Bob Herbert, The New York Times
El sábado nos enteramos de que nuestro mal llamado socio en esta olvidada guerra, el presidente Hamid Karzai, despidió a un prominente fiscal que había insistido en combatir la corrupción que corre como una paralizante enfermedad a lo largo de este país.
La revista Time nos dice que soldados tensionados, deprimidos y desolados están buscando ayuda para manejar sus dificultades a una tasa que está abrumando la capacidad de profesionales disponibles. Lo que estamos haciendo a estas tropas que han estado sirviendo recorrido tras recorrido en Afganistán e Irak es deshonesto.
Time describió el tema de salud mental como "el tercer frente del Ejército de Estados Unidos``, en tanto el reportero Mark Thompson escribió: "Mientras sus tropas de combate pelean dos guerras, sus profesionales de salud mental están librando una batalla por salvar la cordura de los soldados cuando regresan, la cual costará miles de millones de dólares mucho después de que el combate haya terminado en Bagdad y Kabul``.
Además del terrible precio físico, los máximos costos económicos de estas dos guerras, como han destacado Joseph Stiglitz, laureado con el Nobel, y su colega Linda Bilmes, ascenderán a más de tres billones de dólares.
Me da jaqueca cada vez que oigo a partidarios de esta incesante guerra quejándose de los déficits del presupuesto federal. Son como incendiarios quejándose del olor del humo en el barrio.
No existe una perspectiva reconfortante para esta guerra de casi una década de duración en Afganistán. Encuesta tras encuesta ha demostrado que ya no tiene el respaldo de la mayoría de los estadounidenses. Y sin embargo, seguimos peleando, alimentando a las tropas en la picadora de carne, año trágico tras año trágico. ¿Con qué fin?
"Claramente, aún falta mucho para que se escriban los capítulos finales de esta empresa``, dijo el General David Petraeus, comandante de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán, durante una entrevista con la BBC durante el pasado fin de semana. El tono de sus palabras transmitía la impresión de que esos capítulos no se escribirían en el futuro cercano.
En una referencia a la afirmación del presidente Barack Obama en cuanto a que tropas estadounidenses empezarían a retirarse de Afganistán en julio próximo, Petraeus le dijo al entrevistador: "Esa es una fecha en la cual empieza un proceso, nada más, nada menos. No es la fecha en que las fuerzas estadounidenses empezarán un éxodo y buscarán la salida y el interruptor de la luz para apagarla a medida que vayan saliendo de la habitación``.
Muchos estadounidenses que habían escuchado al presidente pensaron que era, de hecho, una fecha en la cual las fuerzas estadounidenses darían comienzo a un éxodo. Al parecer el general oyó algo por entero diferente.
En realidad, no es del todo claro cómo se siente realmente Obama con respecto a las pasmosas responsabilidades involucradas en librar la guerra, y ese es uno de los problemas. Hace poco, Peter Baker, del The New York Times, escribió un cautivante artículo, en muchas formas inquietante, sobre la pronunciada curva de aprendizaje que Obama, sin antecedentes previos en las fuerzas castrenses, ha tenido que negociar como uno de los comandantes en jefe en tiempos de guerra.
Cuando citaba a una asesor anónimo del presidente estadounidense, Baker escribió que Obama ve las guerras en Afganistán e Irak como "problemas que se deben manejar``, al tiempo que va en pos de su misión relativa a una transformación del país. El secretario de la Defensa, Robert Gates, declaró oficialmente: "Tiene mucho que manejar con respecto a grandes problemas, y pienso que no quiere dejar la impresión de que no está abordando los temas nacionales, los cuales tienen mayor importancia en la mente de la población``.
Las guerras no son problemas que requieren de administración o manejo, lo cual deja entrever que siempre estarán con nosotros. Son catástrofes que necesitan llevarse a una conclusión tan rápidamente como sea posible. Las guerras consumen vidas por miles (en Irak, por veintenas de miles) y a veces, como en la Segunda Guerra Mundial, por millones. El objetivo, cuando se pelea cualquier guerra, debería ser la paz, no un fermento permanente de mutilación y asesinato incesante. Las guerras tienen el propósito de ser ganadas -si es que tienen que pelearse, para empezar- y no ser cuidadas interminablemente.
Una de las razones por las cuales estamos en este estado de guerra incesante es el hecho que muy pocos estadounidenses han tenido interés alguno de tipo personal en las guerras en Irak y Afganistán. No hay servicio militar ni penuria financiera de manera directa a raíz de las guerras. Así que seguimos embarcando a los hijos de otras personas lejos, a combatir, como si fueran algo similar a productos como carbón o trigo, sin consideración real por el terrible precio que tantos han tenido que pagar, tanto física como psicológicamente.
Lo anterior no solamente es trágico, también constituye una profunda falta de respeto. Estos son hombres y mujeres reales, valientes y mayormente seres humanos que no se quejan, que nosotros estamos enviando a las zonas de guerra, y les debemos nuestra atención más cuidadosa. Por encima de todo, les debemos el final de dos guerras que se han extendido por demasiado tiempo.
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soldados estadounidenses murieron en los primeros ocho meses de 2010 en Afganistán. Ya se convirtió en el año más letal desde el inicio de las operaciones.