El progreso

Cuatro ciudades, cuatro inversiones multimillonarias y cuatro realidades. Una recorrida por los lugares que recibieron a Botnia, ALUR, un puerto y la forestación. Están mejor pero aún aparecen algunas incertidumbres.

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F.R.C.

Emprendimientos como los que serán mencionados en las próximas páginas de este Qué Pasa especial, son del porte de los que, se sabe, cambian la fisonomía social y paisajista del lugar en el que deciden instalarse.

Pero cuando un pueblo del interior recibe inversiones como las que llevan Botnia, ALUR, un nuevo puerto o la forestación, todos esperan una sola cosa: prosperidad económica.

Hay de todo. Después de que tres periodistas de este suplemento estuvieran recorriendo Bella Unión, Fray Bentos, Tacuarembó y Nueva Palmira, queda claro que esas inversiones trajeron algo de riqueza y movimiento a ciudades que supieron ser pujantes y se estaban apagando. Pero también que, muchas veces, sin proyectos a largo plazo, sin infraestructura y sin un plan B, se hace un tanto difícil. Y así, una inversión que ayuda a los números macroeconómicos del país, deja a su radio de influencia con gusto a poco.

Impulsados por el buen momento de algunos de sus rubros tradicionales (la agricultura y la ganadería) y por otros más novedosas, el interior está pasando un buen momento. Allí están las cadenas montevideanas, la instalación de bancos y negocios, la aparición de restoranes y las ruidosas motos chinas que abundan. Pero no siempre es por la llegada de los nuevos puestos de trabajo y las oportunidades que traen las inversiones más millonarias. Muchas de las ciudades del interior a las que se las ve tan mejoradas, no recibieron una inversión salvadora.

En Bella Unión, por ejemplo, lo de ALUR -se coincide- ha sido muy grato pero insuficiente. "La caña de azúcar no te saca de pobre", suelen repetir los lugareños. Capaz que los free shop y un montón de brasileños sí, aunque atar un porvenir a un tipo de cambio no parezca prometedor, incluso comparado con la caña de azúcar. En Tacuarembó saben del crecimiento gracias al auge de la forestación. Hay muchas casas nuevas y el optimismo sensato apoyado en una buena racha. También hay gente en el seguro de paro con cuotas para pagar. El puerto de Nueva Palmira se mueve tanto como el de Montevideo, pero la ciudad está al margen de ese botín y a punto de colapsar por el tránsito pesado. "Ibamos a ser finlandeses", dijo un fraybentino, quien esperó, como muchos, que Botnia trajera algo de prosperidad nórdica a la ciudad. "Estuvo bárbaro pero fue breve", concluyó otro.

La idea detrás de las cuatro crónicas de este número, era ver qué queda cuando una ciudad se despierta con una inversión dispuesta a cambiarle la vida. O por lo menos, el bolsillo.

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