Amor a la japonesa

El enamoramiento es importante en la justicia de Japón pero a veces no tanto.

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The Economist

El 19 de febrero de 2006, Kimiko y su amante casado Tetsuo se alojaron en un hotel de Osaka, se mandaron unos cuantos sedantes y se cortaron las muñecas. Cuando se despertaron a la medianoche y se dieron cuenta que sus suicidios habían fallado, Tetsuo estranguló a Kimiko a pedido de ella, después se intentó ahorcar y cortarse otra vez las muñecas. No tuvo éxito y llamó a la Policía. En el juicio, allí donde un tribunal estadounidense hubiera considerado la premeditación, la corte japonesa basó su sentencia en si Kimiko estaba enamorada. Si lo estaba, razonó el juez, podría haber consentido ser asesinada y Tetsuo debería recibir una sentencia más liviana.

Muchas facetas de Japón parecen misteriosas para los extranjeros. Las cortes están, a veces, obligadas a buscar respuestas a preguntas acerca del amor que bien podrían carecer de respuesta. Pero en casos en los que el amor sí tendría algo que ver, como en los divorcios, los jueces usualmente ignoran por completo la emoción. Entender los misterios de la sociedad japonesa a través de sus estatutos es la especialidad de Mark West, profesor de la Michigan Law School.

En Lovesick Japan ("Japón enfermo de amor") West navega a través de 2.700 expedientes judiciales para pintar un retrato de un país que trata al matrimonio más como un contrato económico que como una unión emocional.

Por lo visto, un pequeño adulterio no mata al matrimonio como institución. "Las cortes no tienen problema en inmiscuirse en los dormitorios y los burdeles en formas que no son esenciales para el caso", escribe. "Lo que encuentran raramente los complace".

De acuerdo a encuestas, parece que hay menos sexo en Japón que en otros países grandes. Un estudio del Ministerio de Salud en 2006 informó que un tercio de las parejas casadas menores de 50 años habían tenido sexo, se besaron o se tomaron las manos, menos de una vez por mes. De hecho, besarse fue considerado por mucho tiempo como poco higiénico. Fue alentado durante la ocupación estadounidense, en la creencia de que esos modos occidentales promoverían la democracia y erodarían el sistema patriarcal de los hogares.

A pesar de eso, los japoneses no son tímidos acerca de sus fetiches y la ley tiene una actitud permisiva acerca del sexo comercial. No es ilegal pagar por sexo; un estudio de 1997 mostró que más de la mitad de todos los hombres mayores de 25 lo hicieron (y para la mayoría de ellos esa fue su primera experiencia sexual). Aunque está prohibido el proxenetismo y alojar el encuentro, la prostitución en sí misma no está penada. Y la prostitución está definida exclusivamente por el coito: otros actos no están incluidos. Como resultado, las casas de masajes atendidas exclusivamente por mujeres y los "delivery de salud" (mujeres que van a hoteles o casas) son negocios legítimos.

West presenta una magistratura que a veces se excede en los conceptos en los que basa sus fallos. En procesos por divorcio, los jueces pueden destacar como virtudes de las esposas el perdonar el adulterio. O sobrellevar la violencia doméstica.

Los jueces a veces van mucho allá de sus tareas para comentar hechos sociales. Una vez, en 1991, un juez decidió que los electrodomésticos modernos eran en parte responsables de los matrimonios fallidos "porque le dan a las mujeres tiempo para la contemplación". En ese caso en particular, el juez rechazó el pedido de divorcio de una mujer después de años de abuso físico, vivir separados e incluso un intento de suicidio, porque el marido ni la engañaba ni apostaba y se veía desamparado en la corte.

Los jueces utilizan una prueba que no incluye el amor para aprobar un divorcio contestado. Pero el amor tiene una parte más relevante en casos en que no parecería tan relevante. Por ejemplo, las relaciones sexuales con un menor a veces son disculpadas si la corte falla que hay amor.

Los jueces deciden si es un "candidato" en el sentido de si está enamorado o contemplando casarse.

En el caso de una violación, las cortes japonesas consideran cuestiones que no se contemplarían en Estados Unidos o Europa. Haber estado borracho es una defensa válida. En un caso de 1992, se suspendieron las sentencias de dos hombres por compasión, lo que deberían haber sentido cuando la víctima les dijo "no". En un juicio de 1994 se llegó a la absolución en parte por la "castidad cuestionable" de la víctima: se había acostado con su novio en la segunda cita.

Una corte de Osaka en 2008 reconoció la falta de consentimiento de parte de la víctima, pero sintió que la resistencia de ésta había sido insuficiente. Al hombre de 28 años, la Corte le sugirió "reflexionar profundamente" sobre su "inapropiado" acto de tener sexo en un auto estacionado con una muchacha de 14 años que había conocido el día anterior.

Un problema con el libro de West es que tiende a generalizar sobre la vida contemporánea a partir de lo que claramente son casos extremos, o de sentencias que tienen más de 30 años. Podría haber levantado su caso de los libros de derecho y realizar más trabajo de campo como el que hizo tan bueno su libro de 2005 La ley en la vida cotidiana en Japón: Sumo Sexo, suicidios y estatutos. En ese libro examinaba la sociedad japonesa a través del lente de la ley.

Lovesick Japan revela más de la judicatura japonesa que sobre la sociedad. Pero aún así es una historia que vale la pena ser contada. ¿Y qué pasó con la finada Kimiko y Tetsuo? "La corte encontró amor", informa West. Tetsuo fue hallado culpable solo de asistir un suicidio y condenado apenas a seis años y medio de prisión.

EL LIBRO

Lovesick Japan: Sex, Marriage, Romance, Law. de Mark West se editó en el hemisferio Norte. No hay traducción al español. En Amazon cuesta 19,77 dólares.

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