Estudiar para político

La experiencia de la Escuela de Gobierno.

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S.C.

Legislar o conducir un ministerio, una intendencia o la Presidencia de la República es algo que no necesariamente se enseña en los clubes políticos ni en las largas campañas electores. Para eso, los partidos crearon en 2008 la Escuela de Gobierno, que el año pasado inició su segundo ciclo y cuenta con el apoyo de la fundación española Manuel Giménez Abad.

Dirigida por el doctor en Ciencia Política Jorge Lanzaro, la Escuela de Gobierno pretende mejorar y fortalecer la formación de cuadros partidarios, fundamentalmente ayudantes de legisladores (aunque no se cierra a ese círculo) que aspiran a ocupar cargos de gobierno en el futuro.

En el Parlamento muchos opinan que a los propios legisladores les vendría bien pasar por esta escuela. Los senadores y diputados no pueden ir, ni tampoco dan clase. Pero al principio de esta legislatura, en febrero de 2010, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) organizó -a expreso pedido del Parlamento- un curso para los nuevos parlamentarios, algo que no se había llevado a cabo en otras legislaturas.

Los temas de esas clases sorprenden, ya que -se supone- los nuevos legisladores deberían tener claro cómo presentar proyectos de ley, cómo es el trámite parlamentario y el desarrollo de las sesiones; los pedidos de informes y comisiones investigadoras; la participación ciudadana en referéndum y por iniciativa popular; y hasta "cómo analizar la información del Presupuesto" y buscar información en Internet.

El diputado colorado Fitzgerald Cantero, que pasó por esos cursos y también por la Escuela de Gobierno, no cree que deba haber algún tipo de formación obligatoria para llegar al Parlamento. "Cada uno debe formarse en su área y debe tener una capacitación ciudadana adecuada. Si un legislador no terminó el liceo, el Parlamento no debe encargarse de eso. En todo caso, que lo haga su sector", opina.

Todólogos. La idea de la Escuela de Gobierno, dice Lanzaro, es "aportar información y elementos de juicio" a los aspirantes a legisladores o servidores públicos; "contribuir a una información que no es de especialistas, sino de todólogos".

Es decir, que puedan entender qué enfoques hay en danza en cada área y que sepan un poco de cada cosa, lo que los encaminará a una futura carrera política. "Es una formación que no reemplaza a la formación académica ni a la político partidaria, porque los partidos son escuelas políticas", explica Lanzaro.

El folleto de presentación de la escuela dice que puede cursar gente que se perfila a ocupar cargos de gobierno a corto y mediano plazo, debido a su "pertenencia a jóvenes generaciones, vocación de servicio y su acreditada hoja de vida".

Algunas de las materias son: democracia y tipos de gobierno presidencial, Estado de Derecho, nuevas tecnologías y gobierno electrónico, políticas tributarias, de defensa, educación y de seguridad; reforma del Estado, técnicas presupuestales, inserción internacional, así como comunicación e imagen.

El curso tiene 90 horas y dura un par de meses. Para entrar a la Escuela de Gobierno, cada alumno debe ser propuesto por un legislador, que es "el patrocinante". No hay concurso ni selección. La edad promedio ronda entre 25 y 30 años, aunque hay algunos mayores. En este período hay 38 alumnos (en junio comenzará otro ciclo) y está cursando el secretario privado de Luis Alberto Lacalle, Nicolás Martínez, quién no tiene formación en el campo administrativo y siempre se dedicó a "la parte operativa" de la política.

El año pasado fue a clase un asesor del senador Jorge Larrañaga, Santiago Ferrer, que integra la juventud partidaria y tiene 29 años. Pero Ferrer no terminó la escuela "por motivos laborales": cursó dos de cuatro módulos.

Lanzaro dice que la escuela está guiada por un "principio pluralista" desde su gestación, ya que fue una iniciativa del Partido Nacional que encontró eco en el Frente Amplio y en el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Enrique Pintado. Además, hay un comité político integrado por diputados de todos los partidos. "Están todas las visiones y eso le da fortaleza porque los estudiantes y los legisladores, de distintos partidos, ven que no hay un sesgo", apunta Lanzaro.

De los más de 100 alumnos que ya pasaron por la escuela, hay solo dos que luego se convirtieron en legisladores: Cantero y Alejandro Sánchez del Movimiento de Participación Popular (MPP). Pero Lanzaro aclara que eso -la cantidad de aspirantes que luego termina en cargos de gobierno o en una banca del Parlamento- no debe tomarse para medir el éxito o fracaso de su escuela.

Quiénes dan clase

Entre los profesores de la escuela está el ex director de la OPP, Ariel Davrieux, y el ex subdirector, Conrado Ramos; el constitucionalista Martín Risso; el tributarista Leonardo Costa, los economistas Alberto Sayagués y José Manuel Quijano.

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