La internet que cada uno merece

Un libro revela que navegamos en la red solo por donde Google nos deja.

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The economist

Eli Pariser está preocupado. ¿Por qué? Llame a un amigo en otro país y pídale que ambos hagan una búsqueda en Google al mismo tiempo. Los resultados van a ser totalmente diferentes, porque Google toma en cuenta su ubicación, sus búsquedas anteriores y otros tantos factores, cuando alguien realiza una búsqueda. En otras palabras, personaliza los resultados. Como lo dejó claro alguna vez Larry Page, fundador y dueño de Google: "el motor de búsqueda más refinado entenderá lo que usted quiere decir y le devolverá exactamente lo que usted quiere". Eric Schmidt, presidente de Google, ha avisado que algún día será posible que la gente le pregunte a Google en qué universidad anotarse o cuál es el próximo libro que debe leer.

Ese es solo un ejemplo de la personalización de internet. Pariser, un activista de internet más conocido por ser el principal promotor de MoveOn.org, un grupo progresista sobre el uso de la red, percibe esto como un desarrollo peligroso. Netflix (el videoclub online que ahora llega a América Latina), Amazon y Pandora (un servicio online de canciones) pueden predecir, con una precisión impactante, si uno va a disfrutar una película, un libro o un disco en particular, y hace las recomendaciones apropiadas. Facebook le muestra actualizaciones de aquellos amigos con los que interactúa más, filtrando a aquellos con los que tiene menos en común. "Mi sensación de incomodidad se cristalizó cuando noté que mis amigos conservadores habían desaparecido de mi página de Facebook", escribe Pariser en The Filter Bubble: What the Internet is Hiding From You ("La burbuja-filtro: lo que internet está escondiéndole").

El resultado es una "burbuja-filtro", que él define como "un universo único de información para cada uno de nosotros", lo que quiere decir que no hay forma de que alguien se encuentre con información online que desafíe sus puntos de vista o que dispare conexiones intelectuales casuales. "Un mundo construido desde lo familiar es un mundo en que no hay nada para aprender", dice Pariser. Califica eso de "autopropaganda invisible, adoctrinándonos con nuestras propias ideas".

Suena tenebroso. Pariser concede que hay una buena razón para toda esta personalización y filtros. Cuando hay disponible tanta información, tiene sentido que los sitios web que visita la filtren usando información sobre usted, sus intereses y sus amigos. Esencialmente, usted intercambia información a cambio de resultados más útiles. Pero eso neutraliza el potencial de internet de tirar abajo las barreras sociales entre personas o grupos que, de otra manera, no podrían conectarse entre ellos. "Estamos creando muchos lazos pero muy pocos puentes", se preocupa Pariser. Peor aún, a medida que internet se vuelve una cada vez más importante fuente de información (ahora está segunda después de la televisión como fuente de noticias en Estados Unidos, y ya es la principal fuente de noticias para los menores de 30 años), la gente quedará invisiblemente alejada de temas importantes pero que son poco agradables o complejos como los sin techo o la política internacional. Pariser está preocupado, en resumen, porque por culpa de esta personalización, internet está fallando en mantener su "promesa transformativa".

La cuestión de si internet es inherentemente pro-democrática se ha vuelto un tema de conversación últimamente, particularmente a la luz de la "primavera árabe", que le dio municiones a ambos lados de la discusión. En The Net Delusion, que salió en enero, Evgeny Morozov atacó lo que llamó la "ciber-utopía" de los méritos de internet como una fuerza de liberación y de poder a las masas, señalando que igual de fácil puede ser usada como un instrumento de represión. La tesis de Pariser es digna de mención porque en contraste con el deleite iconoclasta de Morozv, él critica internet desde un punto de arranque abiertamente progresista.

El libro de Pariser aporta un estudio de la evolución de internet hacia la personalización, examina cómo la manera en que se presenta la información altera la manera en que es percibida y concluye con recetas para reventar la burbuja-filtro que rodea a cada usuario. Algunas de las sugerencias del autor son sensatas: hay allí un tema con las empresas de internet para que den a sus usuarios más control sobre la información personal que tienen de ellos. También se puede, en muchos casos, apagar la personalización. Y si usted aún está preocupado por la burbuja-filtro, puede decidirse por sitios que son transparentes acerca de la manera en que filtran y presentan información. Eso deja afuera a Facebook y Google, los villanos de Pariser, ya que ambas empresas perciben a sus algoritmos de filtros como un secreto comercial.

Algunas de las otras ideas de Pariser, sin embargo, son menos convincentes. Propone que las grandes compañías de internet contraten ombudsmen independientes, como tienen algunos diarios. Defiende un sistema que promueva lo fortuito (que para él parece querer decir aleatorio): Amazon podría recomendarle libros por fuera de sus géneros habituales, por si acaso le gustan. Otra sugerencia es que los algoritmos de filtración podrían ser complementados por editores humanos que le muestran cosas valiosas que usted debe ver. Eso podría abrir acusaciones de parcialidad a algunas empresas de internet, como por ejemplo los servicios de noticias. Más extraño de todo es que Pariser llame a una "activa promoción de temas públicos y cultivación de la ciudadanía" de parte de las grandes empresas de internet.

Esté o no de acuerdo con las recetas de Pariser, no hay duda que su libro subraya un aspecto importante y a menudo ignorado de la evolución de internet que afecta a todos los que la usan.

EL LIBRO

The Filter Bubble: What the Internet is Hiding From You de Eli Pariser. No hay traducción al español. En Amazon.com, 14,95 dólares.

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