líderes parecen estar moviéndose de un lado a otro por su seguridad". El bajo perfil no lo ayudó al jeque Ayatullah: murió en el ataque de un drone, poco después que Hanif volviera a Waziristán.

Dejaron de venir nuevos reclutas, dice Hanif. "Cuando llegaban los nuevos, traían sangre nueva, entusiasmo y dinero. Todo eso se ha perdido".

El dinero podría ser un problema más grande que el de los recursos humanos. Al Qaeda solía recibir millones de dólares al años de contribuyentes del golfo arábigo, pero el tío de Hanif dice que sus contactos le contaron que las donaciones se terminaron. En su lugar, dice, el dinero está yendo hacia los más productivos y generalmente menos violentos movimientos de la primavera árabe del norte de África, Siria y Yemen. "Pienso que los árabes ahora consideran que la pelea debe ser política y doméstica y no actos de terrorismo en Occidente", dice el tío. "La lucha pacífica en las calles árabes ha conseguido mucho más de lo que pudieron consiguir Bin Laden y Zawahiri".

Hanif se acuerda cuando operativos logísticos de Al Qaeda visitaban su unidad para preguntarle a los hombres si precisaban armas, medicinas, comida y dinero. Y a él le encantaba ir a hacer el surtido al bazar de la capital de Waziristán del Norte, Miran Shah, con sus bolsillos llenos de dinero para golosinas y té y para poder navegar por internet. La ciudad aún está atestada de talibanes afganos y paquistaníes, haciendo compras codo a codo con soldados paquistaníes, pero ahora los árabes han desaparecido, y las tiendas dedicadas a las especialidades árabes han estado cerrando. Los guerreros sobreviven con pequeñas porciones de alimentos, si es que no han sido dejados para que se defiendan solos y como puedan.

Eso no es fácil ya que Al Qaeda tiene pocos amigos en la zona. Los pobladores temen que su presencia atraiga los ataques y las consiguientes pérdidas de vidas civiles, y Al Qaeda no tiene nada para ofrecer a los militantes locales. El grupo está quebrado y sus mejores técnicos y especialistas en explosivos o están muertos o lejos de la vecindad. No hay ni siquiera suficientes guerreros como para actuar como refuerzos.

Los nuevos enemigos. Aún determinado en volver a la jihad, Hanif se alistó en el ejército pashtún, aliado a los talibán y liderado por Sirajuddin Haqqani. Temeroso de los ataques de aviones no tripulados, el comandante de la red mantiene un perfil bajo, dice Hanif. Cuando viaja, Haqqani se tapa la cara con un pañuelo que lo cubre todo excepto los ojos y lo mismo hacen sus tenientes y sus guardaespaldas.

A pesar de que él y sus hombres encajan mejor en la vida tribal y de una manera que Al Qaeda nunca consiguió, el liderazgo de Haqqani no lo piensa dos veces ya que está evidentemente convencido de que la región es un nido de informantes de la CIA. Como resultado de eso, Haqqani emplea un brutal y temido escuadrón de la muerte que asesina, muchos casos recurriendo a la decapitación, a una larga lista de sospechosos de ser espías.

Hanif dice que pasó los siguientes cinco meses con los Haqqanis y formó parte de varios raids a través de la frontera hacia Afganistán, a los que sus compañeros llamaban "picnics". "Cruzábamos la frontera en operaciones que duraban uno, dos tres días; haciendo ataques contundentes para luego volver", dice.

"Entrar a Afganistán ahora es más fácil que nunca. No hay nadie para detenernos". Cuando los guerreros Haqqani se cruzan con tropas paquistaníes, que presuntamente están para arrestarlos, siguen adelante sin inmutarse, dice Hanif; nunca son desafiados. "Pienso que tienen un arreglo", dice.

Asegura que los guerreros de la red son valientes pero no tan disciplinados y piadosos como lo eran los de Al Qaeda. "Cincuenta por ciento de estos luchadores están buscando algo que hacer", dice Hanif. "No están peleando realmente por el islam". A pesar de eso le gusta su espíritu combativo. "Pueden ser descuidados y no tener motivaciones religiosas, pero son buenos jihadistas".

No está seguro que hará en el futuro. Por ahora está tomándose un tiempo alejado de la guerra, pernoctando con unos parientes en Afganistán. Dice que está determinado a expulsar a los estadounidenses y a la influencia occidental de Afganistán, y restablecer el emirato islámico del mullah Mohammed Omar, a pesar de que está desilusionado de que Al Qaeda ya no lo va a poder acompañar para conseguir esas metas. Se mantiene en contacto con su familia por teléfono, y le insisten que se vuelva a Karachi, a su casa, se case y, quizás se dedique a los negocios. Hanif odia esa idea. Para hacerlo, dice, debería traicionar todas sus creencias políticas y religiosas. Igual, se entusiasma, está pensando volver a casa aunque sea por un rato.

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años hace que Osama Bin Laden fundó la red Al Qaeda. Su primer gran atentado fue en 1998.

Ética

Yo, robot

"Un avión no tripulado es un robot. Y los robots están sustituyendo a humanos en el campo de batalla", dijo el filósofo Patrick Lin ante agentes de la CIA sobre las implicancias de una guerra robótica. "Las ventajas son múltiples. Son inmunes al sueño, a la baja moral, al cansancio y otros factores que nublan el juicio de un ser humano. Pueden ser objetivos a la hora de asegurar una conducta ética en tiempos de guerra: no actúan con malicia, odio u otras emociones que puedan llevar a crímenes de guerra y otros abusos, como violaciones". No todo fueron loas de Lin para los soldados digitales: "Mandar aviones no tripulados a patrullar sobre el cielo de Bagdad para mantener la paz sería emitir la señal opuesta a la voluntad de establecer vínculos, de conectar, con los residentes. Seguiremos necesitando diplomacia humana para eso. Y en un conflicto bélico, el extendido uso de robots también puede ser contraprudecente. Nuestros enemigos nos marcarán como gente sin honor y cobarde, por no estar dispuestos a enfrentarlos hombre a hombre".

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