Maureen Dowd, The New York Times
Donald Rumsfeld sólo tiene 815 páginas -incluida una chispeante Lista de Acrónimos- para explicar por qué no fue responsable cuando pasó lo que pasó. Sus memorias, Known and Unknown ("Lo conocido y lo desconocido``), son como una versión vívida de sí mismo: muy concienzudas, analíticas en exceso y carecen por completo de cualquier atisbo de creíble autocrítica .
Rumstud, como lo apodó George W. Bush, con 78 años, fue tanto el secretario de Defensa más joven en la historia estadounidense como el más viejo. Su carrera política se remonta hasta la época en la que la pareja de la serie televisiva I love Lucy -1951-1957- era considerada una "relación interracial" (el protagonista Desi Arnaz era cubano. Y blanco.), cuando Gerald Ford era "sangre nueva" y cuando Richard Nixon aún tenía un sistema de grabación secreto. (Escribe que Nixon una vez insistió en que pacificaría a Vietnam, notando que "Richard Nixon no dispara contra blancos").
Rumsfeld conoció a Dick Cheney cuando éste presentó su solicitud para ser pasante en su oficina congresal, y tuvieron muchas buenas aventuras, desde idear la forma de evitar que el sol brillara en el cuello del presidente Ford en la Oficina Oval hasta reducir los estándares estadounidenses sobre la tortura.
El bachiller campeón de lucha no pelea con la falta de confianza en sí mismo. Rumsfeld empieza prodigando racionalizaciones en el prefacio. "La idea de lo desconocido y lo conocido reconoce que la información que tienen a su disposición quienes están en posiciones de responsabilidad dentro del gobierno, así como en otras empresas humanas, es casi siempre incompleta``, escribe. Cita a Clausewitz sobre el desafío de inteligencia defectuosa y a Sócrates al decir: "Ni sé ni creo saber".
La culpa fue de su némesis, George Bush padre. Rumsfeld escribe lo humillante que fue presentarse brevemente para la presidencia en las primarias republicanas de 1988, sin dinero ni un nombre reconocido, cuando el favorito Bush ni siquiera se molestó en presentarse para los foros para la candidatura. Rumsfeld nunca ha ocultado su desdén hacia el primer Bush, a quien considera un niño bien veleidoso que no tenía la confianza en sí mismo para entrar en Bagdad y derrocar a Saddam Hussein. El fin de la guerra del golfo Pérsico se trató de modales. El primer ex presidente Bush había prometido a los aliados que sólo ahuyentaría a Saddam fuera de Kuwait, así es que eso fue todo lo que hizo. Cualquier cosa extra habría sido "poco caballeroso", como escribe Rumsfeld que dijo Colin Powell.
No hay duda de que Rumsfeld opina que de haber sido heredero de un linaje en lugar de un becario de clase trabajadora, podría haber sido presidente. Y no la habría hecho tan mal, como algunos para los que trabajó. No habría tenido cadenas de autoridad vagas, ni confusas líneas de responsabilidad, ni ilimitadas gráficas de flujo, ni conflictos internos sin resolver, ni las penurias de reuniones interinstitucionales, ni, lo más grave de todo, memorandos que no se leían ni se ejecutaban.
Hubo aquellos en el ejército que consideraron a Rumsfeld como el demonio encarnado, y quienes en la diplomacia lo consideraban más implacable que cualquier déspota mundial. Rumsfeld desestima informes de que planeó y organizó la tortura como rumores imprecisos.
Bush hijo, no obstante, adoraba su temperamento vigoroso y tajante, así como su desprecio por la debilidad. "Todavía estaba sorprendido por la solicitud del gobernador Bush para verme", escribe Rumsfeld sobre el presidente electo. "Debió estar consciente que yo no tenía una relación cercana con su padre". En algún nivel, eso debió resultar atractivo para el Bush fóbico de la debilidad, quien pasó más tiempo tratando de ser el heredero de Ronald Reagan que el de su papá.
Desde un principio, Rumsfeld empujó y maniobró para culpar a Saddam de los ataques del 11 de setiembre a pesar de la falta de evidencia.
Condena a otros como a "luchadores internos intrigantes". Escribe que, a pesar de su "afinidad hacia`` Bush, Condolezza Rice fue una mala jefa del NSC (Consejo Nacional de Seguridad), forzando un consenso en lugar de permitir que los problemas contenciosos llegaran al presidente. Se burla de la retórica de Rice para tratar de empujar la democracia cuando fue secretaria de Estado, especialmente su opinión de que "los derechos humanos vencen a la seguridad``. Nota con aspereza que no le correspondía a ella presionar al presidente paquistaní, el general Pervez Musharraf, para que se quitara el uniforme, mucho menos decirle al propio Rumsfeld que se habían borrado las rayas diplomáticas de sus viejos pantalones.
Culpa a Powell por asumir poses frente a la prensa y a George Tenet por ser tan presumido sobre las fantasmagóricas armas de destrucción masiva de Saddam. Dice que el virrey Paul Bremer echó a perder a Irak por una ocupación demasiado prolongada, hacer caso omiso de la cadena de mando y por labrarse una relación por separado con el presidente.
Incluso, culpa delicadamente al propio presidente por no tomar decisiones incisivas en ciertos momentos sobre asuntos apremiantes y por no programar "una reunión de alto nivel sobre mis propuestas", enviadas en un memorando.
Dice que fue Tommy Franks quien no quiso muchas fuerzas de tierra en Tora Boram, cuando Osama Bin Laden escapó. Culpa a los generales por no decirle que necesitaba más tropas para asegurar Irak, como si los hubiese escuchado. Culpa a quienes redactaron las Convenciones de Ginebra por no saber que los detenidos de las guerras modernas "asimétricas`` requieren de un trato más duro. Culpa a la Suprema Corte de Justicia por su "razonamiento novedoso`` en defensa de los derechos de los detenidos. Culpa a Katrina por...
Bueno, no importa. La idea queda clara. u
n El ministro de Defensa canadiense de la época recuerda a Rumsfeld así: "En la conferencia de Seguridad de Munich el ministro ruso le preguntó por un cambio de postura. Él respondió que el que había dicho aquello era el `viejo` Rumsfeld y ahora estaba hablando con el `nuevo`. Estaba muy determinado a salirse con la suya, no había dudas al respecto".