Todo servicio

Un solo diputado de Rocha recibió 142 pedidos para entrar a la Policía. Hoy los legisladores siguen mediando para apurar trámites, arreglar divorcios o incluso salvar matrimonios.

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Sebastián Cabrera

Cuando la diputada Graciela Cáceres quiso reaccionar, la mujer ya estaba adentro de su despacho y lloraba sin consuelo. La legisladora frenteamplista atinó a darle un vaso de agua e intentó calmar a su visita, una votante del Espacio 609 de Fray Bentos. Y después se sentó a escuchar la historia: el esposo la había abandonado y ella pensaba que solo la diputada de Río Negro podía arreglar su matrimonio y darle una mano, casi al estilo de esas que da Petinatti en la radio. "Usted es la ídola de mi marido. Uno abre el ropero y están todas las fotos de su campaña", confió ella. El pedido era concreto: "¿Podrá hablar con él? ¿Pedirle que vuelva?".

Cáceres decidió que sí. Se tomó dos ómnibus hasta una fábrica en las afueras de Montevideo y encaró al marido. "Cuando me vio, se quería desmayar, no entendía qué hacía allí", dice hoy, a las risas.

"Si la pareja no funciona, igual pensalo por tu hijo", le dijo la diputada. "Si fue tu esposa, tu mujer, tu amante, una relación de afecto tiene que quedar. No podés tirar por la borda siete u ocho años", le insistió Cáceres al hombre. Y al final la gestión tuvo resultados: él volvió a la casa y ahora esperan un segundo hijo, cuenta la diputada satisfecha. "Igual había afecto entre ellos, no fue tan difícil", dice, quitando algo de importancia a su mediación.

Esa gestión ocurrió hace menos de un año y Cáceres la ve como parte de su trabajo. Algo similar piensa el diputado canario Daniel Peña, quien ha mediado en peleas de pareja. "He intervenido en pleno lío familiar. Cuando uno desarrolla confianza, terminás en el medio de lo que se te ocurra", dice el nacionalista.

Los legisladores, y aún más los del interior, reciben y median en todo tipo de reclamos personales que plantean militantes y votantes: desde trámites estancados en el Banco de Previsión Social (BPS) o pedidos de trabajo, pasando por soluciones para una escuela o un liceo, hasta temas muy privados como separaciones de parejas o divorcios.

Así, los parlamentarios cumplen el rol de gestores ante trámites burocráticos y también de improvisada terapia de pareja. Y se mueven en un límite difuso entre el viejo clientelismo o asistencialismo y la lícita función de representación o intermediación.

Pero no es algo nuevo. El politólogo Oscar Botinelli ha estudiado el tema y dice que -si bien el aumento de la eficiencia estatal ha disminuido las demandas individuales en las últimas décadas- el parlamentario del interior tiene una función de representación de intereses departamentales o locales a través del "lobby" ante ministerios y entes. Botinelli escribió que algunos estudios de opinión pública muestran que, al juzgar la actuación de los diputados, una de las variables más significativas para los electores del interior "es el grado de atención a las demandas y, en mucho menor grado, el desempeño en el ámbito parlamentario".

Es decir, a la gente le importa si el diputado cumplió con su pedido personal o si hizo algo por el departamento, mucho más que si presentó un proyecto de ley o interpeló a un ministro.

Entrar al Palacio Legislativo a hacerle un planteo a uno o más legisladores es bastante fácil. En general basta con dejar la cédula en la entrada, decir que se va al despacho de un legislador en particular y luego ya dentro del edificio se puede circular con libertad sin que nadie pregunte nada. De hecho, el Palacio no es un gran ejemplo en seguridad. Los detectores de metal suenan en la entrada pero rara vez alguien actúa o hace una revisación cuando pasa. En 2002, un hombre se suicidó en un baño del tercer piso del Anexo.

Y lo primero que escuchan los legisladores o sus secretarios es que esa persona que va a pedir ayuda lo votó en la última elección. "Si todos los que me dicen que me votaron, realmente lo hicieron, hubo fraude electoral porque debería tener como 30.000 votos", bromea el diputado frenteamplista Horacio Yanes. El colorado Fitzgerald Cantero dice que mucha gente piensa que haberlo votado "les genera un derecho a pedir un trabajo". Y la secretaria de un legislador nacionalista reflexiona: "Si yo puedo darte una mano, te la doy. Pero, por favor, no me digas que votaste a los blancos o conociste a Oribe".

UN SERVICIO. Por aquello de que el diputado del interior es -luego del intendente- la figura política más relevante del lugar, los pedidos de ayuda se potencian afuera de Montevideo. En cualquier capital departamental, todo el mundo sabe dónde vive un legislador o en qué bar come.

Peña considera que, para un diputado del interior, la tarea de legislar debe ocupar el 20% de su tiempo. "Y el 80% es tarea de representante, de diputado de servicios. Llevamos el problema de la gente a Montevideo. Todavía está vigente esa vieja visión de que el político lo arregla todo".

Para Cáceres, el diputado "termina siendo un gestor del pueblo, en el buen sentido de la palabra". Y dice que le pasan "cosas preciosas" pero también de las otras: "Mucha gente pide acomodos". Lo que más se repite son planteos para entrar a la Policía, pero dice que no les presta atención. Sí recomienda para trabajos en el sector privado.

El diputado frenteamplista de Rocha Aníbal Pereyra lleva registrados 142 pedidos para entrar a la Policía en el período anterior, que coincidió con su primera legislatura y el primer gobierno de la izquierda. "En Rocha, como en otros lugares, había un cuaderno en Jefatura donde los diputados de gobierno mandaban a anotar a la gente que quería trabajo. Estaba institucionalizado", dice.

Pero Pereyra cree que en los últimos años esa costumbre viene en descenso. "Yo tendría que haber escrito un libro", cuenta. La noche que ganó el Frente Amplio en 2005, por ejemplo, recorrió los comités de base del departamento y en Lascano los dirigentes locales lo llevaron a una pieza, al tiempo que se hizo una larga cola. La mayoría quería hacerle planteos personales y relacionados a cuestiones laborales.

Al él le molestó en particular lo que hizo un viejo militante frenteamplista, que sacó de la campera un curriculum de su hija "para que entre al hospital". El diputado jura que le respondió que esa no es la forma de entrar al Estado. "Vos no entendiste nada", le dijo.

Otra vez, unos años más tarde, recibió una llamada a las dos de la mañana de alguien que había ido más temprano por su casa y quería entrar a la OSE. Hablaron al día siguiente y el diputado le sugirió que se anotara para un llamado abierto a la Policía. "Pero yo no quiero ser policía", le respondió el muchacho. "Bueno, pero eso es lo que hay", explicó Pereyra con bastante paciencia. Su colega de Canelones, Horacio Yanes, ha recibido todo tipo de pedidos: para sacar familiares de la cárcel, retirar multas de tránsito, no pagar el alquiler del depósito del contenedor en el puerto, conseguir más fácil la libreta de conducir o un trabajo. "Algunos son profesionales del mangazo", dice.

¿Y qué debe hacer un legislador ante estas situaciones? Yanes piensa que hay casos donde corresponde actuar, como cuando le plantean que un familiar preso está enfermo y no recibe medicación. "Ahí llamo al comisionado parlamentario o al jefe de Policía del lugar y le pregunto si el planteo es verdad o no", relata.

GESTORÍA. Los diputados nacionalistas Peña y José Carlos Cardoso, así como el colorado José Amy, entre otros, ofrecen los servicios de abogados y escribanos para que votantes o militantes puedan tramitar un divorcio, un pedido de pensión alimenticia o cualquier problema legal.

Peña, por ejemplo, tiene secretarios dedicados a sacar partidas de nacimiento o asesorar en trámites jubilatorios. Cardoso dice que la gente en el interior "ve en el político a alguien que es su amigo, que tiene contactos" y conoce más que él. "Te utilizan como si fueras una oficina", dice el diputado, y en el mano a mano "te plantean su vida, sus problemas, que están sin trabajo o que tuvieron un accidente".

Si puede, Cardoso ayuda a todo el que se lo pide. Es habitual que vaya a visitar a rochenses internados en hospitales públicos de Montevideo y les lleve algo de dinero o alimentos. "Yo lo veo bien, lo veo más como una relación amistosa que clientelística. Porque a veces les digo que no se puede hacer nada y la gente igual sigue yendo a la agrupación".

Amy piensa que no es asistencialismo ofrecer un abogado que dé una mano a alguien que no tiene los medios necesarios para acceder a ese servicio y está pasando un mal momento. "Son gauchadas", afirma el diputado colorado.

Pero su par nacionalista Pablo Abdala piensa que muchas veces no se puede hacer nada ante los pedidos de los ciudadanos: "La capacidad de maniobra es reducida. Hoy los empleos en el Estado son inaccesibles para la oposición y la actividad privada se maneja por sus propios criterios".

Abdala dice que, por más que se quiera practicar el asistencialismo, es cada vez más difícil hacerlo y que eso está bien. "Nuestra tarea es legislar, controlar al Ejecutivo, pero también representar. Estamos cada vez más cerca de una función de intermediación entre la administración y las necesidades de la gente". A su juicio, el asistencialismo es "dar algo" a cambio del voto, por un sentido partidista o para favorecer a quienes piensan igual". La intermediación, en cambio, "es legítima y necesaria" y va más allá de los colores partidarios.

El diputado frenteamplista Alejandro Sánchez es más tajante y llama a cortar con la idea de que alguien se vea favorecido si conoce a un legislador. "Eso forma parte de una idea arraigada de que mi amigo el diputado me puede mover el trámite", dice. "Es antidemocrático y debe ser combatido a ultranza".

Sánchez dice que, en general, cuando recibe un llamado telefónico, un mail o tiene una audiencia de alguien que pide ayuda, intenta orientarlo sobre cuál es la oficina donde debe hacer su reclamo o trámite. "Hay que escuchar, pero el legislador no se puede transformar en un gestor para terceros", explica.

CONFESIONARIO. Los blancos y colorados ya no reciben tantos pedidos de trabajo como antes. Al despacho de Jorge Larrañaga sí llegan llamadas de gente que quiere opinar sobre las noticias del momento, sobre las últimas intervenciones del senador nacionalista o quiere tirar ideas. "Es un lindo termómetro, nosotros lo tomamos", dice su secretario, Gerardo Muria.

De hecho, la secretaría de Larrañaga anota todas las llamadas y luego el senador, dicen, dedica un día a leer lo que piensa la gente. Hay cuatro o cinco que llaman hasta varias veces por semana. "Es que hay mucho de confesionario, gente que llama para contar sus problemas o descargarse", dice Muria.

Cuando alguien pide con "un blanco" en el ambulatorio de la Cámara de Diputados, muchas veces los funcionarios lo llevan a hablar con la secretaria de la bancada herrerista Ita Heber, quien tiene 26 años de trayectoria parlamentaria. Ella dice que hay cosas que pasaron de moda: nadie reclama que le pongan el teléfono o la luz.

"La gente lo que hace más es pedir que la escuchen, nadie espera que le arreglen mucho las cosas", dice Heber. Hace unos días, un muchacho con una discapacidad le planteó su preocupación por lo que será su vida cuando sus padres ya no estén vivos. "Quería que yo le asegurara que iba a heredar la casa donde vive", relata.

Y una mujer que se separó de su marido quiere que la secretaria hable con la monja superiora de un colegio para que le hagan una rebaja en la cuota del hijo. Heber llamó a un cura amigo, pero no logró nada. Igual aún no bajó los brazos: va a tender contacto con la comisión directiva del colegio a ver si hay suerte.

La secretaria de un legislador blanco cuenta que antes mucha gente pensaba que el Parlamento "era una agencia de colocación para el empleo público" y que hoy ha cambiado algo eso, al menos en su experiencia.

El diputado colorado Gustavo Espinosa antes recibía más seguido aspiraciones de empleo. "Pero ahora la gente sabe que, como soy un diputado de la oposición, no tengo influencia directa en las altas esferas", dice. Esta semana en Pache Viejo, en el límite entre Canelones y Florida, le plantearon reclamos por el estado de la ruta y le solicitaron asesoramiento para hacer un tajamar. Eso sí, no le pidieron que los haga entrar a un ministerio o a la intendencia.

Los grupos que se organizan

Cuando hay temas polémicos de debate en el Parlamento, las campañas por correo electrónico son cada vez más comunes. Y ahí unos de los más insistentes son las organizaciones anti aborto, que reclaman a los legisladores que no voten una ley de despenalización. "La verdad es que tienen una excelente libreta de direcciones y te mandan los correos una y otra vez", cuenta una secretaria de un legislador. Ahora, en época de Rendición de Cuentas, los legisladores que trabajan con el tema presupuestal tienen una larga lista de organizaciones que piden entrevistas, sobre todo gremios y asociaciones de funcionarios. El senador Jorge Larrañaga, por ejemplo, agenda diez audiencias por semana.

No corre más la tarjeta

Lo de la tarjeta del senador ya no existe. Pero en una época, décadas atrás, era furor. Funcionaba más o menos así: la gente pedía una tarjeta firmada por un legislador, que certificaba que la persona que la llevaba era "un compañero", lo cual podía abrir muchas puertas. O al menos permitía que lo atendiera el director de un ente y resolviera así una situación personal. Hoy, con teléfonos celulares y correo electrónico, lo de la tarjeta ya no tiene mucho sentido y la recomendación es más directa.

Unos pesos para el ómnibus

No pasa todos los días, pero a veces hay gente que conoce a un legislador de haberlo visto en un club político o en un acto partidario y va al despacho a pedirle una ayuda económica. O lo va a buscar al ambulatorio de la cámara. El diputado colorado Fitzgerald Cantero ha pagado recibos de la luz o de teléfono y en la secretaría del senador colorado José Amorín han dado "plata para el ómnibus" a gente que tocó la puerta del despacho.

LOS PEDIDOS MÁS INSÓLITOS

1 EL AZAR

"Dime los números del Cinco de Oro", le pidió al diputado Aníbal Pereyra un rochense que lo esperaba en la puerta de su casa. El diputado hizo un largo silencio, sin entender nada. "Dale, ¡si ustedes saben qué números salen!", insistió. A Pereyra le costó convencerlo que no sabía ni un número.

2 LÍOS DE PAREJA

"¿Podrá pedirle que vuelva?", le preguntaron a la diputada de Río Negro Graciela Cáceres (foto). Se trataba de una mujer a la que su marido había abandonado. El diputado canario Daniel Peña dice que también ha intervenido en "líos familiares" y que ha "salvado varios matrimonios".

3 CASAMIENTO

Un diputado, que solicitó no ser identificado, recibió en su despacho a un militante (al que antes había visto solo dos veces) quien le pidió si podía ser testigo en su futuro casamiento. Justo en ese momento había paro en el Registro Civil y el diputado no sabe si la boda se concretó.

4 UN ROBO

Al despacho del senador Gustavo Penadés llegó hace unos años una señora con una carta donde decía que el ex presidente George Bush y el gobierno de Estados Unidos le habían robado unos 500.000 dólares. La mujer exigía una solución y recorrió otros despachos con el mismo planteo.

5 CABALLO MANSO

Un votante se le acercó al diputado de Soriano José Amy y le planteó si por favor le podía conseguir "un caballo manso y pa`l tiro", o sea, para utilizar en un carro. "Yo no tengo caballos y menos uno así, manso y pa`l tiro", respondió Amy con evidente sorpresa.

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