La devaluación de la Retórica

Las figuras de la política uruguaya no son muy receptivas a las críticas. Y si la crítica viene subida de tono, pierden la compostura. El último en reaccionar ante una ofensiva fue el senador comunista Eduardo Lorier, quien lamentó que se haya derogado la ley que habilitaba a batirse a duelo cuando el "honor" es cuestionado. ¿Lo acusaron de corrupto? ¿De ladrón, asesino, traidor o delator? No. Le dijeron "travesti político". Por ese epíteto, nada elegante o sofisticado por cierto, Lorier añoró la época en la cual -arma mediante- uno limpiaba su honor hiriendo o matando a quien ofendía. Cuesta creer que alguien versado en la dialéctica y que fue electo para, justamente, parlamentar, desee aniquilar a un antagonista político. ¿No confía el senador Lorier en la transparencia e imparcialidad de nuestro sistema judicial en llevar al estrado a quien lo ofendió? La comunicación interna en el Partido Comunista no debe estar en su mejor momento. Porque le podría haber preguntado a su camarada Álvaro Tutzó, que le ganó un juicio civil a quien lo había difamado.

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