Hubo un tiempo en que sólo los laboratorios desarrollaban drogas. Pero eso está cambiando. La Michael J. Fox Foundation, por ejemplo, una organización contra el Parkinson pagará las pruebas clínicas de una droga desarrollada por Sanofi, el gigante farmacéutico francés, que trataría los síntomas mentales de la enfermedad.
Es la última señal de un gran cambio impulsado por la desesperación. Las patentes más exitosas están expirando. Los departamentos de Investigación y desarrollo (R&D, por sus siglas en inglés), se han vuelto menos productivos, con miles de millones de dólares para conseguir solo un puñado de dólares. Algunos culpan a lo riguroso de las regulaciones. Otros refunfuñan que los grandes laboratorios son demasiado burocráticos. Todos coinciden en que desarrollar una nueva droga requiere dinero (bastante más que mil millones de dólares) y tiempo (más de 10 años en Estados Unidos). Por lo que sea, una caída en R&D ha inspirado una ola de nuevas asociaciones.
Las organizaciones caritativas han sido audaces. Las compañías, vigiladas por sus accionistas, tienen reparos a hacer cosas que puedan hacerles perder dinero. Las organizaciones caritativas existen para darlo. El principal "socio-filantrópico" es la Cystic Fibrosis Foundation. Ya apoyó investigaciones, pruebas clínicas, empresas pequeñas de biotecnología y al gigante de los gigantes, Pfizer.
La fundación gastó 75 millones de dólares en la investigación de Kalydeco, que en enero se convirtió en la primera droga aprobada que ataca el gen mutado que causa la fibrosis cística. Kalydeco es propiedad de Vertex, una empresa de Massachussets, pero la fundación tendrá regalías de las ventas. Otros siguieron el ejemplo. La Fundación Fox, por ejemplo, gastó 289 millones de dólares en investigación.
Los gobiernos ya se han metido en R&D. En 2007, la Comisión Europea anunció un esfuerzo de 10 años y de dos mil millones de euros para mejorar la colaboración en la investigación temprana. Aún más ambicioso es el plan del estadounidense National Institutes of Health (NIH), el mayor patrocinador de investigaciones médicas. En diciembre, creó un centro para acelerar nuevas drogas.
Conscientes de sus propias limitaciones, los grandes laboratorios están ajustándose. Elias Zarhouni solía liderar el NIH. Como jefe de R&D de Sanofi, ahora está probando nuevas asociaciones, no sólo con organizaciones caritativas sino con fondos de inversión. En enero, Sanofi se juntó con uno para invertir en Warp Drive, una start up basada en la ciencia de un biólogo químico de Harvard. Eli Lilly, un gran laboratorio, lanzó un programa que permite a cualquier científico que haya desarrollado una molécula enviarla a sus laboratorios para probarla. Si es prometedora, Eli Lilly tiene la primera opción.
Una cosa es clara: los gigantes ahora necesitan de socios más pequeños. (THE ECONOMIST)