Ese paraíso virtual de los políticos

Cada vez son más los que se expresan a través de las redes sociales en Internet. Una herramienta como Twitter nos habilita a transmitir un mensaje escrito y llegar a una red de seguidores. Ese mensaje tiene que desplegarse en apenas 140 caracteres. Las limitaciones, a veces, pueden funcionar como estímulos en vez de en los lugares comunes y la rutina. Sin embargo, la rapidez con la cual se puede publicar atenta contra el mensaje meditado. Algo de esto es lo que sucede cuando se combina la posibilidad tecnológica con el impulso proselitista de nuestros representantes. Sin embargo resulta interesante la utilización de nuevos recursos para mantener el contacto con la parcialidad. La propia naturaleza frívola del medio atenta contra el standard de calidad que uno espera de un político, pero, cuando se utiliza bien, permite un contacto directo con realidades (una sesión parlamentaria, por ejemplo) que han quedado por fuera de la consideración pública. Y además son medios para exhibicionistas. Y, se sabe, no hay nada más exhibicionista que un político.

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