Exótico como un esquiador en Afganistán, sería un axioma que empieza a perder sentido. En Bamiyan, las montañas en la que los talibanes hicieron explotar antiquísimas imágenes de Buda, vieron a su primer esquiador en 2010 y hoy ya es la meca del esquí afgano.
Es un deporte extremo y no solo por el riesgo de fracturas que conlleva practicarlo. De acuerdo al Wall Street Journal, la zona es bastante pacífica pero los talibanes controlan la ruta desde Kabul. Eso no ha impedido que los lugareños se vayan acostumbrando a la invasión de fanáticos occidentales de los esquís, ataviados con un vestuario y unas costumbres un tanto diferentes a las suyas.
Desde hace dos años, por ejemplo, allí se realiza el International Afghan Ski Challenge, una competencia de esquí humilde pero con pretensiones.
Hubo una época que el esquí tuvo cierta popularidad en Afganistán pero los soviéticos y los talibanes no lo alentaron mucho. En 2009, un proyecto de la fundación Aga Khan, promovió el esquí en las montañas de Koh-e-Baba, como una forma de darle a los aldeanos una manera de conseguir algún ingreso en el invierno. El año pasado, el suizo Christoph Zurcher, fundó el Afghan Ski Challenge, pero como en la primera edición no fue fácil lo de conseguir esquiadores, en la última edición eligió un representante de cada aldea y le dio dos meses para que aprendiera los rudimentos del deporte.
La medalla de oro y la de la plata fueron unos jóvenes afganos que hasta el año pasado eran unos granjeros y hoy son las estrellas locales de los deportes extremos, a solo un año de haberse cruzado con su primer esquiador y, de paso, haber descubierto una vocación oculta. El ganador se llevó un reloj Tissot, uno de los auspiciantes de un torneo en zona de guerra.