Fabián Muro
Es demasiado fácil. Y por eso, apretar el botón "descargar" se ha vuelto una costumbre nacional. Así, los uruguayos ahora, solo en el rubro música hacemos 136.000 millones descargas por año. Y la gran mayoría serían consideradas ilegales, si existiera una legislación sobre el tema.
Si los anuncios oficiales de extender la fibra óptica se concretan y aumenta la velocidad de subida y bajada de datos a la red, será aún más difícil detener el tráfico de canciones, películas, documentos, series de televisión, software o bases de datos.
Más allá de que todavía las velocidades son modestas en comparación con otros países, Uruguay aporta lo que puede para la diseminación de contenidos culturales o de entretenimiento, archivos que en teoría llevan la protección del copyright pero que en realidad viajan desprovistos de cualquier garantía que contribuya, por ejemplo en el caso de la música, a las arcas de sus intérpretes, sus autores, sus discográficas o a quien sea que le corresponda.
Cualquiera que se dedique a conseguir entretenimiento gratuito sabe a dónde ir. El sitio más popular es el argentino Taringa, un almacén interminable de material. No se necesita ser demasiado experto: basta poner directamente el título de la película en Google y luego los términos "descarga" y "gratis" y aparecen cientos de miles de lugares para bajarla
La cifra de descargas ilegales de archivos musicales fue proporcionada por el portavoz de la Cámara Uruguaya del Disco Mariano Arsuaga. Está basada en la más reciente edición del estudio Perfil del internauta uruguayo, elaborado por la empresa Radar. De casi un millón de uruguayos que navegan regularmente por internet 58% baja música. "El grupo de personas que calculamos que descarga de manera ilícita archivos musicales son aproximadamente unas 383.000 personas", agrega Arsuaga. La parte digital y legal del mercado musical no supera el 7%, concentrada principalmente en la descarga de música para celulares, de acuerdo a la Cámara Uruguaya del Disco.
Suponiendo que esa cantidad de personas bajan solo 30 canciones por mes, el resultado del cálculo es que los discos duros uruguayos guardan más de 11 millones de canciones mensualmente y eso da 136 millones de canciones anualmente.
Internet pudo haber sido el golpe de gracia para la industria, dice Andrés Sanabria, director del sello discográfico uruguayo Bizarro Records, porque la piratería que poblaba ferias y puestos callejeros había bajado. Sin embargo y por ahora, los editores nacionales de música siguen en pie. Tanto Bizarro Records como otros sellos nacionales venden discos. "Hablo por Bizarro, pero me parece que todos los sellos trabajan bien", dice Sanabria. "Ofrecemos un producto a un precio razonable, con promociones atractivas. Si uno mira la lista de los 50 discos más vendidos durante un año, unos 30 son de música uruguaya".
Y por más que se siga constatando que las descargas ilegales de música no se detienen, el informe anual de la industria musical mundial indicó que en 2010 las ventas de archivos musicales a través de internet crecieron hasta representar casi el 30% del negocio de vender música.
Se trata, además, de un crecimiento significativo, dado que las ventas de música por internet representaban apenas un 2% del total hace seis años. La organización que representa a sellos y editoriales de música, la IFPI, indica en su informe 2011 que el valor del mercado de música digital se incrementó, de 2004 a 2010 en 1.000%. En ese informe también hay un indicador que habla de la propensión uruguaya a la piratería. Según un estudio reproducido por la IFPI, el porcentaje de usuarios activos de internet que visitan sitios sin licencias -o sea ilegales- en los cinco principales mercados europeos es 23%, casi la mitad de los 58% que bajan música en el estudio de Radar.
IMÁGENES. Desde las gremiales que representan a los estudios cinematográficos, los diagnósticos y pronósticos vienen cargados de ese tono sombrío y pesimista que acompaña las declaraciones de portavoces y ejecutivos desde hace por lo menos cinco años.
Desde la Unión Uruguaya de Video, el representante legal afirma que se venden entradas de cine por 14 millones de dólares al año en Uruguay, y que se pierden unos cuatro millones de dólares en entradas que podrían haber sido vendidas si muchos no se hubiesen acostumbrado a bajar películas en su casa. En la investigación de Radar, un 24% de los internautas uruguayos declararon que miraban o bajaban películas de internet.
La llegada del servicio Netflix el 7 de setiembre -por 150 pesos se accede a un catálogo de películas que, se dice, crecerá- alienta algo de esperanza entre quienes tienen los derechos de autor. Pero donde mayor impacto causó la bajada hogareña de películas es en la visita al video club.
"El videoclub tiene un radio de incidencia de cinco cuadras", dice el presidente de la Asociación Uruguaya de Videoclubistas, Roberto Laurino. Desde su local en Buceo, Laurino calcula que casi 20 años de negocio pueden llegar a su fin. Nada se compara a la comodidad de poder bajar una película en casa.
Laurino dice que no está discriminado cuántas películas ilegales son bajadas de internet y cuántas son compradas en ferias y puestos callejeros, pero sí que entre los comerciantes de DVD`s se estima que el mercado legal representa un tercio del mercado total. "Se importan aproximadamente 200.000 videos al año, lo que supone una facturación de unos 2,5 millones de dólares anuales.
Esa misma cifra es lo que el sector calcula que se pierde porque la gente ya no va hasta el videoclub. "Hace 10 años había mil videoclubes en todo el país. Hoy, habrá unos 200", dice Laurino.
El comerciante no cree que haya un repunte, se haga lo que se haga. "Esto dejó de ser un negocio, vamos a desaparecer. Lo que quede será para una minoría, un fenómeno de culto".
La computadora no es solo un centro de descarga de entretenimiento, también lo es de trabajo. Y ahí, en el campo utilitario, los uruguayos también son propensos a ver buena parte de la actividad con la emparchada mirada del pirata: siete de cada 10 programas instalados en la computadora hogareña tienen origen ilegal, dice el representante de Business Software Alliance (BSA), que aglutina a los creadores de los programas utilitarios, como procesadores de texto o imagen. Pero es una piratería oculta, dice el escribano Diego Chijane del estudio jurídico Cikato Abogados. "En todo 18 de Julio hay un solo vendedor de esos programas, y tampoco está siempre. Va y viene".
Es que, agrega, instalar y mantener esos programas es para usuarios avanzados. "Entonces, ya vienen instalados ilegalmente cuando uno compra un PC. Ese mercado no es tan visible como el de la música, las películas o los juegos de video. Viste lo que son los videojuegos para los más chicos, ¿no? Eso es mucho más redituable".
También por 18 de Julio, uno de los vendedores de videojuegos desempaca caja tras caja de juegos de Playstation2, la consola más popular y extendida. Uno se puede llevar cinco juegos piratas por 300 pesos. Uno original puede costar lo mismo, a veces algo más.
Gonzalo Frasca, director de Powerful Robot y licenciado en videojuegos, desarrolla estos productos para empresas internacionales. "No hacemos juegos para vender al usuario, sino que desarrollamos uno que luego la compañía comercializa o distribuye como le parezca".
Para él, el mercado uruguayo de videojuegos es tan insignificante para la industria a nivel mundial que nadie se preocupa por atacar el fenómeno. "Además, al importador le conviene vender 10 consolas de juego originales a niños millonarios, que vender masivamente sus productos. ¿Por qué? Porque tiene mucho menos riesgo de stock. Si pensás que una consola como la 3DS cuesta 170 dólares en Estados Unidos y 800 acá, te das cuenta de ese riesgo. La gente de a pie juega en la PC o en una consola `trucheable`. Todas lo son".
Durante varios años, las respuestas ante estos hechos y tendencias alternaron entre lo punitivo -como cuando las discográficas de Estados Unidos llevaron a juicio a Jamie Thomas, que fue multada con casi dos millones de dólares por haber bajado y compartido 24 canciones- y la equiparación de bajar una película a robar un auto, como todavía se puede ver en algunos videos alquilados en videoclubes.
Con la aprobación de legislaciones más restrictivas, como la francesa y la española por ejemplo, o los veredictos judiciales contra The Pirate Bay y Taringa -que pueden traducirse en "cierren el sitio, paguen multas y marchen presos"- algunos accionistas y ejecutivos de las corporaciones que detentan la titularidad de la gran mayoría de los codiciados catálogos de canciones o películas, sienten cierto optimismo.
Acá el problema está en la dificultad de acostumbrar a los usuarios a pagar por algo que tuvieron "gratis" durante tanto tiempo. El mismo problema lo enfrentan todas las industrias que, de alguna manera, aún buscan cómo hacer rentables sus negocios con estas nuevas reglas de los consumidores. Algo parece seguro al uruguayo, animal de hábitos, le va a costar dejar esa moderna costumbre de ser pirata.
Seguridad musical
Forma parte de cómo funciona la industria musical hoy: antes que el disco llegue a la disquería, ya está en internet, algo que le pasó al Cuarteto de Nos con su disco Bipolar. El sitio The Future of Music recomienda cuatro medidas para prevenir fugas, entre ellas la de "asegurar" el estudio: "Que no haya conexión alguna e imponga la política de `Nada de internet` entre el personal". También se dan consejos realistas: "Evalúe los pros y los contras de que su música esté on-line. Puede ser una herramienta de publicidad".
Gratis no es igual a cómodo
Las ventajas de bajar música y películas son evidentes: se accede a productos que de otra manera sería imposible. Pero en el constante tránsito de archivos pueden colarse algunos maliciosos (malware) o engañosos (hoax). Además, para ser pirata hay que disponer de mucho tiempo. "Con 15 años, podía dedicarle horas a descifrar un código de acceso. Hoy, con 40 años y mucho trabajo, prefiero pagar. Siempre que sea un precio razonable", dice Gonzalo Frasca, licenciado en videojuegos y empresario.
136
millones de descargas ilegales de música se calcula que se realizaron en Uruguay el año pasado, de acuerdo a la Cámara Uruguaya del Disco (CUD). Según el portavoz de la CUD Mariano Arsuaga se trata de una estimación "conservadora".
400
mil copias ilícitas hay en el mercado pirata de video. Eso representa dos tercios de todas las películas en formato DVD que se comercializan en el país. El cálculo fue hecho por la Unión Uruguaya de Videos. Anualmente, se importan unos 200.000 videos para alquiler.
2,5
millones de dólares es lo que factura en ventas la industria del video. La misma cifra es la que se considera perdida en el mismo sector, debido a la proliferación de copias ilegales, hechas a veces a partir de descargas de internet y grabadas en discos vírgenes.
900
mil discos vírgenes -tanto CD como DVD- fueron incautados el año pasado en Uruguay en operaciones anti-piratería, de acuerdo a la Cámara Uruguaya del Disco. Más de 50.000 discos de música y más 6.000 DVD musicales también fueron incautados durante 2010.
58%
de quienes navegan por internet descargan música (aunque no siempre eso se hace de forma ilícita). La actividad creció un 47% de 2009 a 2010 y ocupa el quinto puesto en el ranking de usos de internet. Recibir y enviar correos electrónicos es, por lejos, la actividad más frecuente.
24%
de los internautas uruguayos bajan o miran películas. De todos los usos que se exponen en el estudio Perfil del internauta uruguayo, esa actividad está en el puesto número 13, incluso atrás de "Tareas de estudio", por ejemplo. Pero sigue subiendo en las preferencias.
160
pesos cuesta una entrada al cine. Bajar una película con una conexión de 490 pesos mensuales puede llevar tres horas, lo que daría un costo de bajada de unos dos pesos para una película comprimida a 700 MB. Un disco DVD+R sale entre 15 y 25 pesos. Costo total: entre 17 y 27 pesos.