Mucho antes de Internet y de la comunicación instantánea por celular, de la televisión globalizada y los e-mails, estaba la Onda. Los ómnibus plateados con el galgo pintado a un costado fueron de los primeros en llegar a casi todos los departamentos del país. Y se volvieron parte de nuestra identidad. Todos tenemos los resabios de un mismo cuento: una familia perdida en algún pueblo del interior, aguardando pacientemente a "la Onda". ¡Quizás llegara alguna encomienda! Relatos que hoy, en un mundo instantáneo, nos hablan de una paciencia que, quizás, deberíamos rescatar. En noviembre, la empresa realizó una muestra de sus viejos ómnibus en la Plaza Cagancha. Y nos devolvió, por unos minutos, un poco de eso que perdimos. u