Sebastián Cabrera
Cuando el auto (o el ómnibus) va desde Montevideo por la ruta 84, también conocida como Camino del Andaluz, y cruza el puente sobre el arroyo Toledo, entra al departamento de Canelones. Pero el paisaje no cambia mucho, la capital no termina ahí: sigue y se expande en lo que algunos llaman el "gran Montevideo".
De un lado y del otro de la ruta se ven casas grandes y chicas, cooperativas, algunos ranchos de lata, un poco de campo, también viñedos, alguna que otra solitaria vaca y la vía del tren, siempre presente, pocas veces activa.
Suárez está a seis kilómetros de Montevideo por el Camino del Andaluz. En esos seis kilómetros se extiende la zona de "las villas", varias urbanizaciones irregulares se han multiplicado en las últimas décadas, y que en los hechos unen a esta localidad canaria con la capital del país.
Junto a Toledo y las villas de San Crespo y San Andrés, Suárez constituye hoy "un verdadero suburbio metropolitano", dice Edgardo Martínez, profesor agregado del Instituto de Teoría de la Arquitectura y Urbanismo (ITU) de la Facultad de Arquitectura.
El 268 es el ómnibus de Cutcsa que llega hasta Suárez, ciudad dormitorio de calles de tierra y constantes subidas y bajadas. Suárez se distingue básicamente por tener el punto más alto de Canelones (está arriba de un cerro) y por su cercanía con la siempre movida Colonia Berro. Y también porque ha crecido en los últimos años. Sentado en su despacho de la junta local, el alcalde Leandro D` Andrea cuenta: "Como canarios hemos sido invadidos por un montón de gente que no solo viene de Montevideo, sino de otras partes del país, y ha decidido afincarse acá".
En una década la ciudad pasó de 10.000 a 24.000 habitantes, dice D`Andrea. Cutcsa tenía cuatro frecuencias diarias hace no tantos años. Hoy son unas 50.
El alcalde, de 60 años, analiza la realidad de la ciudad con una sensación agridulce: que haya más gente es positivo, pero a la vez eso implica que cada vez hay menos "suareños" -así es el extraño gentilicio del lugar- y más montevideanos que viven en Suárez. Su familia llegó desde Jacinto Vera en la década de 1950, cuando se fraccionaron muchos terrenos, y forma parte de una generación que nació allí y que se siente parte de la ciudad.
El alcalde distingue una segunda oleada de migrantes, que llegó en los años 80 sin tanto sentido de pertenencia y por último quienes se afincaron en la última década, que "se sienten de paso".
Un panorama similar se repite en toda el área metropolitana, que hoy tiene 1.676.678 pobladores. Ya sea al extremo este con la Ciudad de la Costa, la conurbación cercana al Aeropuerto de Carrasco, Barros Blancos o Pando; en el oeste en Ciudad del Plata (que se consolida como la segunda ciudad del departamento de San José), o al norte en el corredor de la ruta 5, es decir, la zona de La Paz, Las Piedras y Progreso.
AVANCE. Una reciente investigación del ITU revela que en toda la región metropolitana el crecimiento demográfico no es relevante (0,28%, por lo menos entre los censos de 1996 y 2004, no hay datos posteriores) pero sí hay una expansión territorial con 2.191 nuevas hectáreas de ciudad, de las cuales apenas 640 hectáreas están dentro de los límites de Montevideo.
Esa cifra de 2.191 hectáreas "es muy grande", es "una rareza" porque "no hay más gente" y la zona urbanizada igual se expande 8,91%, con un predominio de "una ciudad informal, incompleta", dice Martínez.
"Es mucho, no se justifica por la cantidad de población y además en el período medido no hay un dinamismo muy grande ni demasiadas industrias nuevas", dice.
El ITU define un área metropolitana que tiene a la ruta 5 como eje, la ruta 11 de límite al norte y al este y por último la ruta 3 hasta San José al oeste. Es ese "gran Montevideo" que crece y se extiende cada vez más. Eso se debe sobre todo a las migraciones internas, de montevideanos que se van hacia la periferia o a diferentes puntos del área metropolitana huyendo del precio de la tierra urbanizada en busca de una vida más barata. También hay gente del interior que fue rechazada por Montevideo y termina en la periferia.
Y todos se asientan en zonas donde antes no había nada y por lo tanto no cuentan con ninguno o varios de los servicios imprescindibles, como agua potable, saneamiento, transporte, pavimento, alumbrado público, recolección de basura o bocas de tormenta.
En su oficina en la Facultad de Arquitectura, Martínez dice que el crecimiento viene acompañado de "un fenómeno de segregación territorial, con barrios de gente pudiente y muchos barrios pobres, poca mezcla".
Incide, entonces, "la persistente aprobación de loteos suburbanos, la conversión de balnearios en barrios satélites, la proliferación de asentamientos irregulares y más tarde la llegada de barrios privados con servicios en lugares paisajísticos".
Pero lo que más se nota, dice Martínez, es el perfil de informalidad, lo cual a su juicio es dramático porque no se ha respetado la ley de centros poblados de 1946 y porque crecen ciudades con grandes carencias y los gobiernos no han realizado los esfuerzos suficientes para que la gente vuelva a las zonas donde ya están todos los servicios.
Instalar todos los servicios, desde la conexión eléctrica al saneamiento, y después construir cuesta entre 180.000 y 240.000 dólares por manzana. "Pero cuando los servicios se ponen después de ocupado el suelo, eso cuesta unos 500.000 dólares por manzana", dice.
Martínez sonríe y después lamenta: "Es irracional. Nos vamos haciendo cada vez más latinoamericanos. Corremos la ciudad de atrás, ponemos los servicios después de ocupar la tierra y nos tenemos que hacer cargo de unos costos fenomenales porque además la expansión se da con baja densidad de población".
VIAJE. El diputado Esteban Pérez vive en Toledo desde la década de 1970 y ha sido testigo del crecimiento del corredor de las rutas 6 y 7, también compartido con Suárez y Sauce.
"Las zonas rurales se llenaron de villas precarias y lo que llamamos asentamientos con papeles, donde vive gente que compró un solar barato y levantó su casa de a poco", dice después de bajarse del tren que pone unos 45 minutos de viaje desde Montevideo.
El diputado va y vuelve a la capital en tren o en ómnibus, como la mayoría de los pobladores de Toledo: "Más del 60% de la masa trabajadora se mueve a Montevideo cada día".
Pérez cree que ha llegado mucha "gente expulsada" de la capital por los altos alquileres. Pero también afirma que la mayoría "no tiene una cabeza tan montevideana", ya que son familias con origen del interior y "una cabeza más de campo, quieren un salón amplio, una huertita, muchos perros".
Uno de los efectos del crecimiento es que ahora se llega más fácil a Montevideo: las empresas de transporte Casanova y Ucot aumentaron las frecuencias a Toledo, como a otros lugares del área metropolitana. "Antes pasaba uno cada media hora, desde hace tres años hay un ómnibus cada 10 minutos y frecuencias hasta las 3 de la mañana", dice.
La familia de Alejandra Carsín es una de las tantas que se mudó a Canelones. Ella, que hoy es concejal de Toledo, vive con su esposo y sus siete hijos desde hace seis años en la villa El Bosque, sobre la ruta 33.
Su casa está en un predio de nueve hectáreas cuyo dueño tiene una vieja deuda con la Intendencia Municipal de Canelones. Lo que ella y sus vecinos ansían es que el gobierno regularice la situación y puedan ser propietarios.
"Acá han venido (el intendente canario) Marcos Carámbula, (la senadora) Lucía Topolansky, entre otros políticos, y no pasa absolutamente nada", dice. "Y eso que está la ley de apropiación". Se refiere a la Ley de Ordenamiento Territorial, que permite reclamar la propiedad de un predio luego de cinco años de estar ahí y si la ocupación no es resistida por el dueño original.
Barros Blancos también vivió una explosión habitacional y hoy tiene 38 asentamientos (ver recuadro con cifras en página 8). En el eje de la ruta 8, donde está esa localidad, aumentó 28% la cantidad de viviendas y 15% la población entre los censos de 1996 y 2004, en zonas "no consolidadas", es decir, sin todos o algunos servicios de una ciudad.
El 103 de Cutcsa es uno de los ómnibus que lleva a los habitantes de Barros Blancos a trabajar a Montevideo: esa línea llega hasta la ciudad desde 2006. A partir de cierto crecimiento industrial, el alcalde Napoleón Da Rosa intenta revertir el concepto de ciudad dormitorio. Dice que hoy el 30% de la población trabaja en Barros Blancos y espera que en poco tiempo el porcentaje se invierta y que sea una minoría la que trabaja en la capital.
LA CIUDAD QUE CRECE. En Suárez no hay saneamiento y cada casa tiene su correspondiente pozo negro. "Pero tenemos otras cosas, como la posibilidad de disfrutar el aire puro, sentarse bajo una parra o un árbol en verano", dice el alcalde D`Andrea antes de invitar a hacer un tour por la ciudad.
En Suárez tampoco hay casas con rejas y, aunque ya no se puede dejar la puerta abierta ni la moto afuera como en otras épocas, todavía no hay tanta inseguridad como en Montevideo.
En la década del 1980 y 1990 la ciudad había crecido hacia la capital por el Camino del Andaluz, donde hay 18 villas, y en la última década también avanzó hacia el norte con los fraccionamientos del Barrio Inglés, un barrio obrero con mucho verde alrededor. Allí Ernesto, de 61 años, construye una casa de un dormitorio para un subdirector de la vecina Colonia Berro.
Las bolsas de portland y los ladrillos están apilados en el césped y él cuenta que hace cinco o seis años esa zona de Suárez era puro campo.
El alcalde saluda a los vecinos que se cruzan. Carlos, un policía, se mudó a Suárez con su esposa Laura y su pequeño hijo Ezequiel hace seis meses: hicieron la casa de cero y están felices.
Otro vecino se acerca y pregunta al alcalde cuándo llegarán los contenedores para la basura. "Capaz que el fin de semana ya los tenés acá", responde D`Andrea y confirma que el nuevo sistema de recolección de residuos está a punto de ser inaugurado.
En Suárez se nota el desarrollo, hay más industrias y en el centro de la ciudad se está construyendo una nueva plaza, ahí al lado de la parada de ómnibus, donde antes las unidades de Copsa pasaban cada 40 minutos y ahora lo hacen cada 10. Ahí donde se conecta a la ciudad con el resto de ese "gran Montevideo" que se sigue expandiendo más allá de sus límites originales.
Tres ciudades canarias
SUÁREZ
En una década la ciudad (foto principal) pasó de 10.000 a 24.000 habitantes, dice el alcalde Leandro D`Andrea. Los estudios del Instituto de Arquitectura y Urbanismo dicen que en todo el corredor de la ruta 6 y 7 hay 25% más de viviendas y 16% más población, entre los censos de 1996 y 2004.
barros blancos
Tomando en cuenta el padrón electoral, el alcalde Napoleón Da Rosa estima que la población se acerca hoy a las 50.000 personas en todo el municipio y hace quince años eran unas 35.000. "Es el lugar de mayor crecimiento, junto a la Ciudad de la Costa", dice.
v TOLEDO
En la última década pasó de 16.000 a unos 35.000 habitantes.
Planes comunes de municipios
Hay quienes piensan que algún día el área metropolitana debería ser un solo departamento. Por ahora, las intendencias han unificado esfuerzos en diversos temas, como el transporte. Y hay cinco municipios de Canelones (Colonia Nicolich, Paso Carrasco, Barros Blancos, Suárez y Toledo) y tres de Montevideo que trabajan en un plan común de desarrollo de la cuenca del arroyo Carrasco. Además de tareas de limpieza allí, hay un plan piloto cuya primera etapa fue la colocación de focos con paneles solares en el puente sobre el arroyo Toledo en el Camino del Andaluz, límite entre los departamentos de Montevideo y Canelones.
De cancha a barrio
Los partidos en la cancha del club Sarandí eran a muerte. Venían a jugar clubes vecinos como el Rápido y el Paraíso de La Teja o La Lira de la Barra. "Eran cuadros buenos, grandes futbolistas", dice Sarita, de 79 años, que vive en Camino Paurú, a dos cuadras del Parque Lecocq y cerca de los humedales del Santa Lucía. "Don Céspedes" era el técnico del club y, cuando él murió, nadie se hizo cargo del lugar.
La casa de Sarita está enfrente a donde se jugaban aquellos partidos y donde era todo campo. Pero hace ya 10 años la cancha empezó a desaparecer, primero con una casa, luego otra y otra. Cuando ella quiso acordarse, enfrente tenía un barrio nuevo.
De las 2.191 nuevas hectáreas urbanizadas del Area Metropolitana, unas 640 están Montevideo. El arquitecto Edgardo Martínez menciona a Camino Paurú como ejemplo de crecimiento riesgoso en la periferia de la capital, donde el equilibrio ambiental está en juego y se ocupa suelo rural. Allí no hay saneamiento y las aguas servidas "van al humedal".
Sarita dice que, dentro de todo, las casas son "prolijas" y no hay "mucho rancherío". Recién al meterse una cuadra hacia adentro por los corredores uno encuentra algún rancho de lata. Frente a una casa Jeremías juega con su mascota, la gallina "Panchita", mientras Melba -su madre- cuenta que hasta hace poco el barrio "parecía una película policial" pero se fue un muchacho que consumía pasta base y todo está más tranquilo.
Nadie tiene muy claro quién era el dueño del único padrón donde hoy están las cincuenta casas. De todos modos, una vecina organiza una colecta para pagar la contribución rural con una cuota de 20 pesos por vivienda, que no todos pagan.
Ernesto y Sonia tienen la única casa enrejada y, por lejos, la más linda. Cuentan que durmieron tres meses en una carpa mientras levantaban la vivienda y son de los pocos vecinos que no están enganchados a la luz. Pero no han logrado que OSE les haga la conexión al agua, por lo que trajeron un caño en forma artesanal desde la calle principal.
El barrio está en constante cambio. Hace dos meses Marcelo, un vecino nuevo, "compró" una parcela a 70.000 pesos. Allí levantó su casa de bloques, donde vive con su esposa, sus seis hijos ("medio cuadro de fútbol") y seis gallinas.