Europa sin izquierda

El politólogo español Mariano Torcal habla sobre la actual crisis internacional.

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F.M.

Invitado por el Centro Latinoamericano de Economía Humana (Claeh), el politólogo y profesor universitario español Mariano Torcal vino a presentar su más reciente investigación, que compara los sistemas políticos latinoamericanos y europeos para medir su grado de institucionalización, es decir hasta dónde los partidos políticos desarrollan sus actividades en un contexto estable y confiable o volátil. La entrevista, empero, derivó hacia las convulsiones y el futuro de la Unión Europea (UE).

-¿Cuáles fueron las conclusiones del estudio que realizó sobre la institucionalización de los partidos?

-El sistema de partidos políticos es algo así como una radiografía del equilibrio que se produce entre votantes y representantes. El sistema ayuda a la estabilidad. Y ayuda a los votantes, que tienen algo de qué agarrarse para decidir su voto. De esa manera se entiende el mapa político: izquierda, centro, derecha, etc. Y da credibilidad en la medida que el sistema se mantenga en el tiempo. Hoy tienes credibilidad porque la tuviste ayer, y eso te avala. Si no, no.

-¿Cuántos sistemas de partidos estudió?

-Fueron 34 países en América Latina y en Europa. Trabajé mucho sobre el "índice de volatilidad" de los sistemas de partidos políticos, que dice que cuanto más volátil es el votante, ese que cambia de un voto de elección a elección, peor es para el sistema político y para la democracia. No siempre es así. Si no hay movilidad entre aquellos votos que van para los partidos con representación parlamentaria y los que no, o si todos votaran siempre lo mismo, tampoco eso sería bueno, ¿no? No habría cambio de gobierno. No habría, en definitiva, control de gobierno. Sería un sistema estéril. Tiene que haber un equilibrio entre un sistema estático e inmóvil y uno en el cual las siglas de partidos políticos van y vienen. Por otro lado, un sistema así, volátil, da oportunidades a los políticos de entrar y salir del sistema pero a menudo eso se da junto a expresiones de populismo y de incumplimientos de promesas maximalistas. Y el votante está en una situación de vulnerabilidad porque toda elección es un "vuelta a empezar", es como una hoja en blanco.

-¿Cómo hace un sistema de partidos para funcionar en un marco supranacional, como en la UE o, en el caso uruguayo, el Mercosur?

-Creo que los factores internacionales influyen, claro, pero tampoco es para tanto. Cada país tiene sus particularidades. No es lo mismo el sistema de partidos en Inglaterra que en Italia, por poner un ejemplo europeo. Sin dudas que la integración europea ha ido más lejos, pero sigue siendo un asunto muy nacional. Piensa en el caso de Uruguay y Argentina: dos países muy cercanos y ambos miembros del Mercosur y sin embargo presentan sustanciales diferencias entre un sistema político y otro.

-Una de las consecuencias de la crisis que empezó en Estados Unidos y que luego se extendió hacia Europa es que se cuestiona mucho más al sistema democrático representativo. ¿Esa desilusión de la clase media puede llevar a algún tipo de cambio en ese sistema democrático?

-El 15M español, que es como la matriz de los indignados en otras partes, nació como consecuencia, principalmente, de un problema español. Aunque hubo una faceta crítica de la globalización, las principales causas fueron dos: por un lado había una visión muy crítica del sistema político propio. Eso es histórico. Y otro es que los jóvenes en España no se sienten integrados, ni social ni económicamente. No hay que olvidar que entre los jóvenes, el desempleo alcanza el 46%. No hay trabajo, no se pueden ir a vivir solos sino hasta bastante tarde. Los problemas internacionales, la crisis, sin duda agravaron el problema. Eso, además, repercute sobre la clase media que sustenta a los sistemas fiscales. En definitiva, la gente cree que el sistema político se ha vendido al capitalismo.

-¿Usted lo ve así?

-No se ha vendido, pero sí se ha dejado dominar. Y la posibilidad que tenía el sistema político de controlar al sistema financiero, se la ha ido de las manos.

-¿La guerra en Libia tuvo consecuencias negativas para la UE?

-No, fue más dañina la de Irak. Esa guerra dividió a Europa. Y José María Aznar contribuyó a eso. Cuando el consenso europeo era esperar por una resolución de la ONU, España y otros países se desmarcaron. Eso generó una marcada desconfianza por parte de la UE hacia la derecha española que dura hasta hoy.

-Desde América Latina se ve que en Europa se aplican medidas que acá causaron problemas económicos. ¿Eso no se ve en Europa?

-No. Europa, en general, desconoce a América Latina. No es algo que se discuta. Además, tampoco hay que olvidar que políticamente, la UE es hoy de derecha. La mayoría de los gobiernos y el Parlamento Europeo pertenecen a la derecha.

-¿Y la izquierda?

-Ha desaparecido. Electoral e ideológicamente.

-En teoría, parece el mejor momento para una oposición a gobiernos conservadores.

-Lo curioso es que aquello que llevó a la UE a la crisis, esas medidas económicas, son las que supuestamente llevarán a la solución.

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