En un país tan poco dado al patriotismo hay una coincidencia: Gardel es uruguayo. El mito del origen gardeliano nos contiene, quizás porque nos permite pelearnos -y tener la razón- con los argentinos, nuestros modelos y rivales favoritos. Gardel es de Tacuarembó, esas son cosas no permiten dos lecturas. Y en eso se nos va la vida.